Este mes va camino de convertirse en el abril con menos precipitaciones desde que hay registros, con sólo cinco litros por metro cuadrado.
España vive este paradójico Día Mundial de la Tierra afrontando uno de los episodios de sequía más anticipados y convulsos que se recuerdan. Las bajas precipitaciones, unidas a las temperaturas inusitadamente altas para esta época del año, están provocando ya daños millonarios al campo, que reclama con desesperación medidas urgentes para tratar de salvar las cosechas.
En partes de Castellón, Teruel, la comarca de La Mancha o Ciudad Real, llevan más de tres meses sin ver una sola gota procedente del cielo, debido a la sucesión de anticiclones desde principios de año. Según la Agencia Española de Meteorología (Aemet), desde octubre de 2022 hasta esta última semana de abril, el valor medio nacional de las precipitaciones acumuladas se cifra en 337 mm, un 23% menos que el valor normal correspondiente a dicho periodo (440 mm).
En lo que va de mes se han registrado tan sólo cinco litros por metro cuadrado en España, frente a los 32 de promedio. Según datos del Ministerio de Transición Ecológica, un 12,1% del territorio peninsular se encuentra en sequía prolongada. Además, un 26,9% de las unidades territoriales de escasez (UTE) se encuentra en emergencia (14%) o alerta (12,9%).

A esto hay que añadir las también anómalas temperaturas. El pasado mes marzo fue el más cálido del siglo XXI y el tercero desde el inicio de la serie histórica en 1961. También fue el segundo marzo más seco del siglo actual y el sexto desde el comienzo de la serie. Este mes de abril va camino de batir todos los récords...
Para la próxima semana, según Aemet, se espera un intenso episodio de calor, con temperaturas hasta 10 ºC por encima de lo habitual, superándose los 30 ºC de máxima en la mitad sur y los 35 ºC en el valle del Guadalquivir a partir de mediados de la semana. De cara a la época estival, se prevé un verano muy largo, con varias olas de calor, temperaturas extremas y sin lluvias en muchas partes del país.

Todo esto se está dejando sentir en los embalses, que se encuentran a un 50,65% de su capacidad, un 17% menos que la media de la última década. Los embalses se encuentran por debajo de sus valores normales en la franja cantábrica salvo en Galicia, en gran parte de la mitad este de la Península junto con el tercio sur, donde muchas zonas no llegan al 75% de su valor normal, y en el archipiélago canario, salvo la mitad sur de la isla de Tenerife.
Entre las consecuencias directas e indirectas que señalan los expertos cabe resaltar la falta de agua para los cultivos, y la correspondiente pérdida de muchas tierras de cultivo (también para la explotación ganadera), el aumento de los incendios, el desplome de la energía hidráulica, el encarecimiento de los productos alimentarios y la inflación.

El sector agrario español teme pérdidas irreversibles en las cosechas de cereales, forrajes y de pastos, así como reducciones de siembra de girasol o arroz si persiste en los próximos días la sequía, sobre todo en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y las zonas de la ribera del Ebro.
Las perspectivas sobre las campañas agrícolas son muy pesimistas en el sector agrario, donde alertan que este momento del año es crucial y que si en las próximas dos semanas no llueve o se suavizan las temperaturas se perderán miles y miles de hectáreas de cosechas, según las organizaciones Asaja y COAG y las cooperativas.
La amenaza es más acuciante en aquellas zonas de recolección más tempranas, Andalucía, Castilla-La Mancha en el caso de los cereales o Aragón en los forrajes, y en los campos de Cataluña, pero también afecta a zonas áridas de Castilla y León.
Crisis climática global
Los datos nacionales no desentonan con los publicados esta semana por instituciones internacionales. En su último Informe sobre el estado del clima en Europa, el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) detalla, por ejemplo, que Europa vivió el pasado año 2022 el verano más caluroso de su historia, con temperaturas de 1,4 °C por encima de la media.
El 2022 también tuvo el dudoso honor de ser el año más seco registrado en términos de área afectada, con un 63% de los ríos con un caudal por debajo del promedio. Como consecuencia de ello, Portugal declaró una severa sequía mientras partes del río Po se secaron por completo. En España, el pasado año cerró como el peor de la historia en cuanto a incendios, con 310.000 hectáreas calcinadas, cuatro de cada 10 de todo el territorio europeo.
El 73% de los lagos de Europa registraron temperaturas superiores a la media, mientras que en los mares europeos, las temperaturas promedio de la superficie fueron las más cálidas jamás registradas. "Los datos son claros, el clima está cambiando y este cambio está teniendo un impacto directo con consecuencias a menudo extremas aquí en Europa, el Ártico y en todo el mundo", resume el director de C3S, Carlo Buontempo.

Otro informe publicado este viernes, esta vez por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), no es menos halagüeño. Su conclusión principal, que ha saltado a las principales portadas de todo el mundo, es que los últimos ocho años han sido los más calurosos de los que se tiene constancia, según los registros instrumentales desde 1850.
Según la organización de Naciones Unidas, en 2022 las sequías, las inundaciones y las olas de calor afectaron a comunidades de todos los continentes y ocasionaron pérdidas por valor de muchos miles de millones de dólares. La extensión del hielo marino de la Antártida retrocedió a mínimos históricos y el deshielo de algunos glaciares europeos alcanzó niveles sin precedentes.
La OMM también subraya que las concentraciones de los tres principales gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano y óxido nitroso) alcanzaron los niveles más altos jamás observados en 2021, el último año para el que se dispone de valores mundiales consolidados.
De vuelta a España
El pasado miércoles tuvo lugar en España la esperada Mesa Nacional de la Sequía, en la que representantes del sector agroalimentario, las comunidades y el Gobierno, discutieron la gravedad de la situación y las alternativas para paliar sus efectos.
En esa reunión, a la que no asistió el ministro del ramo, Luis Planas, el campo, a través de las organizaciones agrarias Asaja, COAG y UPA, reclamó al Gobierno central y a las autonomías medidas "urgentes" de índole económica y legislativa para paliar los efectos de la sequía severa en el sector primario, y les exhortó a "pasar del diagnóstico a la acción".
A nivel autonómico, destaca el caso de Andalucía, una de las más afectadas por la falta de agua, anunció que aprobará la próxima semana un tercer decreto contra la sequía dotado con 163 millones de euros, a la vez que pidió al Ejecutivo central que apruebe otro para las cuencas estatales.
Por su parte, Cataluña ha pedido al Gobierno que se implique en la financiación de actuaciones en infraestructuras hidráulicas, como la ampliación y construcción de desalinizadoras, ante la "catástrofe" que está suponiendo la sequía. Cataluña acumula 30 meses de sequía, lo que ha llevado las reservas globales de las cuencas internas al 26 % y unas restricciones en el área metropolitana de Barcelona que previsiblemente van a tener que ser más severas en septiembre si no llueve.
En Castilla-La Mancha, son partidarios de que la Comisión Europea autorice el uso de fondos de desarrollo rural para ayudar a los agricultores frente a la sequía mientras que en Murcia han reclamado al Gobierno central medidas excepcionales cuanto antes.
Incluso las regiones norteñas están notando la menor pluviometría en el volumen de forraje disponible para el ganado, o en el poco caudal de los ríos. En este sentido, el Gobierno de Cantabria propondrá la suspensión de la pesca fluvial en aguas continentales de la región. Mientras tanto, los regantes han pedido un decreto nacional que palíe los efectos de la escasez hídrica o que se habiliten pozos de emergencia para salvar cultivos.
Tras la reunión, Planas, que fue duramente criticado, se limitó a anunciar el jueves que trabajan en medidas que se van a llevar a cabo con cargo al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, con un total de 1.255 millones que se incrementarán hasta 2.130 con recursos propios. Estas inversiones se destinarán a actuaciones "absolutamente necesarias" en cuanto a una mejor utilización del agua, a reducir la factura energética mediante una potenciación del uso de las energías renovables y a propiciar una mejor aplicación de los fitosanitarios y fertilizantes. Es un anuncio positivo, pero el campo se queda sin tiempo.