Neurocientíficos de dos universidades japonesas desvelan cómo la expresión génica alterada puede inducir la aparición del trastorno del espectro autista (TEA). Este hallazgo arroja luz sobre futuros tratamientos terapéuticos.
En un estudio experimental que aparece en Molecular Psychiatry, analizaron el comportamiento de ratones genéticamente modificados que “modelaban la haploinsuficiencia Kmt2c, como un modelo de alta validez etiológica de TEA/NDD” y analizaron sus comportamientos, entre ellos la sociabilidad y la flexibilidad, para verificar su validez aparente.
Además, probaron los efectos terapéuticos de vifidemstat, demostrando que este fármaco “rescata los déficits sociales y las alteraciones transcriptómicas” en los murinos.
En su estudio, recuerdan que el trastorno del espectro autista abarca afecciones del desarrollo neurológico en las que los pacientes muestran, entre otras cosas, un comportamiento repetitivo.
Es bien sabido que factores genéticos influyen en el desarrollo del TEA. Además, estudios recientes han demostrado que los genes implicados en la modificación de la cromatina y la transcripción génica se ven implicados en la patogénesis de este trastorno.
Entre los numerosos genes implicados en este proceso, se ha identificado que el gen KMT2C se asocia con el desarrollo del autismo y otros trastornos neurológicos.
Estudios anteriores han demostrado que la haploinsuficiencia (una condición en la que, de las dos copias del gen, sólo una permanece funcional) de ese gen es un factor de riesgo para el TEA.
Sin embargo, los neurocientíficos no tienen todavía claro el mecanismo molecular a través del cual la mutación de pérdida de función en el gen KMT2C conduce a esas situaciones.
Este ha sido el objetivo del grupo de neurocientíficos nipón para, en murinos, llevar a cabo diversas pruebas de comportamiento. Así, observaron que los ratones modificados genéticamente exhibían menor sociabilidad, inflexibilidad, hipersensibilidad auditiva y deterioro cognitivo; todos ellos síntomas relacionados con el TEA.
Tratamiento farmacológico
También llevaron a cabo perfiles transcriptómicos y epigenéticos para comprender la base de los cambios moleculares observados. Descubrieron que los genes asociados con un mayor riesgo de TEA mostraron una mayor expresión en estos murinos.
Para obtener más información sobre su hallazgo, el equipo realizó la técnica de inmunoprecipitación de cromatina, con el fin de determinar la ubicación en el ADN donde la proteína interactúa con él.
Además, para identificar los tipos de células que contribuyen más a los cambios patológicos observados en murinos, los investigadores realizaron una secuenciación de ARN unicelular de cerebros de roedores recién nacidos.
Constataron que los genes alterados asociados con el riesgo de TEA predominaban en las células gliales radiales indiferenciadas. Sin embargo, no se observó un cambio importante en la composición celular, lo que implica que la desregulación transcriptómica no afecta gravemente al destino celular.
Finalmente, este equipo multidisciplinar comprobó los efectos de vafidemstat, un inhibidor de la penetración cerebral del LSD1 (histona desmetilasa 1A específica de lisina), que podría mejorar las anomalías de la metilación de las histonas. Descubrieron que mejoraba los déficits sociales en los murinos y tenía un efecto salvador excepcional al cambiar los niveles de expresión de los genes expresados diferencialmente a su nivel de expresión normal.
Los resultados -según estos científicos- allanan el camino de futuras investigaciones, para fortalecer las bases del tratamiento farmacológico del TEA y otros trastornos del desarrollo neurológico.
Trastorno del espectro autista
A menudo, el trastorno del espectro autista (TEA) aparece en los primeros dos a tres años de edad. Afecta al desarrollo de las habilidades sociales y de comunicación normales.
Según MedlinePlus, todavía se desconoce la causa exacta de este trastorno. Es probable que exista una serie de factores que puedan llevar a su aparición. Las investigaciones muestran que los genes pueden participar en ello. Incluso ciertos medicamentos tomados durante el embarazo también pueden llevar a que el niño presente TEA.
Se ha sospechado de otras causas, pero no se han comprobado. Algunos investigadores creen que el daño en la amígdala, una parte del cerebro, podría estar implicada. Otros investigadores estudian si un virus puede desencadenar los síntomas.
Asimismo y siempre según MedlinePlus (una herramienta muy acreditada en el mundo científico de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos), se descarta que exista una conexión entre las vacunas y el trastorno del espectro autista.
Por último, subrayar que el incremento de niños con TEA puede deberse a un mejor diagnóstico y mejores definiciones del trastorno.