El público de Madrid pudo disfrutar el viernes, en versión de concierto, de esta ópera en tres actos del compositor verista italiano Umberto Giordano, uno de los principales representantes del “verismo” junto con Cilèa, Mascagni, Leoncavallo o Puccini, éste último sin duda el mayor exponente de la tendencia, surgida en Italia entre 1875 y 1895, aunque su adscripción completa a la corriente no está exenta de debate.
El verismo surgió como reacción al melodrama romántico y la tradición historicista en la producción operística. Profundamente influenciado por el realismo de Ibsen y el naturalismo de Zola, concentraría su atención en el drama real del individuo corriente, con frecuencia recreando la sordidez de la pobreza, los temas rurales o la violencia de los protagonistas. En lo teatral adoptaría la continuidad dramática y musical de Wagner, pero se acercaría en lo musical al impresionismo francés, huyendo del bel canto. Resultado de esta combinación sería la supresión de la obertura -que sería sustituida por un intermezzo sinfónico-, pero la conservación del aria y de la melodía cantábiles. Cavalleria rusticana (1890), de Pietro Mascagni, está considerada la primera ópera verista, aunque es posible rastrear el inicio del verismo ya en el Mefistofeles (1875) de Arrigo Boito, y también algunas obras de Verdi merecen el apelativo.
Muchos compositores veristas saltaron a la fama con sólo una de sus obras. Nuestro compositor, Umberto Giordano, alcanzó su triunfo más sonoro y duradero con André Chénier (1896). Otras de sus obras famosas fueron Fedora (1898), o Siberia (1903), ópera en tres actos que el viernes presentó en versión de concierto el Teatro Real. Con libreto de Luigi Illica, el argumento de la obra recuerda algunos célebres relatos de la obra de Dostoievski, como Humillados y ofendidos (1861), Memorias del subsuelo (1864), pero sobre todo Crimen y Castigo (1866), donde los personajes son capaces de encontrar la redención, incluso la felicidad, a través del sufrimiento.
En el reparto vocal del jueves destacó sobre todos los participantes la extraordinaria de Sonya Yoncheva. Cantante desde su más temprana juventud, esta soprano búlgara, que estudió canto y piano en su ciudad natal, Plovdiv, estudió con Danielle Brost en el conservatorio de Ginebra. Ganadora en 2010 del concurso Operalia, se dedicó al repertorio barroco de la mano de William Christie, Emmanuelle Haïm y Diego Fasolis, tras lo que centró su carrera en el repertorio italiano. Ha sido Elisabeth de Valois en Don Carlos en la Metropolitan Opera House de Nueva York, Mimì de La Bohème en la Staatsoper de Berlín, Manon, de Manon Lescaut, en la Staatsoper de Hamburgo, Violetta, de La Traviata en la Arena de Verona, o Stephana de Siberia en el Maggio Musicale de Florencia, papel en la que se la escuchó el viernes en el Real y con el que arrancó el aplauso y la ovación de los asistentes.
Destacó también George Petean en el papel de Gleby. Este barítono rumano, que estudió trombón, piano y canto en su ciudad natal, perfeccionó sus estudios vocales con Vicente Sardinero y Giorgio Zancanaro. En 1997 debutó con el papel titular de Don Giovanni de Mozart. Tras ganar el certamen Hariclea Darclée en 1999, debutó en el Teatro dell’Opera de Roma como Marcello de La Bohème. Miembro estable de la Staatsoper de Hamburgo entre 2002 y 2019, interpretó en el seno de esta entidad el papel de Figaro de Il barbiere di Siviglia, Enrico de Lucia di Lammermoor y Riccardo en Un ballo in maschera. También ha sido Germont en La Traviata en la Roya Opera House de Londres y en la Deutsche Oper de Berlín, o el rol titular de Rigoletto en el Teatro San Carlo de Nápoles, entre otros papeles.
En el rol del coprotagonista, Vasili, cantó el tenor turco Murat Karahan y, en el de Príncipe Alexis, Alejandro del Cerro. La orquesta estuvo dirigida por Domingo Hindoyan y, al frente del Coro Titular del Teatro Real, estuvo el director Andrés Maspero.
Se representará solo otra función de Siberia el próximo 9 de mayo, a las 19:30 horas.