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EDITORIAL

Rajoy, el día de su despedida

miércoles 06 de junio de 2018, 08:31h

Ni el día de su despedida se ha librado Rajoy de la crítica despiadada de políticos y medios de comunicación. Pocos dirigentes han sido tan maltratados e insultados en los últimos años como el todavía presidente del PP; en especial, algunos periodistas se han ensañado a diario con él. Aun así, ha ganado las dos últimas elecciones generales celebradas en España.

No pasará a la Historia Rajoy como un político carismático. Pero es justo reconocer que en sus 38 años de carrera política, desde la concejalía de Pontevedra hasta la presidencia del Gobierno, se ha comportado con honestidad y responsabilidad. En el balance final de su legislatura hay que subrayar el éxito de su política económica y el fracaso en la gestión del desafío secesionista catalán.

Heredó de Zapatero una España sumida en una profunda crisis al borde del precipicio, con unas tasas de paro desbocadas. Rajoy evitó el recate, impulsó la creación de empresas, redujo en más de 500 puntos la prima de riesgo y bajó el desempleo en más de un millón de personas.

Sin duda, abordó tarde y mal el desafío secesionista catalán. Debió aplicar el artículo 155 antes de que se celebrara el anunciado referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. Esa tardanza y su inexplicable laxitud enconó la crisis independentista con el consabido resultado: Puigdemont proclamó la independencia en el Parlamento catalán el 27 de octubre, luego huyó y los separatistas todavía mantienen su provocación permanente al Estado. Pero también conviene recordar que Albert Rivera, que ahora parece el abanderado del 155, no era entonces partidario de aplicarlo y que Pedro Sánchez se sumó al pacto a última hora.

Además del intento de golpe de Estado separatista, Mariano Rajoy ha sufrido la irrupción de los nuevos partidos, que han cuarteado el mapa político español. El PP se ha desmoronado en las urnas, pero se ha mantenido como la fuerza más votada en las dos últimas elecciones generales, mientras el PSOE se ha quedado en las raspas.

Paradójicamente, mientras en España ha sido vapuleado por unos y otros, en la UE está considerado como uno de los mejores y más respetados dirigentes europeos.

Rajoy ahora se dispone a pilotar el final de su carrera política y el principio de la urgente renovación del partido. Seguramente antes del verano o en otoño como muy tarde, se convocará el Congreso Extraordinario del PP que elegirá a su sucesor. Se va uno de los más brillantes parlamentarios que han pisado el Congreso de los Diputados. Albert Rivera, su “socio” de Gobierno, le despedía con un exabrupto. Pablo Iglesias, su rival político, le dedicaba un caballeroso y cariñoso comentario:"se retira un político elegante e inteligente que sabía escuchar. Fue un honor ser su rival y combatirle políticamente. Se ganó mi respeto". Y Pedro Sánchez callaba. Es la España cainita.

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