La personalidad del tenista español sigue ganado adeptos.
Rafael Nadal ha pasado de caminar con muletas a ganar el Abierto de Australia en cuatro meses. Esa barbaridad biológica, traducida en admiración deportiva y humana por millones de personas en todo el planeta, ha vuelto a subrayar la mentalización ganadora del mejor deportista español de la historia. El zurdo legendario compitió durante cinco horas y 24 minutos ante Daniil Medvedev, al que tuvo que remontar los dos sets iniciales, y concluyó el encuentro con victoria y con un estado físico espectacular.
Ese éxtasis absoluto, condecorado con la consecución de su 21º Grand Slam, le volvió a encumbrar en el panorama internacional. Personalidades de todas las esferas imaginables publicaron su asombro a través de las redes sociales. Mientras que el balear de 35 años esperaba turno para alzar el trofeo del 'major' de Melbourne, políticos, músicos, científicos, empresarios y un sinfín de ciudadanos empleados en todo tipo de gremios le rendían el merecido homenaje.
Y al tiempo que el internet planetario rebosaba amor hacia su figura, Nadal constataría su liderazgo personal bajo el ejemplo. Después del discurso que Medvedev dio ante las autoridades del torneo, en la ceremonia de la entrega de trofeos, le tocó el turno de hablar. Rafael tomó el micrófono y, antes de compartir sus sensaciones ante tal abrumador éxito, quiso reclamar respeto para su rival. No en vano, el ruso había sido abucheado desde las gradas de la Rod Laver Arena. En un ambiente impropio del tenis.
"Es un momento difícil para ti, Daniil, pero eres un campeón increíble. He estado unas cuantas veces en la misma situación que tú en este torneo, teniendo ocasiones para llevarme el torneo, pero no tengo ninguna duda de que vas a ganar este campeonato varias veces a lo lago de tu carrera porque eres impresionante. Quiero felicitarte a ti, a tu familia y a todo tu equipo por lo que habéis conseguido", declaró.
Arrancó un aplauso para su contendiente y añadió esto: "Este ha sido uno de los partidos más emocionantes de toda mi carrera y compartir la pista contigo ha sido un verdadero honor. Así que te deseo lo mejor para tu futuro".
Y de inmediato abandonó el estrado y la cancha. Debía conceder una rueda de prensa para los medios de comunicación internacionales, que esperaban ansiosos a su llegada, pero decidió aplazar su intervención para ocuparse del buen cumplimiento del plan que ha trazado junto a sus entrenadores Carlos Moyá, Marc López y Rafael Maymó.
Así que se secó y se fue al gimnasio. Y estuvo media hora realizando relajación muscular en bicicleta. Pasada la batalla, nada de celebrar. Nadal se mantuvo sobre la bici estática y sólo se bajó de ella para abrazar al mítico Rod Laver, que quiso ir a ver al campeón en persona e hizo el esfuerzo de bajar hasta el recinto deportivo en el que se encontraba.
Después, el manacorí respondió a todas y cada una de las preguntas que le hicieron los periodistas. Sin prisa. Con el compromiso y responsabilidad que le caracteriza, siempre pensando en la buena promoción de su deporte. Terminó pasadas las cuatro de la madrugada -el partido se había alargado hasta la 1:00, hora local- y se fue al hotel, al que llegaron a las 5. Durmió una hora escasa y se levantó para realizar la sesión fotográfica con la organización del torneo, cumplir con compromisos publicitarios y responder a más preguntas de la prensa. Y se fue al aeropuerto para volver a España. Con la mentalidad intacta.