Digan lo que digan, pero el acto trascendental de la celebración del día de la región de Murcia tuvo lugar en la plaza de toros de Caravaca de la Cruz. Muchos fueron los actos, muchos los galardonados como Carlos Alcaraz, el tenista, que gana el terreno a pulso entre los grandes. Mas nos decantamos por la tarde de toros en el coso histórico de Caravaca. Fue la primera corrida de toros de a pie celebrada ahí desde 2009. ¿Por qué este parón de tantos años? ¡Quién sabe! Será la mansedumbre o pusilanimidad de las autoridades que se impusieron a la gran tradición del pueblo que tiene fechada su primera fiesta taurina reglamentada el día 2 de septiembre de 1538 para celebrar la paz con Francia. Frente a este abuso de poder, la barrera lució un cartel: “Prohibido prohibir. ¡Vivan los toros!”.
Los diestros que hicieron el paseíllo fueron Rafaelillo, Antonio Ferrera y Antonio Puerta, los tres iban desmonterados por hacerlo por primera vez en esta plaza. Anteriormente, vimos el simbólico despejo de la plaza por la banda de música. Los alguacilillos salieron con bríos y monturas que se adornaban con el arte de la doma. La plaza, erigida en 1880, ocupa el solar del desamortizado monasterio de Santa María de Gracia. Gracia es lo que hubo hoy en el ruedo. Mucha gracia y mucho arte. Al guardar el minuto de silencio y escuchar de pie el himno de España, se dio por comenzado el festejo.
Las reses de Albarreal cumplieron con lo que les encomendaba el ganadero: dejar que lucieran los toreros. ¡Qué alivio ver las reses bien presentadas y nobles después de aguantar tanto cuerno desmesurado y tanta brusquedad de San Isidro! Rafaelillo al recoger la embestida de Emboscado (1º) se perdió en una nube de polvo. Se impone, aguanta y encela ágilmente al torillo con el capote. La brega, a cargo de Lipi, sale bastante bien. Rafael brinda al público. Se agarra a las tablas y templa la res para llevarla a los medios. Las tandas salen ligadas, adornadas con un afarolado y molinetes, pero aguantando unos achuchones serios. Un toro complicado, y algo gañafón, que se negó a humillar. No se dobló de la estocada y el descabello llegó al cuarto intento.
Antes de que Ferrera pisase el ruedo, José Chacón dirige el riego de la plaza. Escaso, pero algo es algo. Antonio Ferrera se adorna con el capote azul, haciendo una tijerilla de ley y lances de arte, sin enganchar. Lleva a Fastidiado (2º) a caballo por chicuelinas al paso. Al recibir el puyazo lo saca de la suerte con los delantales templados, abrochados con una media a pies juntos. Fernando Sánchez y Javier Valdeoro en banderillas para el pesar del público que pedían los rehiletes al maestro. El brindis al público y cuaja una obra de arte efímero. Los primeros pases de tiento para medir al adversario. Calculadas las distancias, llegan los pases de temple al toro sin humillar, pero que sigue embebido en los vuelos de la muleta. Los muletazos adquieren una redondez de 369º. El bicho a veces saca la mala intensión y mira de mala manera al torero, pero éste lo aguanta, suspense entre los presentes, y desvía la embestida de sus caderas, quebrando la cintura. Los pases de adorno bien hechos y una estocada que dobla al toro. Una oreja.
El señor Rubio Luján sale al encuentro del segundo de su lote. Gachón (4º), recibido de rodillas, responde a las chicuelinas y una larga afarolada del diestro. No iba sobrado de fuerza, pero a Rafaelillo le sobraba la ambición, las ganas. Brinda a su madre. Y da comienzo a una faena medida y templada. El toro escaso de fuerzas, requería un trato sublime. El torero supo proporcionarlo al bichillo. La decisión, la templanza y las ganas de lucir hacen de la faena un exquisito espectáculo de arte taurino. Vimos chicuelinas hechas con la muleta y naturales de trazo exquisito. Se deshace del estoque de ayuda. Cuando pensamos que el toro está acabado, le busca unas series para recordar y un desplante a lo grande, arrodillándose. Las bernardinas ajustadas y una estocada acusando un duro golpe de pitón. Se dobla el Gachón y Rafaelillo pasea dos orejas y rabo entre la chiquillería.
Los lances de Antonio Ferrera a Freidor (5º) fueron recibidos con olés. Brío y apostura del diestro encuentran el eco en los tendidos. De nuevo, le piden rehiletear, pero el lidiador no lo cree oportuno. El ajuste de los primeros pases demuestra que el astado no es fácil. La faena transcurrió sin música a petición del diestro. Por el pitón derecho se prestó a unos naturales exquisitos, pero por el izquierdo se metía por dentro. El dominio del torero puso fin a estos desajustes y vimos unos pases redondos, en los cuales la muleta no rozaba el hocico del animal. Ferrera deja descansar al contrario con la muleta al hombro. Sin estoque, da un pase de pecho mirando al tendido. Un trincherazo, un molinete, un afarolado… una faena para repasar los pases olvidados del toreo. El toro dominado y el torero encumbrado. Un estoconazo y dos orejas y rabo.
Antonio Puerta aprovecha la oportunidad que le brindó esta corrida. Logra buenas faenas con Beato (3º) y Gerundino (6º). El torero luce en el manejo del capote, aguanta sin soltar la muleta el intento del desarme de Beato. Se acopla a la embestida del contrario con firmeza y mucho aguante. Acaba la faena con manoletinas y una estocada entera y algo tendida. Dos orejas. Gerundino, colorado de buenas hechuras, al salir de los chiqueros fue envuelto en buenos lances que le llevaron a los medios y presto al caballo. El brindis fue dirigido al padre de Rafaelillo. Con los pases flexionados arranca la faena. Puerta logra buenas tandas por los dos pitones. Guarda la compostura y un buen compas de pies. Dos orejas. Los tres diestros salen por la Puerta Grande. ¡Olé!