www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

WELTPOLITIK

Intelectuales mexicanos al borde de un ataque de nervios

Carlos Ramírez
x
carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 29 de mayo de 2024, 18:32h

Las elecciones presidenciales de México del próximo domingo 2 de junio colocaron a los intelectuales tradicionales --las figuras más importantes de la cultura-- al borde de un ataque de nervios y dejaron muy claro que las votaciones se darán entre dos proyectos de nación: el neopopulista-social del presidente López Obrador y el priista-panista-perredista de la oposición.

Luego de pulular durante muchos años alrededor de definiciones político-electorales, más de 270 figuras intelectuales decidieron posicionar por adelantado su voto y solicitaron al electorado que cruzara las boletas en los escudos del PRI, del PAN y del PRD, tres fuerzas que dominaron en diferentes tiempos políticos el régimen autoritario de 1917 a 2018.

Al frente de estos intelectuales electorales aparecieron tres personajes muy conocidos: el excomunista renegado --en modo Deutscher-- y hoy neopriista Roger Bartra, el historiador Enrique Krauze --de la revista Letras Libres-- y el ensayista Héctor Aguilar Camín --de la revista Nexos--. Luego de haber sido críticos del régimen priista, ahora los tres comandaron un desplegado público de firmas a favor de la funcionaria y militante panista Gálvez Ruiz, pero en el entendido de que los votantes en la boleta tendrán que cruzar de manera favorable el escudo del PRI, del PAN o del PRD.

Los hombres y mujeres de la cultura progresista mexicana --al menos, claro, en autodefiniciones propias-- participan de lo que pomposamente se pueden llamar comunidades epistémicas o en el viejo lenguaje de la cultura política mexicana de los años setenta que se refería a estos grupos intelectuales como mafias culturales, por cierto hasta hace poco peleados casi a arañazos unos contra otros.

La argumentación de la comunidad cultural a favor del PRI-PAN-PRD señala que el dilema político mexicano en las elecciones presidenciales será una disputa entre la democracia y la dictadura, esta última referida en sus propias argumentaciones como autoritarismo, autocracia, presidencialismo absolutista, populismo de Estado o personalización del poder. Frente al pánico escénico que señala la mayoría de las encuestas de 20 puntos arriba en prácticamente todas las encuestas a favor de la candidata del presidente López Obrador, Claudia Sheinbaum Pardo, los intelectuales dieron un paso hacia adelante y dejaron ver con claridad que es preferible regresar al viejo régimen del PRI-PAN-PRD que permitir la victoria que estará representando la candidata de Morena.

El escenario político tiene a los intelectuales de la vieja cultura priista al borde de un ataque de nervios. Sin embargo, no se necesita demasiada reflexión teórica para señalar que el gobierno del presidente López Obrador no es autoritario ni dictatorial: sus decisiones se basaron en función del 55% de los votos presidenciales y del control del 55% de las dos cámaras legislativas, una mayoría que en términos democráticos le otorga facultades para modificar leyes, excepto la Constitución porque se requiere en este caso del voto del 67% de legisladores.

El nuevo bloque opositor que se ha colocado en el arco ideológico del centro conservador a la ultraderecha radical --y en la cual participa como apoyo externo nada menos que Vox, de España-- carece de argumentos sensatos para señalar a México como una dictadura presidencial. El presidente López Obrador ha presentado multitud de iniciativas, ha aprobado en el proceso legislativo las que requieren mayoría absoluta y ha tenido que reconocer la derrota en reformas que requerían mayoría calificada de dos terceras partes. Es decir, quizá a regañadientes, el presidente López Obrador ha respetado y se ha sometido a las reglas democráticas de las mayorías legislativas.

Después de su desplegado del martes de la semana pasada pidiendo el voto a favor del PRI, del PAN o del PRD, los intelectuales confesaron las razones de sus enojos: el presidente López Obrador liquidó el modelo de dictadura perfecta que había definido en 1990 Mario Vargas Llosa, por medio del cual el Estado priista subsidiaba con dinero público la existencia de una oposición intelectual, inclusive la más radical, un modelo que definió con mucha claridad a finales de la semana pasada el escritor Aguilar Camín: los intelectuales quieren que regresen los apoyos económicos a los hombres de la cultura y --con claridad--afirmó que deben regresar los “apapachos” del poder a los intelectuales. El presidente López Obrador suspendió todo subsidio a los intelectuales y de ahí el origen del enojo.

Vargas Llosa, en el contexto de aquel congreso internacional que organizó Octavio Paz para discutir el desmoronamiento del bloque soviético y celebrar la victoria los intelectuales que habían sido reprimidos por el estalinismo, dijo que México tenía un sistema de dictadura perfecta porque el Estado incluía en su seno hasta los disidentes más radicales, los llenaba de reconocimientos y premios y desde luego de becas y subsidios. El escritor peruano-español dijo que México no necesitaba una dictadura represiva como la soviética, porque controlaba los intelectuales incorporándolos al régimen.

En este contexto, los cientos de intelectuales que pidieron votar por el PRI-PAN-PRD en la figura de la candidata Gálvez Ruiz dejaron muy en claro que el debate no es entre democracia o dictadura, sino entre una no-relación del Gobierno con los intelectuales o el regreso del apapacho de funcionarios gubernamentales a los intelectuales y desde luego los subsidios, becas y asesorías.

Un detalle muy significativo de ese desplegado de los intelectuales pidiendo el voto por el bloque conservador fue que aparecieron ahí muy amigos Krauze y Aguilar Camín, quienes comenzaron su vida intelectual aliados en 1968 y a partir de 1972 desarrollaron una de las guerras culturales más simpáticas que haya conocido la cultura mexicana por la larga lista de acusaciones y agresiones verbales entre los dos, aunque ahora, como se dice con simpatía en México, Krauze y Aguilar Camín andan “felices de contentos” (expresión mexicana) del brazo y por la calle.

Lo único claro es que los intelectuales antes críticos del PRI y hoy promotores del voto a favor del PRI y del PAN están al borde de un ataque de nervios porque si gana la candidata de López Obrador seguirán otros seis años de sequía presupuestal y ausencia de apapachos del poder, aunque con la argumentación sofista --o mentirosa, en realidad-- de la falacia entre democracia y dictadura.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios