“¿Cambia usted de voz cuando habla con su perro? ¡Es un proceso natural y útil!”, sostiene Eloïse Déaux, investigadora en comportamiento animal y neurociencias de la Universidad de Ginebra, que analizó con su equipo centenares de vocalizaciones de perros y humanos.
En un elegante estudio que difunde PLoS Biology, el equipo interdisciplinar de científicos de esta universidad suiza y del Instituto Pasteur, en París, sostienen que la comparación con otros cánidos no domesticados, como los lobos, revelaría cuáles de las capacidades lingüísticas del perro se deben a la genética y cuáles a la socialización.
Según sus resultados, los perros tienen un ritmo de vocalización más lento que los humanos. Y cuando una persona se dirige a un perro el ritmo del habla está a medio camino entre los dos. “Los humanos ralentizan su habla cuando se dirigen a sus mascotas; es una modificación que la acerca al ritmo típico del habla del perro y podría facilitar la comprensión”, continúa Déaux.
¿Cómo se explica entonces esta diferencia entre humanos y perros? Para esta investigadora, la respuesta no está sólo en la anatomía, sino también en los mecanismos cerebrales, concretamente en las oscilaciones neuronales; esto es, en los patrones eléctricos del cerebro que resultan de la actividad sincrónica de las neuronas.
En este sentido, “si bien los perros no pueden producir sonidos articulados, responden al habla, lo que plantea la pregunta de si esta capacidad receptiva heteroespecífica podría estar determinada por la exposición al habla o permanece limitada por su propia capacidad sensoriomotora”, afirman.
Utilizando análisis acústicos de vocalizaciones de perros, demuestran que su ritmo de producción principal es más lento que la velocidad del habla dominante (silábica) y que el habla dirigida a humanos y perros se encuentra a medio camino entre ambos.
Los humanos ajustan su velocidad del habla
La exploración comparativa de las respuestas neuronales (electroencefalografía) y conductuales al habla revela que la comprensión en los perros se basa en un seguimiento del ritmo del habla más lento (delta) que en los humanos (theta), a pesar de que los perros son igualmente sensibles al contenido del habla y la prosodia.
“Por lo tanto -concluyen-, la afinación audiomotora de los perros difiere de la de los humanos y planteamos la hipótesis de que los humanos pueden ajustar su velocidad del habla a este canal temporal compartido como medio para mejorar la eficacia de la comunicación”.
Es bien sabido por los expertos, que las oscilaciones neuronales se clasifican según su frecuencia: las ondas delta tienen una frecuencia de entre 0,5 y 4 hercios (Hz), mientras que las ondas theta tienen una frecuencia de entre 4 y 7 Hz. También se diferencian en sus implicaciones para los mecanismos cognitivos.
En el lenguaje humano, por ejemplo, las ondas gamma se asocian con la codificación de fonemas (los sonidos del habla), las ondas theta con la silabificación y las ondas delta con la entonación (también conocida como prosodia).
¿Y qué ocurre con otros animales? “El estudio del papel de las oscilaciones cerebrales en la percepción del habla es relativamente reciente, incluso en humanos”, recuerda la profesora Anne-Lise Giraud, del Instituto Pasteur.
Para analizar las ondas cerebrales de los canes, han adaptado protocolos de electroencefalografía (EEG) no invasivos. Los participantes, tanto humanos como perros, se exponen a estímulos auditivos y se mide la actividad cerebral en respuesta.
“Estudiamos la correlación, o similitud, entre la señal acústica y las oscilaciones del EEG”, explica la investigadora. El resultado: En los humanos, las ondas theta que componen la señal del EEG se alinean con la envoltura acústica, mientras que en los perros, son las ondas delta”.
Habla para el perro
Para demostrar que las oscilaciones medidas por el EEG permiten la percepción del habla en las señales auditivas, los investigadores se aseguraron de que los participantes las comprendieran claramente.
En el caso de las personas, la inteligibilidad de un estímulo sonoro se puede evaluar fácilmente: la persona puede comunicar su comprensión tanto de forma oral como escrita. Con los perros, es completamente distinta. “Utilizamos un lenguaje dirigido a los perros que consiste en dar órdenes en lugar de elogios, de modo que pudiéramos medir objetivamente la inteligibilidad de los estímulos para el perro a través de su ejecución de las distintas órdenes”, explica Déaux que, al tiempo, matiza que es un enfoque innovador que combina el comportamiento, la comprensión y los mecanismos cerebrales.
Con este método se pueden comprobar los límites de inteligibilidad de las señales acústicas para humanos y perros: los investigadores modifican las frases grabadas para acelerar o ralentizar su ritmo. También reproducen señales sin contenido ni prosodia.
Eloïse Déaux describe de esta forma su método: “Para conseguir la condición sin contenido, por ejemplo, invertimos la grabación de la orden del amo. De esta forma, siéntate (sit, en inglés) se convierte en algo así como tis. A continuación, invertimos la prosodia para que coincida con la de la señal original”.
Según los resultados de este estudio, los perros no responden a las órdenes con una velocidad demasiado rápida, por lo que son capaces de procesar el lenguaje humano, pero sólo si se encuentra en la banda delta, entre 1 y 3 Hz.
Desmentir el mito de la prosodia
Además, la pérdida de contenido también influye en la comprensión de los perros: con sólo prosodia, la inteligibilidad de las órdenes es menor que en condiciones normales. “Nuestro estudio desmiente el mito de que los perros sólo son sensibles a nuestra entonación, o prosodia. El contenido fonológico es importante para que entiendan lo que decimos, pero a diferencia de nosotros, las sílabas no son los elementos básicos de la comprensión”, hace hincapié Eloïse Déaux.
Además, y esto es fundamental, los resultados muestran que la comprensión y las oscilaciones se vinculan estrechamente. Cuanto más siguen las oscilaciones (theta en los humanos y delta en los perros) la envolvente de la señal, mayor es la comprensión.
A partir de sus resultados, los investigadores plantearon la hipótesis de que los perros y las personas se han adaptado para comunicarse entre sí. Pero este comportamiento ¿se debe únicamente al vínculo especial que existe entre las dos especies? “Sería interesante ver si otros animales con los que los humanos interactúan (vacas, ovejas, cabras, cerdos, etc.) han desarrollado la misma capacidad de adaptación y si las personas disminuyen su velocidad de habla cuando se comunican”, argumentan estos científicos.
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