www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ASIER ARANZUBIA

"Hoy sería muy oportuno volver a poner en marcha una escuela de cine estatal"

José Manuel López Marañón
viernes 17 de enero de 2025, 08:50h
Actualizado el: 17/01/2025 08:57h
'Hoy sería muy oportuno volver a poner en marcha una escuela de cine estatal'
Ampliar

Tras el reportaje sobre la exposición Los cien metros libres, el comisario de la muestra, Asier Aranzubia (Bilbao, 1973), atiende a este periódico. Doctor en Comunicación Audiovisual por la UPV y profesor en el Departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid, Aranzubia ha participado en publicaciones académicas como Secuencias, Archivos de la Filmoteca, Revista de Occidente, ZER o Signa. Entre 2007 y 2011 formó parte del consejo de redacción de Cahiers du Cinéma España, donde colaboró como crítico. Entre 2012 y 2017 fue miembro del consejo de redacción de Caimán. Cuadernos de cine. Es autor de Carlos Serrano de Osma. Historia de una obsesión (Filmoteca Española, 2007); de la monografía Alexander Mackendrick (Cátedra, 2011); y de libros de entrevistas como El mapa de la India. Conversaciones con Manolo Matji (Cuadernos Tecmerin, 2013). Asier Aranzubia ha sido miembro de la Asociación Española de Historiadores del Cine y, en 2024, ha publicado, junto con José Luis Castro de Paz, Escuela de cineastas (Cátedra / Filmoteca Española).

La exposición de la que usted es comisario nos informa de la procedencia estatal de tantas escuelas de cine que surgieron durante el siglo XX (la soviética, italiana, francesa, checa o polaca). La Escuela de Cine española también se fundó con dinero público. Vistos los excelentes resultados en los países en los que se apostó por esa fórmula, no se explica bien cómo, por lo menos en España, no se siguiese confiando en ella.

¿Cree Asier Aranzubia que enseñar cine desde instituciones estatales es un modelo hoy en día obsoleto y quizá ya impracticable?

No lo creo. De hecho, me parece que sería muy oportuno volver a poner en marcha una escuela de cine estatal (como lo fue el IIEC-EOC) en la que los precios de la matrícula fueran un poco más asequibles. La proliferación, en los últimos años, de escuelas de cine privadas demuestra que sigue existiendo una gran demanda para este tipo de enseñanzas.

En los demás países europeos, ¿también se ha dejado de lado este camino?

Hasta donde yo sé, algunas de las escuelas europeas que se fundaron durante la primera mitad del siglo pasado siguen existiendo. Algunas han cambiado de nombre pero otras responden todavía a su denominación inicial. Tal sería el caso de la mítica FAMU de Praga, a la que pude acercarme hace unos años con motivo de una estancia de investigación que realicé a la universidad Karlova de Praga.

Más de 150 profesores enseñaron en la Escuela de Cine. Muchos eran antiguos alumnos (Luis García Berlanga, Carlos Saura, Pilar Miró o José Luis Borau), otros eran profesionales del medio (Carlos Serrano de Osma, Arturo Ruiz Castillo, Luis Prendes o Ana Mariscal) y un tercer grupo docente procedía de la universidad (catedráticos de Literatura e Historia del Arte como Joaquín Entrambasaguas y José Camón Aznar).

Con semejante nómina no resulta raro que el cine español viviese su época de oro durante la segunda mitad del pasado siglo. Aprender montaje con Berlanga y guion con Pilar Miró, por poner solo dos ejemplos, fue un impagable privilegio que aquellos alumnos supieron aprovechar.

La pasión docente que compartieron grandes cineastas españoles y catedráticos universitarios durante la época de la Escuela de Cine… ¿tiene continuación en España? ¿Queda hoy bien garantizada desde la Universidad y las academias privadas la enseñanza del cine?

Yo diría que la universidad proporciona una base teórica e histórica sólida y unas primeras nociones prácticas que después las escuelas de cine se encargan de desarrollar, sobre todo, a través de la especialización en cada una de las profesiones cinematográficas: dirección, guion, montaje, producción, etc. Muchos de los alumnos de las escuelas de cine que hay en España son licenciados universitarios en Comunicación Audiovisual que buscan, en dichas escuelas, una formación mucho más práctica y especializada. Según me han comentado algunos de ellos, esa enseñanza más de corte teórico y analítico que les proporcionamos en la universidad les resulta después de gran ayuda a la hora de afrontar esa otra formación más práctica que ofrecen las escuelas de cine.

En la exposición, se nombra a Carlos Serrano de Osma como el profesor más recordado y respetado de la Escuela de Cine. Fueron dieciocho cursos impartiendo la asignatura estrella del plan de estudios (Dirección), e «inoculando en los estudiantes su pasión por el cine». Usted ha dedicado al director de Embrujo (1947) su libro Carlos Serrano de Osma. Historia de una obsesión.

¿Fue tan decisivo el alcance de sus enseñanzas?

Es difícil calibrar cómo de importantes son los maestros. Supongo que para algunos alumnos lo sería más que para otros… Pero el hecho de que impartiera la asignatura estrella (Dirección) durante 18 cursos y que en sus testimonios los alumnos lo recuerden como un buen profesor, creo que es significativo. Como recordaba Jesús Franco en un artículo de Film Ideal que recuperamos en la exposición, varias generaciones de directores se incorporaron a la profesión pasando directamente desde el aula de Serrano, donde habían aprendido el oficio. Así, que tal vez el elemento que daba coherencia y unidad al cine de todos esos cineastas eran, precisamente, las enseñanzas de Serrano.

¿Vislumbra usted hoy alguna figura del mundo del cine tan deseosa de compartir talento y experiencia con un alumnado?

Tanto en las universidades como en las escuelas de cine españolas hay, a día de hoy, excelentes profesores. Tendemos a pensar que los grandes profesionales de la enseñanza (y de otras disciplinas) están fuera de nuestro país pero eso, que tal vez fuera cierto en el pasado, ya no lo es.

El profesor de montaje Luis García Berlanga con unas alumnas.

La mejora de medios que experimenta la Escuela de Cine desde finales de los años cincuenta permite que los alumnos rueden cantidad de prácticas en forma de cortos y mediometrajes. Los estudiantes de dirección los realizan acompañados por alumnos de otras especialidades. Así, además de encargarse de la fotografía, los cámaras realizan otros ejercicios: pruebas de colocación y movimientos de cámara, ejercicios de iluminación o pruebas de fotogenia con compañeros de interpretación. Un alumno de esta especialidad asegura: «No hubo día, durante los tres años en que estuve matriculado en la Escuela Oficial de Cine, en el que no empuñara una cámara».

Al no estar sujetas a la censura franquista, las prácticas que Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Carlos Saura, Manuel Summers, Basilio Martín Patino, Francisco Regueiro, Mario Camus, Víctor Erice, Cecilia Bartolomé, Josefina Molina, Iván Zulueta, Manuel Gutiérrez Aragón o Imanol Uribe ruedan en la Escuela de Cine enriquecen la imagen del país y de las gentes, algo que luego se aprecia bien en el cine profesional de la época.

Escuela de cineastas, libro coescrito por usted junto a José Luis Castro de Paz, analiza en detalle las prácticas más relevantes de aquellos alumnos. También incide en determinar en qué medida dichos trabajos de formación modifican o completan la idea que teníamos hasta ahora del cine español.

Nos gustaría que comentara algo sobre su libro. También que nos dijese hasta qué punto su lectura complementa la información suministrada durante la visita a la exposición.

El libro se ocupa sobre todo de las películas que se rodaron en la Escuela. De hecho, intenta poner en valor esos trabajos de formación de los grandes directores del cine español porque consideramos que algunos de ellos (no todos) merecen un lugar en las historias del cine español. La exposición ofrece un acercamiento distinto a la Escuela en la medida en que la dimensión histórica y la descripción de los procesos creativos y de enseñanza tiene aquí mucho más peso que en el libro donde lo que predomina, como te digo, es el análisis más o menos pormenorizado de las prácticas que se rodaron en la Escuela. Lógicamente, hay conceptos e ideas que están tanto en el libro como en la exposición. Por ejemplo, la idea de que la especialidad de Interpretación de la Escuela se puede pensar a partir del concepto de star-system proviene del libro. Pero como digo, son dos acercamientos distintos. La exposición además intenta dirigirse a un público más amplio y no solo a ese público especializado (historiadores, cinéfilos…) que es el que a la postre va a leer el libro. En la exposición hemos hecho un esfuerzo de síntesis y de divulgación que no era necesario en el libro.

Fallecido Carlos Saura en 2023 (antes nos habían dejado Mario Camus, Miguel Picazo, Martín Patino, José Luis Borau, Iván Zulueta…) e inactivos desde hace tiempo ex alumnos de la Escuela de Cine como Jaime Chávarri, Manuel Matji, Manuel Gutiérrez Aragón o Pedro Olea, en activo solo parece aguantar, de aquellas brillantes y talentosas generaciones de cineastas, Víctor Erice. Autor de Cerrar los ojos, la película que, para mí, es la mejor de este primer cuarto de siglo, no somos pocos quienes suspiramos para que el genio vizcaíno acometa, a sus gloriosos y lucidísimos 84 años, otro rodaje.

Buscando ahora la faceta de crítico cinematográfico que usted ha ejercido durante mucho tiempo tanto en la versión española de Cahiers du Cinéma como luego en Caimán. Cuadernos de cine, ¿puede decir para los lectores de EL IMPARCIAL cómo ve el presente y el futuro creativo de nuestro cine?

Creo que el cine español reciente se caracteriza por eso que Santos Zunzunegui ha llamado un nuevo costumbrismo. Es un cine cuya importancia parece medirse antes por los temas que trata (a poder ser «candentes») que por las formas (cinematográficas) en las que se encarnan y amplifican dichos temas. El resultado es un cine bastante estandarizado en el que apenas hay sitio para la audacia expresiva.

¿Qué cineastas, nacionales e internacionales, nos recomendaría Asier Aranzubia como de obligada visión?

De las españolas me quedo con las dos películas que más gratamente me han sorprendido en los últimos años: Espíritu sagrado, de Chema García Ibarra y La estrella azul, de Javier Macipe. Del panorama internacional me interesa mucho, por ejemplo, el cine de Alice Rohrwacher (La quimera y, sobre todo, Lázaro féliz) y en un registro muy distinto, la última película de Alexander Payne, Los que se quedan.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(2)

+
0 comentarios