Pan de azúcar
Autora: Balli Kaur Jaswal
Traducción: Isabel María Cantos
Padilla
Editorial: AMOK Ediciones
Encuadernación: Rústica con solapas
Pin es una niña de diez años de origen sij. Está becada en una escuela de élite, donde intenta integrarse y, a la vez, pasar desapercibida.
Su madre le dice ocasionalmente que no debe parecerse a ella, pero no le explica por qué. Pin intenta descubrir pistas en la deliciosa comida de su madre, que refleja a través de las recetas y las especias sus estados anímicos y cambios de humor.
Cuando su abuela se muda a vivir con ellos, la dinámica en casa cambia, los secretos del pasado reviven y la comida se vuelve insípida, señal de que su madre está agotada y triste.
Pan de azúcar une a estas tres generaciones para tratar temas como la religión, la tradición, el patriarcado y el complejo equilibrio racial, identitario y social de Singapur. La novela nos traslada a 1990, donde seguimos a Pin, y a 1967, donde la historia se centra en la relación entre madre y abuela. Estos cambios personales tienen como telón de fondo el vertiginoso desarrollo de la ciudad, un país obsesionado con el progreso, que pasó del tercer mundo al primero en una sola generación gracias a la gestión pragmática de un dirigente visionario y su ejército de tecnócratas, quienes convirtieron a Singapur en la “oveja blanca” del sudeste asiático. Una transformación demasiado ambiciosa que dejó atrás a quienes no pudieron seguir el ritmo, un aspecto que también trata en su primera novela El legado.
—Todo se superpone en esta ciudad —dijo mamá—. ¿Te das cuenta? Todo se fusiona.
Así era, me dije. Las aceras de hormigón se superponían a la hierba, los pisos a los Hawker Centers, la comida malaya a la india, a la china, a la del McDonald's… Las hojas de los árboles apuntaban hacia el cielo con todos los tonos posibles de verde: verde jade, verde esmeralda, verde mar oscuro, verde amarillento y enfermizo… Debajo, las ramas dibujaban líneas torcidas en el firmamento, y detrás estaban los edificios; pero debajo de ellos, el metro serpenteaba por la ciudad… Una ciudad, una isla, un Estado, un país. Todo era superposición.
Singapur es un laboratorio social donde conviven diferentes culturas (chinos, malayos, indios, expatriados occidentales, trabajadoras domésticas de Filipinas e Indonesia y trabajadores de la construcción mayoritariamente de Pakistán e India). La familia de Pin pertenece a la minoría sij, una comunidad india muy conservadora y atada a sus tradiciones. La multiculturalidad ocupa un lugar destacado en Pan de azúcar, ya que Pin debe respetar los ritos y costumbres sijistas en sus visitas al templo, y los católicos en la elitista escuela donde estudia gracias a una beca; es aquí donde experimenta de primera mano las tensiones raciales que el gobierno intenta barrer debajo de la alfombra.
La comida es otro protagonista constante, a través de los deliciosos platos que la madre cocina y las visitas al mercado, un lugar donde, de nuevo, las distintas razas se integran de la manera más espontánea.
La mirada inocente de Pin se posa alternativamente en su propio mundo (su colegio, sus amigos, su familia, el templo y, por supuesto, la comida) y en el mundo adulto (unas complejas relaciones familiares, una comunidad obsesionada por el qué dirán, un oscuro secreto que todos conocen y ocultan). Sus experiencias en ambos entornos le harán cuestionar sus creencias.
Pan de azúcar es una novela sobre el complicado paso de la infancia a la madurez, con sus decepciones y sus contradicciones. Es una novela que presenta problemas como la identidad, el trauma familiar, el racismo, el patriarcado y las clases sociales desde una perspectiva original, la de una niña que, aun siendo madura para su edad, complementa con imaginación infantil aquello que no llega a comprender.
Escribir desde la perspectiva de un niño de diez años es arriesgado y puede salir mal. Pero Balli consigue crear una protagonista imperfecta pero entrañable. Balli Jaswal es detallista y meticulosa, y escribe de forma sencilla, atractiva y elegante. No nos anima a juzgar a los personajes, pero nos ofrece un palco para poder observar con detalle el desarrollo de la historia y empatizar.