Ya en su encuentro con los periodistas en el avión que le trasladó a París para su primer viaje apostólico a Francia, Benedicto XVI adelantó el mensaje que iba a transmitir a los franceses: “Me parece evidente hoy que
la laicidad no está en contradicción con la fe”. Añadió incluso que esta laicidad bien entendida es “fruto de la fe, pues la fe cristiana era, desde el inicio, una religión universal, por tanto, no se identificaba con un Estado y estaba presente en todos los Estados”.

El presidente de la República, Nicolas Sarkozy, y su esposa, Carla Bruni acudieron expresamente al aeropuerto de Orly, un gesto inusual porque, según el protocolo galo, este gesto suele hacerlo el primer ministro, para dar personalmente la bienvenida al Papa.
Laicidad positivaJuntos se han desplazado al Elíseo donde el presidente ofreció al Pontífice una ceremonia de bienvenida en la que reivindicó una
laicidad positiva que, según él, es una “invitación al diálogo, a la tolerancia y al respeto”. Para Sarkozy,
“sería una locura privarnos de las religiones, una falta contra la cultura y contra el pensamiento”.
Las religiones, "y en particular la religión cristiana, con la que compartimos una larga historia, son patrimonios vivos de la reflexión y del pensamiento, no sólo sobre Dios, sino también sobre el hombre, sobre la sociedad, y también sobre esa preocupación que hoy es central, la naturaleza", subrayó el mandatario francés.
"La laicidad positiva ofrece a nuestras conciencias la posibilidad de llegar a un intercambio, más allá de las creencias y ritos, sobre el sentido que queremos dar a nuestras existencias", aclaró.
El presidente explicó campos en los que esta visión de la laicidad puede ser fecunda como el económico, entre otros.
La dignidad humanaSarkozy ha querido además defender la dignidad humana que considera que es el
“verdadero secreto de Europa" y la importancia del diálogo auténtico, único camino para ofrecer una paz duradera al mundo.
"La Iglesia no deja de proclamar y defender la dignidad humana- reconoció – y, progresivamente, la dignidad humana se está imponiendo como un valor universal y debe ser considerada como uno de los tesoros más preciosos. En esto reside el verdadero secreto de Europa. Si se olvida, el mundo cae en las peores barbaridades", añadió el presidente de turno de la Unión Europea.
Francia tiene raíces cristianas
Tras escuchar y aplaudir estas palabras que tanto le han alegrado, Benedicto XVI tomó la palabra y recordó la visita que el otoño pasado realizó el presidente francés al Vaticano de la que recordó el mensaje de Sarkozy en defensa de las raíces cristianas tanto de Francia, como de Europa.
El Papa se ha remitido a la Historia para reforzar esta idea y a la presencia en suelo francés de “millares de capillas, iglesias, abadías y catedrales que adornan el corazón de vuestras ciudades o la soledad de vuestras tierras. Son signo elocuente –prosiguió el Papa- de cómo vuestros padres en la fe quisieron honrar a Aquel que les había dado la vida y que nos mantiene en la existencia”.
Por último y para concluir su primer discurso en Francia, Benedicto XVI confesó que ora “para que Dios le conceda paz y prosperidad, libertad y unidad, igualdad y fraternidad” a Francia y a todos los franceses.
Con el mundo de la culturaDespués de la recepción en el Elíseo y de reunirse con la comunidad judía, Benedicto XVI pronunció un discurso ante 700 personalidades del mundo de la cultura francesa en el Colegio de los Bernardinos de París, un lugar histórico edificado en 1247 por los monjes cistercienses de san Bernardo de Claraval.
Allí, el Papa disertó sobre el origen de la teología occidental y de las raíces de la cultura europea y de nuevo volvió a subrayar que a través de la razón se puede llegar a Dios. También advirtió que "sería fatal si la cultura europea de hoy llegase a entender la libertad solo como la falta total de vínculos y con esto favoreciese inevitablemente el fanatismo y la arbitrariedad. La falta de vínculos y arbitrariedad no son la libertad, sino su destrucción".
Benedicto XVI añadió que una cultura "meramente positivista que circunscriba al campo subjetivo como no científica la pregunta sobre Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves".
La primera jornada del papa en Francia concluyó con una solemne ceremonia de Vísperas en la catedral de Notre Dame de París. (Foto: EFE/Christophe Karaba)