Una lona creada por Miguel Ángel Tornero cubrirá el Palacio de Cristal durante los trabajos de restauración que se están llevando a cabo en el edificio del parque del Retiro.
El Palacio de Cristal es una de las sedes del Museo Reina Sofía junto al antiguo Hospital General de Madrid - sede principal - y el Palacio Velázquez también en el Retiro.
Los trabajos de restauración y reparación que se realizan actualmente en su estructura impiden acoger público, por lo que el Reina Sofía replantea la sede mostrando obra de varios artistas en formato de lona.
El primer artista que participará en este ciclo es Tornero (Baeza, 1978), con Gran friso, una obra ideada especialmente para las lonas que recubren el edificio durante el primer año de trabajos de restauración. En sus últimos trabajos Tornero parte de fotografías que toma en su vida cotidiana, que tienen como escenario el paisaje inmediato del Madrid donde reside, y que retratan desde lo pequeño y nimio de las interacciones sociales en la ciudad hasta la monumental arquitectura del poder que caracteriza a la capital.
"Esas fotografías –fragmentos en sí mismas de una realidad mayor–, las recorta, las superpone a otras imágenes e intercambia escalas y motivos para dar lugar a collages de gran complejidad donde se insertan los restos de una multiplicidad de representaciones posibles de la ciudad", explica el museo.
Para Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía, Gran friso, siguiendo la tradición de la Procesión de las Panateneas del Partenón de Atenas o del Ara Pacis en Roma, “muestra una narrativa visual que se descubre al rodear el edificio, pero donde los frisos de la tradición de los templos clásicos contaban grandes gestas, Tornero toma el pulso de la ciudad en sus mitologías mundanas, dando espacio a la vida misma”.
Tornero destaca que “la interacción entre las lonas, la estructura del Palacio y los elementos externos en obra añade una capa adicional de complejidad, donde la arquitectura y la intervención artística se entrelazan en un diálogo continuo”.
La técnica con la que ha producido su obra también mantiene la intimidad de lo cotidiano y la simplicidad de la naturaleza circulatoria de lo usado. El proceso comienza con la manipulación de los recortes de unas fotografías impresas de un máximo de 15 centímetros de alto, pegados unos a otros con cinta adhesiva doméstica. Luego son colocados sobre una maqueta de madera y cartón que reproduce la arquitectura, para ser finalmente fotografiada.