Pablo Iglesias dijo que se iba de la política y muchos, en el PSOE los primeros, se alegraron porque se iba de los escenarios habituales un elemento radical que distorsionaba el normal entendimiento entre muchas formaciones. Otros, los menos, sin embargo, se echaron a temblar porque se acababa el chollo. El “pelotazo” de vivir a costa de un partido político, después de lo dicho y criticado sobre los partidos políticos, solo se comprueba y valora después de, efectivamente, haber vivido durante un tiempo muy bien (o mejor que antes) gracias al erario, que siempre es público.
No es para menos la preocupación en las filas ‘podemitas’, ya que, incluso con el líder máximo todavía en labores de gobierno, las encuestas reflejaban ya una caída imparable y más de uno busca ahora también esas puertas giratorias que tanto se criticaron también.
Por eso, quizá, quién sabe, Iglesias no se ha ido del todo. O también puede ser que, de momento, no termina de ver la luz ese importante proyecto audiovisual junto al empresario Jaume Roures, adalid y mecenas de la extrema izquierda, y en el que Pablo Iglesias sería la gran estrella mediática que, por otra parte, siempre ha sido.
El caso es que, al margen de esa labor de “pepito grillo” aleccionador del que se va pero no quiere irse porque piensa que en “su” partido no pueden hacer nada bien sin él y no deja de intrigar en la sombra o a la luz del día, ahora se le ve especialmente interesado en sacar adelante el proyecto de su heredera en el Gobierno de coalición que preside Pedro Sánchez: la reforma de la reforma laboral del PP.
El exlíder en público de Podemos debe tener muy claro que la supervivencia de “su” formación política pasa por hacer algo de valor en el tiempo que le queda pisando las alfombras de Moncloa. Visto que no puede esperar nada aceptable de una Irene Montero cada día más desaparecida o una Ione Belarra que todavía vive en la sombra de su jefe, a la espera de que el nuevo titular de Universidades “venda” algo más que un referéndum de autodeterminación en Cataluña favorable al independentismo y, por supuesto, descartado el descalabro de Alberto Garzón en Consumo con el sector ganadero español, la única salida es, repito, la reforma laboral de Yolanda Díaz.
Por eso anda metiéndose en lo que no le llaman e intentando mediar entre la patronal y los republicanos catalanes para que salga adelante la única aportación de la cuota ‘podemita’ al Ejecutivo de coalición. Entiende (imagino que con los dedos cruzados) que el visto bueno final a esa reforma de la reforma laboral del PP, puede dar alas a la vicepresidenta al frente del Ministerio de Trabajo en las próximas elecciones como candidata por Podemos.
Lo cierto es que debe cruzar los dedos con mucha fuerza porque todavía no está claro que sea esa la opción que se plantea Yolanda Díaz, ya que, como saben, sus aspiraciones no pasan por asumir el control de Podemos. Iglesias la nombró a dedo (eso que también siempre se criticó) como candidata a las generales, pero la ministra tiene sus propios planes. ¡Oye, lo mismo es Iglesias el que quiere sumarse al proyecto de Díaz!
Y digo yo: Se va pero no se va y vuelve para ayudar a Yolanda Díaz. ¿Puede ser que el exlíder de Podemos trabaje por un proyecto político que tiene entre sus objetivos superar, precisamente, a Podemos?
No sería la primera vez que Iglesias le pide favores a ERC (se pensarán éstos que se los devuelve de alguna manera). Esquerra ya apoyó los Presupuestos Generales del Estado hace cuatro años y ahora remolonea con la reforma de la reforma laboral del PP. Está por ver qué es capaz de prometer todavía el ex líder de la formación morada. ¿Quizá los favores de una formación a la izquierda del PSOE forjada sobre las cenizas de Podemos?