Cuando en 2018 le otorgaron el Premio Nobel de Literatura a Olga Tokarczuk (Sulechów, Polonia, 1962) era muy conocida en su país, pero no tanto en el resto del mundo. En España, se había publicado en 2001 Un lugar llamado Antaño (Lumen), reeditada en 2020 por Anagrama, y en 2016 Sobre los huesos de los muertos (Siruela). Afortunadamente, la concesión del más alto galardón de las letras a la escritora polaca propició que pudiéramos empezar a acceder a una de las producciones más ambiciosas de la actual literatura. Así, en Anagrama apareció Los errantes, un libro híbrido que abarca varios géneros, participando del cuento, el libro de viajes, la reflexión y el ensayo filosóficos, y la autobiografía.
Ahora, nos llega quizá su obra más ambiciosa, con un posfacio de Abel Murcia, que nos ofrece un logrado perfil de Olga Tokarczuk y de su producción en distintos géneros, que se cierra con acierto recordando las últimas palabras de la autora al recibir el Nobel: “Por eso creo que debo contar las cosas como si fuera un todo en permanente formación ante nuestros ojos y nosotros una parte, pequeña y poderosa al mismo tiempo, de ese todo”.
Especialmente poderosa resulta, sin duda, su monumental novela Los libros de Jacob, un titánico tour de forcé al que dedicó casi una década, y que sobrepasa las mil página, brindándonos una singular experiencia de lectura total, un auténtico festín para paladares exigentes.
Con una numeración de mayor a menor, según los judíos, comienza en la página 1.064 y se organiza en siete libros: I. El libro de la niebla; II. El libro de la arena; III. El libro del camino; IV. El libro del cometa; V. El libro del metal y del azufre; VI. El libro del país remoto y VII. El libro de los nombres. Así, nos irá sumergiendo en la historia de un peculiar personaje, inspirado en una figura que existió realmente. La protagoniza Jacob Frank, un judío polaco que sacó a sus correligionarios de la postración y se autoproclamó Mesías en la segunda mitad del siglo XVIII, y que luego en una vuelta de tuerca se convirtió al islam, procesando tres religiones que quiere unir.
Los libros de Jacob arranca con la agonía de Yenta: “Yenta vuelve en sí y eso que está casi muerta. Ahora lo siente con todo su ser, es como un dolor, la corriente de un río, un temblor, una presión, un movimiento.
Al corazón regresa una vibración suave, el corazón late débil aunque rítmicamente, seguro de sí mismo. En el seco y huesudo pecho vuelve a fluir el calor [...] Después, de pronto, como si hubiese recibido un golpe, Yenta lo ve todo desde lo alto: a ella misma y la coronilla medio calva de Shor, pues en el zarandeo con el cuerpo el gorro se le ha caído.
Y a partir de ese momento será siempre así: Yenta lo verá todo”.
Como nosotros veremos la creación por parte de Jacob de una suerte de secta que, según se decía, practicaba bacanales. ¿Quién fue en verdad Jacob? ¿Fue un rebelde, un visionario, un impúdico, un líder carismático, un provocador un hereje, un impostor? Todo eso y mucho más, un personaje único al que Olga Tokarczuk extrae todo su jugo y rodea de potentes “secundarios”, como, entre muchos, el médico Ascher.
Múltiples puntos de vista y diversos registros narrativos se entrecruzan en una novela de cuño épico, con ciertos toques de realismo mágico a lo polaco, y guiños satíricos, sin dejar de presentar una apuesta por la tolerancia, quizá hoy más necesaria que nunca en tiempos de cancelaciones y censuras. No se desanimen por su longitud, que el viaje por sus páginas merece la pena.