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ORIENT EXPRESS

El pogromo de Ámsterdam

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 10 de noviembre de 2024, 19:00h

Las horas comprendidas entre la tarde del 9 y la mañana del 10 de noviembre de 1938 ha pasado a la historia como la Noche de los Cristales Rotos. Fue un pogrom organizado desde el Partido Nazi, a cuyo servicio estaba todo el aparato del Estado. Ocurrió hace 86 años.

Los pogromos, en un sentido amplio, forman parte de la historia de Europa. Toda la Edad Media registra asaltos a las juderías. A menudo eran consecuencia directa de prédicas incendiarias o de descontentos populares que se ensañaban contra la más débil de las comunidades. Ya en la modernidad, el pogromo, palabra de origen ruso que significa «destrucción» o «devastación», se hizo una práctica común en el Imperio de los Zares. Al asesinato del zar Alejandro II en 1881 siguió un ciclo de matanzas y ataques a los pueblos y barrios judíos que se prolongó hasta 1884. Nicolai Ignatief, ministro del Interior, consideró el crimen «actos de justicia espontánea del pueblo ruso explotado». No era el primer caso. Los había habido en 1821 y en 1859 en Odesa. Normalmente comprendían el incendio de las casas, el asesinato de los hombres y la violación de las mujeres. Hubo otro ciclo entre 1903 y 1906. El más famoso fue el pogromo de Chisinau, en la actual Moldavia, que en 1903 dejó un terrible saldo de 47 muertos, 592 heridos y más de 700 casas destruidas. En esa misma localidad hubo otro en 1905 con 19 muertos y 56 heridos. En realidad, los progromos tenían poco de espontáneos. Los grupos nacionalistas los organizaban con el apoyo activo o la complicidad pasiva de las autoridades. La Liga Sagrada, la Unión del Pueblo Ruso, las centurias Negras, la Nobleza Unificada y otras organizaciones consideraban al judío un enemigo de Rusia. Era común el lema «Golpea al judío y salva a Rusia». «Los protocolos de los sabios de Sion», el famoso panfleto antisemita, y otras obras como «El judío internacional», de Henry Ford, brindaron pretendidas coartadas para las masacres. En la historia del antisemitismo, abundan los intelectuales como profesores, escritores y periodistas.

El pogrom se convirtió en un instrumento de la práctica antisemita. Servía para sembrar el miedo e impedir el desarrollo de un pueblo siempre minoritario y carente de un Estado. Las autoridades rara vez veía estos crímenes como problemas de orden público. Eran infrecuentes las detenciones de los autores y aún más extrañas las condenas. No faltaban casos en los que se acusaba a los judíos de su propia desgracia. A fin de cuentas, se pensaba, algo habrían hecho si en todas partes los odiaban. De hecho, esa extensión el antisemitismo se pretendía erigir en justificación de la violencia: el judío se volvía sospechoso precisamente por sufrir violencia en tantos sitios. La confusión moral de la modernidad europea -madre del comunismo, el fascismo y el nazismo- tiene aquí uno de sus más tenebrosos ejemplos.

La práctica europea se aplicó también en el Oriente Próximo. El 23 de agosto de 1929, una turba de árabes armados de palos y cuchillos atacó las casas judías de la Ciudad Vieja de Jerusalén. De ahí, los llamamientos a matar judíos se extendieron por todo el Mandato Británico en Palestina. En Hebrón y Safed se perpetraron las mayores carnicerías. Como era sábado, la mayor parte de los judíos descansaba en sus casas. En Hebrón mataron a 67 en sus propios hogares e hirieron de gravedad a otros 66. La solución británica fue enviar a los judíos a Jerusalén de modo que los asesinos lograron su propósito: acabar con la comunidad judía de la ciudad, una de las más antiguas del Oriente Próximo. En Safed, por otra parte, mataron a unos 20 judíos. De nuevo, los asesinatos quedaron, en general, impunes.

Sería un error creer que los judíos fueron como ovejas al matadero. En Europa y en el Oriente Próximo trataron de organizar grupos de autodefensa precisamente porque las autoridades del territorio no los defendían. Este detalle importa: la autodefensa judía no fue el primer paso sino el último. Debería recordarse cuando de pretende que los israelíes se dejen matar sin defenderse.

No dejó de haber matanzas de judíos en Europa. Las anteriores a 1933 condujeron al Holocausto. Las posteriores -como el atentado terrorista de los Juegos Olímpicos Múnich de 1972- lo evocaron. Los juegos, por cierto, no se interrumpieron.

A esta tradición terrible de pogromos se remontan las imágenes de hinchas israelíes perseguidos como animales, pateados como perros, rodeados como piezas de caza por turbas que gritan en neerlandés y en árabe. ¿Se puede decir esto en Europa todavía? ¿Se puede decir que el antisemitismo que hoy campa por nuestro continente nace y crece en las comunidades islámicas surgidas de la inmigración? No firmaré la obviedad de que todos los musulmanes son antisemitas, pero sí advertiré que el antisemitismo ha prendido entre los jóvenes a quienes la propaganda antisemita ha intoxicado. Las campañas contra Israel, los israelíes y los judíos distan de ser espontáneas o casuales. El viejo antisemitismo se ha cruzado con el nuevo haciendo del Estado judío democrático el nuevo judío entre los Estados para beneficio de los enemigos de Occidente. En efecto, no odian a Occidente a causa de Israel, sino a Israel a causa de Occidente. Mientras ese odio canaliza el descontento, esos jóvenes no sé preguntan por la falta de derechos humanos en el mundo islámico ni por la corrupción rampante de tantos gobiernos ni por los que aterrorizan a sus vecinos en el Oriente Próximo. Mientras buscan judíos por las calles de Ámsterdam, no se cuestionan qué están haciendo los jefes de Hamás, de Hizbulá y de los Huthies con su propio pueblo. No se interesan por lo que hacen los ayatolás con el pueblo iraní.

Nosotros, en cambio, sí podemos preguntarnos que está fallando en Europa, en este caso en los Países Bajos, para que, de nuevo, se cace a los judíos por las calles. Es legítimo indagar dónde estaba la policía y qué falló a la hora de enfrentarse a esas turbas que pisoteaban cabezas al grito de «Free Palestine!». Si Europa quiere volver sobre sus pasos y retroceder a 1933, va por el camino adecuado. Los odios ajenos e importados se mezclan con los antiguos. La extrema derecha y la extrema izquierda compartieron un antisemitismo que ahora resurge con renovadas fuerzas.

La cacería dejó diez israelíes heridos y centenares encerrados en sus hoteles. Se dirá que es poco. Yo sostendré que es mucho porque es Europa misma la cuestionada en cada ser humano pateado por sus calles, acosado en las esquinas, escondido en un rincón silencioso para que no lo encuentren. Europa no es esto, no debe ser esto. Europa no puede volver a ser esto.

El jueves pasado, en Ámsterdam, la oscuridad se hizo más densa sobre Europa.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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