El jugador español no dio opción la jugador alemán y facturó su billete a la siguiente ronda por la vía rápida.
En 2013, Maximilian Marterer era un adolescente que tenía la suerte de entrenar con un Rafael Nadal que ya gozaba del estatus de leyenda del deporte español. Un lustro después se volverían a encontrar, esta vez en el marco de los octavos de final de Roland Garros, en la pista Philippe Chatrier. Ahora, el germano tiene 23 años y aterrizaba en el cuadro principal de un grande por tercera vez (US Open 2017 y Abierto de Australia 2018). Llegaba en el mejor tono de su corta vida deportiva -tras elminar a Ryan Harrison (56 del mundo), Denis Shapovalov (25 de la ATP) y a Jürgen Zopp-.
Preguntado por esa especial particularidad de haber sido siparring del zurdo al que se enfrentaba este lunes, Marterer respondió que "siempre admiré a Rafa, pero quiero causarle algunos problemas". "Una vez practicamos incluso antes de un gran partido contra Novak Djokovic en la cancha Philippe Chatrier", recordó el jugador de 1,91 metros que se ha especializado en pista dura y no en la tierra batida francesa. Nadal, por su parte, diagnosticó sobre su oponente que "es un tenista que está jugando bien. Cuando se enfrentó a Zverev en la primera ronda de Múnich perdió, pero estuvo muy bien".
El problema para esta perla alemana estribó en la concentración y tino que está desplegando el manacorí en su intento por alzar por undécima ocasión la Copa de los Mosqueteros. Sólo sufriría algo de irregularidad en el tercer y definitivo set, cuando la personalidad de Marterer brotó y las imprecisiones del español dibujaron un tie-break que sentenciaría el billete a cuartos por la vía rápida. El 6-3, 6-2 y 7-6 final, tras 2 horas y 30 minutos, retrató el firme e impenetrable desarrollo de juego de Nadal y el talento que asoma por parte del teutón.
"El tercero (set) ha sido muy difícil. Él es un buen jugador, joven, le deseo lo mejor en el futuro", sintetizó Nadal al término del duelo. El jugador que está asentado en la cima del circuito masculino descendió el tono colosal que dejó en la cuneta a Simone Bolelli, Guido Pella y a Richard Gasquet. No obstante, comenzó perdiendo por 2-0 (perdió su servicio con doble falta), aunque un break en el cuarto juego le disparó hasta el 6-3 (5 de 5 en subidas a la red). Y en la segunda manga acumuló doce winners y cuidó mejor de su efectividad, cercenando las opciones del alemán. Sólo en el tercero Martener ascendió su agresividad y nubló la jerarquía de su ilustre contrincante (3-1). Pero el oficio en los momentos clave del favorito le hizo salir a flote y dar carpetazo al día para ahorrarse desgaste.
En el horizonte del emblema del tenis nacional ya asoma Diego Schwartzman. El argentino se impuso al surafricano Kevin Anderson (1-6, 2-6, 7-5, 7-6 y 6-2) en una maratón de 3 horas y 15 minutos. Pero, antes de abordar esa cita frentre al undécimo tenista del planeta, cabe destacar que en esta fecha Nadal sumó su victoria 900, la 224 en Grand Slam (pasa a Jimmy Connors y sólo tiene por delante a Djokovic y a Federer); igualó al balcánico en el número de participaciones en unos octavos de final de Roland Garros (12); y amontona 37 sets ganados de forma consecutiva en el torneo francés, acercándose a la plusmarca de Bjorn Borg (41 mangas sin ceder).
"(Schwartzman) Preparó Roland Garros en la academia, pero no le voy a invitar nunca más porque, cada vez que viene, sale disparado", bromeó Rafael en torno a su próximo rival. "Estoy feliz de que Diego viniese. Es la segunda vez que viene. Creo que se siente cómodo y ojalá sea una de las muchas más que pueda venir. Espero que cuando venga yo esté más operativo (tuvo que descansar) y podamos entrenar más juntos", prosiguió antes de señalar que es "una buena persona, un buen amigo, un currante, le deseo lo mejor en su carrera, pero no contra mí".
El partido del día, sin duda, fue el vivido por Schwartzman. "¿Ha oído hablar de David y Goliat?", respondió a la pregunta de cómo un tenista de 170 centímetros pudo remontar dos sets en octavos de final de Roland Garros al gigante sudafricano Kevin Anderson. Lo cierto es que el "Peque" se aferró a su garra y mentalidad rocosa para salir a flote y permitirse contempar que "contra él (Nadal) siempre tengo oportunidades. No las he aprovechado pero creo que las he tenido en cada partido".
Ante Anderson fue llevada al límite su convicción ganadora, pues viajaba con 0-2 sets y en el tercero el sudafricano sacaba para cerrar el billete a cuartos. Pero se rehizo de manera gloriosa. Así lo explicó en sala de prensa: "No me esperaba empezar así. Venía con mucha confianza de mis tres primeros partidos, pero las cosas no salían como las había planificado. Le atacaba y se defendía bien. Pero cuando había perdido los dos primeros sets me decía que tenía que seguir jugando igual, que si no bajaba mi ritmo podía ganarlo". Y lo logró.
"Se fue cansando un poco, perdiendo precisión y fui aprovechando para tener oportunidades", comentó sobre el bajón que sufrió Anderson al no poder embocar el objetivo con su servicio. "Ya tenía mucha confianza, pero ahora sé que puedo aguantar bien, que puedo estar horas sobre la pista y jugar hasta cinco sets", se despidió. Y esa misma sensación es la que atraviesa a su compatriota Juan Martín del Potro (sexto del mundo), que domesticó a John Isner (10º de la ATP) por 6-4, 6-4 y 6-4. El de Tandil jugará contra Marin Cilic (cuarto del circuito), que amortizó la irregularidad de Fabio Fognini (6-4, 6-1, 3-6, 6-7 y 6-3). para completar la ronda de los ocho mejores.