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ORIENT EXPRESS

Cortinas de humo

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 09 de agosto de 2020, 19:32h

Una de las fuerzas más poderosas de la vida política española, junto al resentimiento y la mentira, es el entretenimiento en su doble vertiente de ocio y de distracción de la atención. El peso que se da a opiniones de ciertos actores, presentadores de programas del corazón y celebridades, por ejemplo, se debe a la popularidad que tienen en el mundo del entretenimiento. Ahora bien, el entretenimiento es también una forma de distraer la atención de la opinión pública, esto es, de tenerla entretenida para conseguir objetivos políticos. Pongamos el caso de las campañas a favor del veganismo, que vienen nutridas por reportajes que, so pretexto de la salud, la gastronomía o el tiempo libre, pretenden estigmatizar el consumo de carne, o el subgénero periodístico de las cosas que se han hecho siempre de un modo y ahora resultan estar mal (por ejemplo, ducharnos las veces que nos parezca).

Una de las tácticas más efectivas para distraer y entretener a la opinión pública es la llamada “cortina de humo”. Ante un escándalo en ciernes, se filtra una noticia o se hacen unas declaraciones para desviar la atención. Después, el interés de lo nuevo desplaza a lo antiguo con independencia de la importancia que pueda tener. Otros factores como el posicionamiento en los buscadores, las tendencias en redes sociales y el ciclo interminable de respuestas y réplicas terminarán desdibujando la línea entre lo importante y lo nuevo.

Así, por ejemplo, Durandin cita en su célebre “La mentira en la propaganda política y en la publicidad”, el intento de Goebbels en 1943 de “desviar la atención de los crímenes cometidos por los nazis en los países ocupados y en los campos de deportados organizando una campaña relativa a las fosas comunes del bosque de Katyn (al oeste de Smolensk) donde los alemanes habían descubierto los cadáveres de varios miles de oficiales polacos hechos prisioneros por los soviéticos en 1939 y liquidados en 1940”. La propaganda nacionalsocialista trató de emplear los crímenes cometidos por los soviéticos para tapar los suyos.

Algo similar cuenta Simón Leys en “Sombras chinescas”, un libro recientemente traducido por Acantilado y que denuncia “la mentira maoísta”. Leys cuenta que, para borrar la mala imagen de la Revolución Cultural y su política de destrucción sistemática de monumentos, la República Popular China organizó exposiciones y abrió museos tratando de mostrar un respeto por la cultura que los Guardias Rojos desmentían cada día con sus acciones.

En España, la actual ofensiva contra la monarquía, que en realidad trata de dinamitar el orden constitucional, ha servido para distraer a la opinión pública de los escándalos que afectan al gobierno y de la desastrosa gestión de los meses posteriores al fin del estado de alarma (crecimiento de los rebrotes, hundimiento del turismo, crisis económica, etc.). Esto no debe servir para minusvalorar los ataques contra la monarquía. Realmente quieren hundirla y, con ella, uno de los fundamentos de la unidad nacional. Que sirvan de distracción no los hace menos peligrosos. Ahora bien, debemos estar alerta porque este intento de deslegitimación trata de desviar la atención de la gravísima situación que atraviesa nuestro país desde hace meses: el número de fallecidos, el fracaso de las políticas de prevención y control, el colapso económico, el desempleo, la fractura social, los ataques a la unidad de España, el desafío separatista en Cataluña, que no renuncia al golpe de Estado, etc.

El trasfondo de esta cortina de humo debe llevarnos a la máxima preocupación. La influencia chavista en España ha logrado que las ideas del Foro de São Paulo inspiren la guerra cultural que se libra en España. En este sentido, esta táctica de distracción tiene carga de profundidad porque plantea un debate cuyo fin último no es reformar nada, sino destruir la concordia y la voluntad de convivencia pacífica que inspiraron la Transición. No debe sorprendernos, pues, que en paralelo a los ataques contra el Rey Juan Carlos y contra el Rey Felipe VI se celebren, por ejemplo, homenajes a etarras como los cuatro que, hace ahora veinte años, se mataron al estallar el coche cargado de explosivos en el que viajaban.

Las fuerzas disgregadoras de España dentro y fuera de nuestras fronteras están aprovechando esta situación para distraer a la opinión pública abriendo nuevos frentes en una guerra cultural cuyo fin último es la destrucción del orden constitucional y de la propia idea de la nación española.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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