El jugador británico ya simplemente quiere tener una buena calidad de vida.
Este martes Andy Murray se sometió a una operación de cadera en Londres. El propio jugador escocés lo hizo público a través de una publicación emitida en sus redes sociales. "Con suerte, este será el final de mi dolor en la cadera. Ahora tengo una cadera de metal", ha escrito el mejor tenista británico de la historia, que aguarda, como nunca, la posibilidad de que esta intervenció concluya con un malestar latente durante más de 18 meses y que le ha llevado a tomar la decisión de retirarse de la práctica deportiva profesional en 2019.
Con 31 años, en lo que debería ser la plenitud de su trayectoria, el cuarto del 'Big Four' que se conformó en esta década junto con Rafael Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic ha tirado la toalla. No aguanta más el dolor que le ha perseguido durante demasiado tiempo. Y es que en enero de 2018 ya intentó el recurso de la cirujía para encontrar una solución a sus problemas. El nacido en la localidad de Dunblane, entonces, albergaba esperanzas de recuperación para reconquitar su lugar en la élite. Ahora ya no.
Sólo quiere granjearse un caminar sin malestar, una calidad de vida que le patrocine una existencia no marcada por una lesión terrible y que le ha abrasado más por la exigencia de forzar para mantenerse en la cima del tenis. El que fuera número uno de la ATP y vencedor de tres Grand Slams, dos oros y una plata olímpica y más de 40 títulos se enfrentará a una rehabilitación de varios meses y ha seguido el consejo del estadounidense Bob Bryan, uno de los mejores doblistas que han jugado. Éste le reocmendó probar una prótesis como él mismo hizo en agosto del año pasado.
Así lo explicó en una emotiva rueda de prensa en su despedida del Abierto de Australia. El pasado 14 de enero confesó, tras ser eliminado por Roberto Bautista, que se estaba plateando la intervención en su cadera. "Decidiré la semana que viene si paso por el quirófano en poco tiempo o si, por el contrario, descanso hasta Wimbledon para jugar allí mi último torneo", avanzó, antes de explicar que "aunque decida descansar por cuatro meses no voy a poder caminar bien igualmente, y seguiré con el dolor en el día a día".
"Durante todos estos años he dado lo mejor de mí. Lo he intentado todo y he entrenado tan fuerte como he podido, a veces incluso demasiado. También me gustaría disputar de nuevo partidos que jugué aquí en el pasado", añadió, antes de reconocer con con el 5-1 favorable al español en el set final vivió un momento emocional. "No creo que haya vivido un momento así en ningún partido. No sé si cuando serví para coronarme en Wimbledon sentí esa sensación", subrayó un jugador que se supo que paladeaba sus últimos estertores al mejor nivel.
Tres días antes, en la previa de su participación en el Melbourne Park se había roto en la sala de prensa. "He estado sufriendo durante un largo tiempo, un total de veinte meses. He intentado hacer todo lo posible pero el dolor no ha cesado. Juego con limitaciones, no me permite cosas básicas como entrenar y jugar, y yo amo jugar a tenis. Es esa la cuestión", proclamó, sin oder evitar romper a llorar al verbalizar el calvario sufrido en el último año y compartir con todos que dejará la práctica del deporte que le apasiona antes de tiempo. El actual 230 del mundo remató que "no quiero seguir jugando de esta forma, no estoy dispuesto a seguir con este dolor en los próximos cinco meses".
"Necesitaba poner un punto final, porque jugaba y no sabía cuándo o en qué momento el dolor iba a parar. Por eso he tenido que tomar esta decisión. Avisé a mi equipo que puedo aguantar hasta Wimbledon, porque es ahí donde me gustaría terminar, es ahí donde me gustaría parar de jugar, incluso si no creo poder dejar de hacerlo nunca", incidió. Y ante los micrófonos del Abierto ded Australia señaló que "tengo dolores hasta caminando, así que imagínense jugando un partido". "He tenido una gran vida deportiva. He viajado por todo el mundo y jugué partidos memorables. Y, sobre todo, he competido contra los mejores de la historia", sentenció. Habando en pasado.
Varios de los astros del tenis reaccionarían a su comparecencia descarnada ofreciéndoles su apoyo y admiración. El más comprometido resultó un Juan Martín del Potro que se siente identificado por el peso de las lesiones en su rendimiento. "Acabo de ver tu conferencia. Por favor, no dejes de intentarlo. Sigue luchando. Puedo imaginar tu dolor y tu tristeza. Espero que lo superes. Mereces retirarte cuando tú lo decidas, pase lo que pase. Te queremos y queremos volver a verte feliz y que te vaya bien", manifestó el gigante de Tandil.
Nadal le felicitó "por todos los éxitos en estos años", mientras que sus compatriotas Chris Kermode y Kyle Edmund lamentaron la mala suerte de su referente. Kermode destacó lo "cruel que es ver que la carrera de un jugador del calibre de Andy se trunca así por una lesión" y Edmund afirmó "Murray es su mayor modelo a seguir". Lo que no es opinable es que fue el encargado de volver a ilusionar al Reino Unido por el tenis, rompiendo 76 años de penurias británicas en este deporte. Emulando y superando a Fred Perry, triunfador en los años 30 del siglo pasado.
Este es el penúltimo capítulo de una tortura que empezó en después de la edición 2017 de Roland Garros. Murray perdió en semifinales ante el suizo Stan Wawrinka y la cadera empezó a hacerle la vida imposible. Tras haber coronado su juego en 2016 y naufragar en ese año, fue vapuleado en la gira de arcilla y al final del torneo parisino se encontraba agotado física y mentalmente. En ese contexto, su derrota en primera ronda de Queen's -torneo que ha ganado cinco veces- hizo saltar las alarmas por vez primera.
Ya maltrecho, se negó a perderse Wimbledon y un cuadro favorable le permitió llegar hasta los cuartos del All England Club, pero perdió contra Querrey y también contra su lesión latente. No acudió a los Masters 1.000 de Cincinnati y Canadá, poco antes del comienzo del US Open anunció su baja y empezó a hablar del dolor en la cadera, dando por finalizada su temporada. Esperaba mejorar en 2018, mas su plan se torció y se bajó del torneo de Brisbane para apostar por la cirugía inaugural.
Su vuelta a las canchas se complicó. Fue en Queen's, cuando un aclamadísimo Andy Murray saltó a la pista, 342 días después, para enfrentarse contra su amigo Nick Kyrgios. Aunque la federación de tenis del Reino Unido creó varios Challengers para su retorno en mayo sobre pista dura, esperó a la hierba. Pero renunció a Wimbledon. Lo intentó en el US Open, donde cayó en segunda ronda y el ATP 250 de Shenzhen marcaría su despedida de la temporada. Deprimido, pero en busca de una nueva victoria, profundizó en una proceso de entrenamiento que desembocaría en la mencionada rueda de prensa en la previa del Abierto de Australia, en la que anunció su retirada este mismo año. Tras la operación de este martes, al menos sigue soñando con pisar el All England Club para decir adiós. Y con vivir en paz.