La Iglesia chilena vive momentos muy difíciles y complicados. Las acusaciones de pederastia y la dimisión en bloque de todo el episcopado del país han dejado a los fieles, aparentemente, sin una brújula que los guíe, tras la visita el pasado mes de enero del Papa Francisco, que marcó un antes y un después en el mundo eclesiástico de esta nación.
Puede que porque muchos intentaron ocultar el problema de la pederastia y con intención clara de engañar y confundir al mismo Pontífice y un después porque Francisco ha roto la baraja y es muy posible que haya cambios importantes en el episcopado, pues ya se habla de una salida del tercio de los obispos.
Nos encontramos en Chile en donde hemos asistido a las sesiones del XIV Congreso Católicos y Vida Pública que ha tratado, en las sedes de Concepción y Antofagasta de la Universidad de Santo Tomás, precisamente el tema del viaje del Papa y hemos comprobado de primera mano esa preocupación a la que antes hacíamos referencia, con otro problema para este país, como el de la emigración, porque hasta ahora los chilenos no habían tenido la sensación de ser una nación receptora de necesitados, como es el caso de los haitianos que en número de 200.000 ya pueblan muchos barrios marginales de las grandes urbes chilenas.
Un tema, el de la emigración, que ha suscitado también gran preocupación en la Iglesia particular, que trata por todos los medios, de concienciar a una sociedad acomodada de la necesidad de ayuda para los que llegan sin nada.
Hasta ahora eran los peruanos y los colombianos los que llegaban a Chile en busca de un trabajo mejor, pero ahora son los haitianos los que, a través de Brasil, entran en Chile para ocuparse de los trabajos más bajos, dentro de la escala laboral.
Por eso el mensaje de Francisco en su reciente visita al país andino, está muy presente: "Estar con los necesitados".