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Incomunicación y tribalismo

Natalia K. Denisova
sábado 24 de febrero de 2018, 19:45h


El debate sobre la inmersión lingüística no cesa. Los gobiernos locales ya no saben qué inventar para defender los dialectos regionales, elevados al nivel de lenguas, e imponerlos a los ciudadanos. La reacción nula del gobierno balear a las críticas y manifestaciones del personal sanitario muestra que el conocimiento profesional prima cada vez menos en las comunidades autónomas. Lo importante es acatar las normas impuestas por los nacionalistas. La influencia de este personal nacional, que es minoritaria, no sería tan importante si no fuera por los partidos nacionales que los avalan directa o indirectamente o, en todo caso, no se oponen como se debería. Empieza, pues, a ser odiosa esta tibieza a la hora de defender la lengua común, el español, para todo el país que garantiza la igualdad de cualquier ciudadano escoger cualquier profesión y ejercerla en cualquier parte de su patria.

Poseemos muchos medios para comunicarnos. Mensajes, emails, whatsapps, instagrams, twitters. Diría que nos sobran. Un pequeño indicio del venidero hartazgo es la caída de los usuarios de Facebook. Todos se empeñan en decir que somos ciudadanos del mundo, somos sumamente tolerantes y adoradores de las culturas ajenas. ¿Por qué, entonces, tanto desprecio a nuestra propia lengua y cultura? El debate político agudo y constante en torno al catalán, gallego, valenciano, vasco o cualquier otra habla habida y por haber, a pesar de lo que se puede pensar no beneficia al desarrollo de estas hablas o lenguas regionales. La contradicción que se vive en estas autonomías es tan flagrante que sólo un obtuso no se da cuenta que la lengua de la calle, de la vida cotidiana es el español, mientras que las instituciones educativas y administrativas se expresan en las lenguas co-oficiales. Lo más trágico es que los mismos políticos y funcionarios, defensores acérrimos de estos localismos, optan en su vida privada también por el español.

Para hacernos una leve idea de que no todo es progreso en el desarrollo de nuestra sociedad recordemos qué cosas sucedían en épocas lejanas. Durante la Edad Media, siglos después de la caída del imperio romano, en la Península sólo los rincones más abruptos e inalcanzables mantenían algunas hablas arcaizantes. Su uso era signo de la población rústica, que poseía conocimientos limitados de la lengua. Se consideraba mérito para una persona de ciudad poder dirigirse a los campesinos en su propia habla, como lo encontramos en San Paciano que alaba a una dama por hablar con los campesinos en su lengua. Las gentes cultas y urbanas tenían una obligación de conocer una lengua común para todos, más allá de los localismos.

Otro fenómeno que merece atención es de los siglos XVI y XVII: los habitantes de la península Ibérica, españoles y portugueses, se comunicaban sin ninguna dificultad. Los literatos portugueses hablaban y escribían y hasta alababan el español. Su bilingüismo dio lugar a que muchas obras de los autores portugueses fueron escritas en español, sin necesidad de traducciones. Sousa Viterbo decía “a literatura espanhola se torna quase comum aos dois países” y “pelo desejo, até justificado e justo, de vulgarizarem mais o seu pensamento, de expandirem mais a glória do seu nome ou a glória do seu país”. No hubo leyes que impusieran el estudio del español en Portugal, fue el sentir común de los portugueses que los llevó a hablar y escribir en español. O acaso algún representante de Felipe II obligó a Camoens escribir lo siguiente:

Eis-aqui se descubre a nobre Hespanha,
Como cabeça alli de Europa toda,
Em cujó senhorio, e gloria estranha
Multas voltas tem dado a fatal roda:
Mas nunca poderá com fonça, ou manha
A fortuna inquieta por-lhe noda,
que lha não tire o esforço, e ousadia
Dos belicosos peitos, que em si cría.

Aquella España que “Com nações differentes se engrandece” ya pertenece al pasado. Ahora lo que sufrimos son los aislamientos absurdos y vejatorios protectorados que, suponen un retroceso respecto a otros siglos, pero que serán nuestro pan de cada día, sencillamente, porque las supuestas élites se apropian de las particularidades regionales que con injusticias y ruindades están imponiendo su mezquina versión del caciquismo tribal o del separatismo feudal.

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