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SEMIFINAL

Nadal, en su 14ª final de Roland Garros tras la lesión de Zverev

Nadal, en su 14ª final de Roland Garros tras la lesión de Zverev
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viernes 03 de junio de 2022, 23:14h
Actualizado el: 04 de junio de 2022, 10:22h
El astro español eliminó a un guerrero Zverev (se fue en muletas) y buscará el domingo su 22ª título de Grand Slam, para seguir agrandando su leyenda.

Semifinal de Roland Garros, Rafael Nadal y la pista Philippe Chatrier entregada a su rey absoluto. Todo eso se encontró este viernes un Alexander Zverev que lucha todavía por ganar su primer Grand Slam. A sus 25 años, este tenista de 1,98 metros de altura y actual número tres del ránking mundial es uno de los líderes de esa generación llamada a tomar el relevo de las tres leyendas de este deporte. Pero no ha localizado aún la manera de hacer confluir su talento, sus tremendas condiciones físicas y la consistencia mental necesaria. Y en este día no iba a completar ese salto.

El mejor deportista español de la historia empezó 2022 mejor que nunca. Encadenó los títulos en el Torneo de Melbourne, el Abierto de Australia y en el Abierto de Acapulco; volaba apilando victorias en una racha de imbatibilidad que sólo truncó una lesión en las costillas que se detonó en la final del Masters 1.000 de Indian Wells. En ese punto se despertó la dolencia crónica en su pie izquierdo, un elemento que se ha destapado como su mayor enemigo. Porque en plenitud anatómica se ha demostrado que no tiene rival en las canchas.

Esa misma sensación, aliñada por el hecho de haber perdido sólo tres veces en 18 años de participaciones en el Grand Slam francés, se le pudo agolpar a Zverev a la hora de plantear su estrategia de partido. No en vano, salió en su versión más agresiva, pegando más fuerte que nunca y con voluntad de ejecutar un dominio aplastante. Quiso aplicar una declaración de intenciones que diera a entender al español que no iba a constituir un paseo su clasificación para la final. Afiló su derecha y amortizó las condiciones del campo -cubierto debido a la lluvia, hecho que multiplica el peso de la pelota y perjudica el tipo de golpeo liftado del balear-.

Tardó en ajustar su tenis el manacorí a ese ecosistema desfavorable para sus intereses. Perdió su saque a las primeras de cambio y le tocó remontar. Sufrió, pues sus golpes no dañaban al imponente germano. Hubo de repensar su plan, variando la paleta de juego -como en cuartos de final, ante Novak Djokovic-, y cuando lo logró amanecieron las dudas en su oponente. Sembró dejadas y subidas ambiciosas a la red, y cosechó dobles faltas y reveses fallados -las dos suertes más venenosas del repertorio del alemán- al otro lado de la pista. Por ahí discurriría la senda que llevó al zurdo al triunfo.

Con todo, las cualidades del guerrero 'Sasha' saldrían a relucir. Pegador y resistente, se aferró a su oportunidad de gloria parisina con rachas de acierto espectaculares. De hecho, llevó al límite al balear en múltiples tramos del encuentro y el set inicial se resolvió en un tie-break con remontada de cuatro bolas de parcial (7-6, hora y 31 minutos de duración). Sin embargo, el manacorí desplegó sus mejores puntos, las defensas impensables, cuando más apretaba el pupilo de Sergi Bruguera. Y controló el ritmo ralentizándolo -también en las pausas-.

En la segunda manga intercambiarían breaks de una exigencia admirable, síntoma de la incomodidad creciente de un tenista de Hamburgo que goza de un revés cruzado de videoteca. Eso sí, tampoco el 13 veces ganador de Roland Garros jugaría a placer, ni mucho menos. La humedad erosionó de lo lindo el aguante de los competidores y Nadal escudriñó ahí una vía de avance, por medio de dejadas, globos y voleas. Soluciones rebosantes de oficio para domar al germano, que venía de batir a Carlos Alcaraz y que sollozó si no colocaba su primer servicio.

Entonces, con la exigencia física tocando techo, cuando se cumplían tres horas y ocho minutos y Zverev ganaba en la segunda manga por 5-6, su tobillo derecho se torció hasta el extremo y el alemán cayó, gritando de dolor. En la persecución de la bola que certificaría el segundo tie-break del equilibrado duelo, sufrió una torsión completa de dicha articulación. Tuvo que salir en silla de ruedas, camino de vestuarios para recibir la atención médica debida. La pasional tribuna quedó congelada ante tan descorazonador final de un partido espléndido en cuanto a arrojo.

De esta manera, con buenas sensaciones relativas a la solidez de su tenis y bañado en un sabor agridulce, Nadal facturó el viaje hacia su Decimocuarta Copa de los Mosqueteros. Nadie ha jugado tantas finales de un Grand Slam en concreto ni logrado pasar de 21 entorchados en los 'majors' de este deporte. La estrella española bailará esa canción el domingo ante el noruego Casper Ruud o el croata Marin Cilic. Con el favoritismo, que se le había negado en estas semanas, a cuestas. Se lo ha ganado a raquetazos. Sin alzar la voz.

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