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Ensayo

Roberto Villa García: 1923

domingo 10 de diciembre de 2023, 23:07h
Roberto Villa García: 1923

Espasa. Barcelona, 2023. 767 páginas. 23,90 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por Demetrio Castro

A Roberto Villa se deben aportaciones de especial calidad sobre la historia política española del siglo XX, como entre otras, 1917. El estado catalán y el soviet español, El precio de la exclusión. La política durante la Segunda República, y 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular, estas dos últimas en colaboración con Manuel Álvarez Tardío. En toda su producción, Roberto Villa García aúna, junto a documentación rica y pertinente, acopiada en el trabajo sobre fuentes diversas, notable penetración analítica apoyada en amplio uso de recursos teóricos y metodológicos de la Ciencia Política. Además, una originalidad de enfoques e independencia de criterio que hacen de los suyos trabajos frecuentemente atípicos en su distanciamiento de paradigmas predominantes en buena parte de la historiografía española sobre el periodo. Todo ello queda bien de manifiesto en 1923. El golpe de Estado que cambió la historia de España. Primo de Rivera y la quiebra de la monarquía liberal.

Lejos de ser obra de circunstancias, sugerida por el centenario del golpe de primo de Rivera, se trata en cierto modo de una obligada secuela de su libro anterior, aparecido en 2021, sobre la crisis política y social de 1917 y su repercusión demoledora sobre la estabilidad del régimen de la Restauración. Entonces quedaron activadas labilidades que comprometían la firmeza del régimen y abocaron a la desviación dictatorial. Que no tuviera que haber sido forzosamente así, y que el sistema constitucional de 1876 no había cegado los cauces para su propia evolución, es una hipótesis que respalda el análisis de Villa García sobre las elecciones de 1923, cuyo grado de competencia fue superior al de las primeras republicanas de 1931.

A las repercusiones de la crisis de 1917, en gran parte ya atenuadas, habrían de sumarse otras causas, algunas aleatorias, que instigaron la salida dictatorial. Entre ellas sobresalió el desastre de Annual, la caída de la comandancia de Melilla en el verano de 1921 con sus miles de muertos, o más bien su repercusión política con la exigencia de “responsabilidades” y el expediente Picasso. Villa ahonda detenidamente en la génesis y trámite del informe, con su ambigua naturaleza entre información gubernamental e instrucción judicial, el lastre de la obcecación de Picasso con la indemostrada temeridad del general Fernández Silvestre, la actitud del presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina dejándose arrastrar por el halago de los maximalistas, y, sobre todo, su utilización parlamentaria en una refriega en la que los partidos del turno, o las fracciones resultantes de su descomposición, se combatieron mientras la extrema izquierda se empleaba en atribuir culpas al rey.

La irresolución parlamentaria del asunto supuso un quebranto fatal para la estabilidad de la monarquía de 1876 al dejar abierta la presunción de responsabilidad directa de Alfonso XIII, y la explicación del golpe de Primo de Rivera como un intento en connivencia con el monarca de acallar las voces que la demandaban. Una suposición contemplada por un sector de la historiografía, y cuya falta de todo fundamento documentalmente verificable queda clara en estas páginas, donde se puede hallar, en cambio, un bien estructurado análisis de las dudas e impedimentos que asediaban al rey. Las especulaciones sobre su presunta voluntad de usar inconstitucionalmente a los militares chocan con la evidencia de que, de haberlo así querido, tuvo ocasión de hacerlo antes del golpe.

El malestar en el Ejército, además del asunto de las responsabilidades y la disposición de los políticos a situarlas sólo entre los militares, se nutrió de otras cuestiones no menos importantes. Entre ellas, la propia incapacidad de los partidos para dar salida a la crisis que todos percibían, las provocaciones separatistas, el recrudecimiento de la conflictividad social y del pistolerismo sindicalista en Barcelona, con cifras de víctimas angustiosas, o el asesinato del arzobispo de Zaragoza. La tibieza del gobierno para respaldar a Primo, capitán general de Cataluña y ampliamente estimado en la región, induciría su entendimiento con otros generales para materializar la idea de un gobierno militar que estaba en el ambiente. El curso de ese proceso, con las divisiones e indecisiones del gobierno, se reconstruye detenidamente mostrando facetas no siempre tenidas en cuenta.

Hasta cierto punto, aquellos generales recogieron una pretensión cardinal de las Juntas de 1917, que muchos de ellos habían combatido: desplazar a los profesionales de la política a quienes achacaban la inoperancia en Marruecos, el desgobierno interior y una generalizada inmoralidad. Primo de Rivera tuvo la audacia de capitalizar ese descontento, la destreza para arrastrar a sus compañeros y la fortuna de hallarse ante políticos con la capacidad de reacción perdida y la confianza en sí mismos estragada. Además de con un apoyo popular tan extenso como entusiasta.

Alfonso XIII sólo pudo diferir por unas horas, en espera de una alternativa que no surgió porque era ilusorio, la aceptación de un hecho consumado por quienes, antes que como copartícipe en la empresa, le veían como corresponsable de las culpas de los políticos. Que luego se aviniese durante años con ese nuevo orden es otra cuestión.

Lo que el texto de Roberto Villa analiza son los meses que condujeron al golpe, sin dejar ninguna faceta sin escudriñar a fondo, haciendo inteligible un proceso complejo, plagado de perplejidades e interrogantes que, ciertamente, cambió la historia de España porque lo que de él resultó no sería un paréntesis sino la expiración de la monarquía constitucional prevaleciente durante medio siglo. Libros tan trabajados, tan concluyentes, tan sugestivos no abundan en nuestra producción historiográfica.

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