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ENTREVISTA

Blanco Corredoira: “Se ha construido una historia edulcorada de la Transición"

Blanco Corredoira: “Se ha construido una historia edulcorada de la Transición'
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Javier Nuez
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javiernuezelimparciales/11/6/11/23
viernes 03 de enero de 2025, 17:57h
Actualizado el: 04 de mayo de 2025, 22:02h

Blanco Corredoira (Madrid, 1968), escritor con una obra literaria que transita por la historia, el viaje y la identidad española —desde la División Azul hasta el Camino de Santiago—, aborda en su nuevo libro El Rey que todo lo perdió (SND Editores) una de las etapas más decisivas y complejas del siglo XX en España.

A través de la figura de Don Juan Carlos, la obra recorre casi medio siglo de historia: desde el pretendido alistamiento de su padre, Don Juan, en el ejército nacional en el verano de 1936, hasta los sucesos del 23 de febrero de 1981; es decir, desde que se comienza a vislumbrar la restauración de la Monarquía hasta después de la Transición.

El Rey que todo lo perdió se atreve a señalar las sombras de Juan Carlos I, las ambiciones de Adolfo Suárez o los errores estructurales de una Transición que, según el autor, sigue condicionando la descomposición política e identitaria de la España actual. Corredoira propone estudiar con rigor, no idolatrar, y recuerda que incluso los reyes, como los relatos nacionales, pueden perderlo todo.

En su obra literaria vemos que trata temas como Madrid, el Camino de Santiago o la División Azul, entre otros. ¿Qué le ha llevado a afrontar este ensayo histórico sobre 40 años claves de España en el siglo XX, con Don Juan y Juan Carlos como hilos conductores?

Para explicar cómo se produjo la restauración de la monarquía quise empezar prácticamente desde que nace Don Juan Carlos. La verdad es que desde niño he seguido con mucho interés la evolución política de España. Aún lo era en la Transición y aún así la viví con gran interés. Luego, ya en la universidad, tuve la oportunidad de formar parte del grupo joven de la Asociación Católica de Propagandistas, donde tuve trato personal con personajes como Marcelino Oreja, Alfonso Osorio y otros miembros del primer Gobierno de Suárez cuando venían a comer con nosotros. He conocido desde joven lo que fue la Transición y he leído mucho sobre el tema: biografías, memorias… He querido poner en claro cómo sucedieron los acontecimientos. La mitad del libro está dedicada básicamente a la Transición, pero no toda.

¿Cómo se llega al título El Rey que todo lo perdió?

El primer título que había pensado era La monarquía accidental para explicar que es accidental en dos sentidos: en el sentido de interinidad de un régimen, y en el sentido de la causa que da origen al régimen, que es un accidente histórico -la Guerra Civil- que condiciona el acontecer subsiguiente. El título me parecía que reflejaba muy bien el devenir y declive del personaje. Yo trato con bastante rigor, conocimiento y respeto la figura de Don Juan Carlos, pero evidentemente las circunstancias actuales ofrecen una serie de sombras sobre su actuación. Ha habido logros importantes pero también hay unos fracasos evidentes que lo han llevado a la situación actual. Creo honestamente que el Rey lo que ha perdido sobre todo es el cariño de los españoles, de una gran parte al menos, y eso es una gran derrota para un rey.

Su obra derriba un mito tras otro de esa época: la figura de Don Juan, Adolfo Suárez, la Transición, la Constitución del 78, el golpe del 23F… Llega a hablar de mitos “tan dogmáticos como falsarios” de aquellos años de los que participan los cronistas contemporáneos. ¿A cuáles se refiere?

Creo que se ha construido una historia edulcorada de la Transición. La Transición es un logro político histórico en cuanto a que se pasa de un Régimen anterior al actual, el del 78, sin una quiebra en la convivencia de los españoles. Pero no es que saliera perfecto ese paso. Ahí están los 800 muertos por terrorismo, el 23-F… no fue una operación tan limpia. Fue proyectada por hombres del Régimen como los Carrero y los López Rodó. Lo fundamental es que no conviene ni defender ni atacar la Transición, como propone ahora Juan Fernández-Miranda. Conviene estudiarla y analizarla. Si lo hacemos, comprendemos que hay cosas que se hicieron mal. Así, vemos el porqué de la situación actual de descomposición de España. De que los Gobiernos desde hace mucho están en manos de quienes no quieren ser españoles y quieren destruir la nación española. Algo que ha sido posible por unos errores que se cometieron en la Transición que conviene analizarlos. Uno de esos mitos que analizo es el del consenso. Y no hablo por mí, hablan Torcuato Fernández-Miranda, Emilio Romero… y explican lo que de verdad fue el consenso. Una palabra bonita que sirvió para esconder por aquel entonces una derrota, un entreguismo por parte de Adolfo Suárez a la izquierda y a los nacionalistas en un momento en el que Suárez podría haber gobernado con Alianza Popular, que le daba la mayoría absoluta. Las legislaturas del 76 y del 79 estuvieron marcadas por ese entreguismo a la izquierda y a los nacionalistas.

No tiene remilgos tampoco a la hora de describir la figura de Suárez como “un presidente disponible”, “ambicioso” o “pieza de engranaje”.

He estudiado con mucho detenimiento la figura de Suárez. Hay obras importantes a las que hago referencia como las de Eduardo Navarro, Luis Herrero o Gregorio Morán. Era un hombre de una personalidad compleja, con evidentes méritos, mucha ambición y mucho tesón. Pero creo que Suárez actuó de esta manera porque vivía atenazado por varios complejos. Por un lado, de origen: por su poca preparación arrastraba un trauma personal que explico en el libro; en aquella época no había un ministro que no fuera un catedrático, un notario, un letrado en Cortes… él se había sacado la carrera a distancia y no tenía ningún postgrado, le costó mucho acceder. Por otro, él había estado muy significado como franquista: así, cuando muere Franco hubo una carrera por recolocarse -en una Europa en la que la izquierda con la socialdemocracia y los partidos comunistas tenían muchísima fuerza-, por lo que le pareció conveniente posicionarse en el centro izquierda, disputando con Felipe González ese terreno de la socialdemocracia. ¿Por qué Suárez actúa así? Por sus complejos de haber sido franquista y de ser un hombre propuesto por Torcuato Fernández-Miranda al Rey. Ambos pensaron que llevaría a cabo la Ley para la Reforma Política y que después daría un paso a un lado. Él se rebeló y decidió presentarse a las elecciones de 1977. Todo esto lo explico con mucho detalle en el libro, justificando cada afirmación con documentación.

Echando la vista todavía más atrás, ¿llegó Don Juan a tener alguna posibilidad real de ser Rey?

Sí la tuvo. Creo que no fue elegido Rey muy a pesar de Franco. La figura de Don Juan, para mí, ha crecido en el sentido de que era un patriota y creo que hubiera sido un mejor Rey que Don Juan Carlos en el año 75. Habría accedido al trono con 63 años y creo que habría hecho las cosas mejor. No tenía veleidades con el dinero que luego llegó a tener Don Juan Carlos, que llegó hipotecar compromisos aceptando dinero fácil de Arabia, Iraq… Don Juan perdió la ocasión de ser Rey en el año 47 con el manifiesto de Estoril. Fue Carrero Blanco quien, desde la subsecretaría de Presidencia, en la sombra, sugiere que habría que empezar a pensar más en “Juanito”, que por entonces tenía nueve años. De todos modos, Franco no hace oficial la decisión hasta el año 69. Él justificaba que no jugaba una carta sin ver la que venía después. No tenía del todo claro que Juan Carlos fuera a ser el rey que esperaba. Quizá Don Juan, que fue cambiando de opinión y hasta sometiéndose en cierto modo a las exigencias de Franco, podía haber dado algún paso más de acercamiento. La relación entre ellos dos fue una pugna y una rivalidad por la jefatura del Estado. Políticamente no había diferencias entre ellos.

Desde el futuro, cuando se mire al reinado de Juan Carlos I, ¿cómo cree que será vista su figura?

Creo que el tiempo va a ser un poco cruel con él. Por desgracia, la fotografía última va a tener demasiado peso. Es como en muchas biografías: a Churchill se le recuerda como el hombre grueso y mayor de finales de los 40 y no como el joven apuesto de principios de siglo. Con Don Juan Carlos pasará lo mismo. Va a ser recordado por la imagen de la abdicación en adelante. Esa es mi opinión pero puedo estar equivocado, claro.

También habla en el libro de la figura de la Reina Sofía, a la que no deja de elogiar.

Doña Sofía fue una gran Reina, una gran señora. Potenció y acrecentó la figura de Don Juan Carlos. En primer lugar, ante Franco, quien llegó a sentir un cariño extraordinario hacia los dos. En ocasiones, la figura del cónyuge es decisiva en la consolidación de una figura pública, y este fue uno de esos casos.

Usted pregunta en el epílogo: “¿Debe tomarse la Constitución del 78 como unas tablas de la ley? ¿O cabe denunciar las fallas de un sistema que en su organización territorial ha devenido en un auténtico disparate?”

Esa pregunta nos la hacemos muchos. Creo que hay personas que sienten que no existe esta desaparición de la realidad nacional, de España como circunstancia, en muchos territorios. Entiendo que haya gente que no lo percibe así, pero siento que la España que yo conocí de niño, la España que yo quisiera, me la han robado. Los grandes defensores de la Transición siempre hablan de la genialidad política de la Ley para la Reforma Política de Torcuato Fernández-Miranda. Esa “genialidad política” fue cambiar una realidad constitucional, un ordenamiento jurídico, a través de otra ley. Me atrevería a proponer el ir recentralizando y blindando algunas competencias. Estamos asistiendo a una carrera desenfrenada, como dijo en su día Aznar, para que el Gobierno deje de ser más Gobierno. Ahora mismo, ya son los Mossos d'Esquadra los que van a vigilar puertos y aeropuertos, mañana decidirán sobre inmigración, pretenden recaudar los impuestos de Cataluña y no rendir cuentas con nadie… si eso no es una ruptura de España, que venga Dios y lo vea. Lo que propongo no es una revolución del sistema pero sí una revisión.

Algunos afirman que estamos ante el fin del conocido como Régimen del 78. ¿Está de acuerdo?

Creo que no estamos tan cerca de su fin, al menos formalmente. El Régimen del 78 tiene una constitución que es muy complicada de cambiar por las mayorías que requiere para su reforma. Con el fraccionamiento actual de los grupos parlamentarios es muy difícil que pueda haber un acuerdo. Además de la posterior disolución de las Cámaras, el referéndum, unas nuevas elecciones y unas nuevas Cortes que se han de rectificar también. Estamos muy lejos de cambiar la Constitución en lo fundamental. El Régimen del 78 se va a mantener.

Si el título de su libro con Don Juan Carlos como protagonista fue El Rey que todolo perdió, ¿cuál sería el encabezado si en el futuro hiciera lo mismo con Felipe VI?

Creo, aunque a lo mejor me equivoque, que Don Felipe está actuando de una forma muy distinta. Se parece más a su madre que a Don Juan Carlos. Creo que no se está dejando llevar por ninguna licencia o veleidad, ya sea de su vida privada, ya sea de los negocios. No está suscribiendo las hipotecas que hizo su padre. Luego el tiempo es cruel y pasa algunas facturas, algunas letras. Creo que Don Felipe pasará a la historia como un Rey muy digno, que ha representado muy bien a los españoles. Esa es la impresión que tengo en estos momentos. La algarada de Paiporta, por ejemplo, será histórica. Es muy reciente y no somos capaces de apreciar la verdadera dimensión que alcanzará cuando pasen los años. Se recordará al igual que del 23-F se recuerda el gesto de Suárez y de Gutiérrez Mellado, un gesto espontáneo que sorprendió a los españoles y dignificó a sus protagonistas. El comportamiento de los Reyes en Paiporta pasará a la historia como un acto de tremenda dignidad. En sentido contrario, el gesto de Pedro Sánchez será recordado igualmente en la historia, pero como un gesto de una triste cobardía.

Blanco Corredoira: “Se ha construido una historia edulcorada de la Transición'
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