Exhibición de Fangio y Sirianni en una primera parte calamitosa de los Chiefs que acabó 24-0. Palizón que deja en 'shock' a Estados Unidos (40-22). Hurts, MVP, se gana su anillo.
Los Philadelphia Eagles levantaron este lunes su segundo trofeo Vince Lombardi tras conquistar la Super Bowl LIX. Arrasaron a los Kansas City Chiefs en el Superdome de Nueva Orleans con un ejercicio defensivo para los anales de este deporte. Su superioridad en el pass rush y en las vigilancias de la secundaria abortaron de cuajo las opciones de los vigentes campeones de lograr su pionero tercer anillo consecutivo. El resultado final (40-22) no hace justicia a lo visto en el emparrillado porque el bloque liderado por Jalen Hurts sobresalió en todas y cada una de las facetas de tal modo que convirtió esta cita en uno de los peores partidos de la carrera deportiva de Patrick Mahomes. Y con el genio de la NFL (venía de hacer un 111.9 de passer rating contra los Buffalo Bills) nublado, todo lo demás fue sobre ruedas para el plan de Nick Sirianni, que también resplandeció en ataque con valentía. De hecho, se jugó un cuarto down a las primeras de cambio.
El público congregado y los más de 150 millones de telespectadores asistieron a un inesperado golpe de autoridad del conjunto de Pensilvania. Porque una cosa es firmar la mejor temporada regular que se les recuerda (14-3 fue su marca) o asestar un palizón a los Washington Commanders en la final de la Conferencia Nacional (55-23), y otra muy distinta es acomplejar al máximo favorito de la liga de fútbol americano estadounidense con una contundencia inaudita. Los halagos se concentrarán en la actuación del MVP Hurts (221 yardas y dos touchdown de pase, una intercepción y un 77% de acierto, y 72 yardas y una anotación de carrera), el quarterback que más touchdowns terrestres acumula en playoffs (10), pero la intrahistoria señala la sabia labor de los coordinadores defensivo -Vic Fangio- y ofensivo -Kellen Moore- como la verdadera artífice de este éxito colosal.
Hurts y los Eagles aplastan a los Chiefs de inicio
El primero se encargó de negar todo margen de maniobra a Mahomes. Le dejó con sólo 33 yardas de pase al descanso (lo nunca visto en su currículum), una cifra que describe lo sucedido. En el primer tiempo el líder de los Chiefs sufrió tres sacks (acabaría con seis capturas concedidas, el mayor número en un partido desde que es profesional) y se sintió siempre urgido para lanzar. Padeció el rigor físico de una línea defensiva que agujereó el puesto de tackle izquierdo de Kansas, un rol remendado con parches y cuya debilidad ha estallado en el día decisivo. Con esa incomodidad asfixiante Mahomes quedó amarrado y en el intermedio condujo a sus compañeros a las inexplicables cifras de 26 yardas totales (en 26 jugadas) y a 10:01 minutos de posesión de los 30 jugados. Además, como su línea hacía aguas y le tocaba pasar más rápido de lo normal (porque Fangio le sepultó también las opciones de carrera al pasador y el espacio a sus receptores), en los dos cuartos iniciales concedió dos intercepciones que desnivelaron del todo el encuentro. La mejor defensa del campeonato allanó el terreno para el paroxismo verde.
Andy Reid no supo localizar soluciones en esa fase del juego (nunca probó de verdad a mezclar con las carreras de Kareem Hunt o Isiah Pacheco) y, lo más llamativo, Steve Spagnuolo tampoco supo reaccionar al inteligentísimo engaño planteado por Sirianni y Moore. Y es que si los Eagles destacaban por su potentísimo juego de carrera, encarnado en el resplandor del excelso running back Saquon Barkley, a la hora de la verdad se dedicaron a pasar una y otra vez el oval. La defensiva de los Chiefs se había preparado a conciencia la manera de frenar al torrente terrestre del escuadrón de Filadelfia y triunfó en eso, con Nick Bolton destacado (el corredor sólo sumó 57 yardas esta madrugada), pero le abrió las puertas a Hurts. En consecuencia, el quarterback disfrutó del tiempo y espacio justos, de la protección anhelada, y se reivindicó en esa suerte menos favorable para sus características. Avisó en el primer drive con un pase de 30 yardas para A.J. Brown -anulado por una dudosa interferencia- y en su segunda posesión conectó con Jahan Dotson para 27 yardas y dejar sembrado el touchdown inaugural, que tomó forma con un tush puss de Hurts (7-0, min. 8:45).
Salió en la foto el cornerback Trent McDuffie, que perdería el baile con Brown con una virulencia imprevista y cometió una falta absurda fundamental en esa anotación inicial. Este envite se trataría de aprovechar las oportunidades más que de cualquier otra cosa y ahí los Eagles dieron un golpe sobre la mesa tras otro. Aplicaron un doble marcaje a Travis Kelce (casi inédito), siguieron persiguiendo con saña a Mahomes, no les dejaron superar un tercer down hasta el tercer cuarto -llegaron a acumular un cero de ocho en este apartado- y en ataque consumieron el crono con un hambre que brota de la final perdida ante Kansas en 2023. Asimismo, el control total de la línea ofensiva más alta y pesada de historia de la Super Bowl era superlativo y sólo una pobre decisión y pase de Hurts (interceptado por Bryan Cook) les evitó distanciarse temprano. Aún así, la defensa de Fangio enmendó el error y provocó un tres y fuera inmediato del impotente sistema de Reid, que a continuación frenó a Barkley pero dejó aire a Hurts para que alimentase a A.J. Brown de nuevo y brindase un gol de campo de 48 yardas a Jake Elliott (10-0, min. 21:22).
A estas alturas empezaba a torcérsele el gesto a un Mahomes impedido porque su línea ni se acercaba a protegerle. Así las cosas, el pasador tejano se apresuró y comenzó a tomar riesgos. Le sobra clase para improvisar con precisión, pero su arsenal de milagros no es infinito. Esta noche la defensiva de los Eagles le humanizó sin debate, recordando a aquella de los Tampa Bay Buccaneers de Todd Bowles en la final de 2021 -cuando le dejaron en nueve puntos para que Tom Brady cosechase su séptimo anillo-. Los cazadores Josh Sweat y Milton Williams martirizaron a Patrick hasta el punto de llevarle a lanzar una intercepción impropia que el cumpleañero novato Cooper DeJean transformó en un touchdown con un pick six' de 38 yardas. Era la primera intercepción del pasador en sus últimos 300 pases y en este escenario sumaría otra, la que capturó el valioso linebacker Zack Baun para que A.J. Brown celebrase su anotación, tras un pase de 12 yardas de Hurts (24-0, minuto 28:25). Así, Sirianni y sus muchachos se marcharon a vestuarios en volandas y con su punto número 87 en los dos últimos minutos del primer tiempo. Nadie en la liga se ha acercado siquiera a esa cifra este curso.
Con el arma de destrucción masiva Barkley dedicado a labores de fontanería y sin usar ni un blitz (no lo harían en todo el minutaje), coparon los focos con rotundidad y dejaron la cita vista para sentencia. Sólo había un precedente de remontada de una diferencia semejante en una Super Bowl, ocurrió cuando los New England Patriots de Brady levantaron un 28-3 a los Atlanta Falcons (en 2017), y a eso se agarraban los campeones Chiefs. A eso y a la ilusión de un bajón de concentración de sus contrincantes... que no llegaría. El balance de 23 a 179 yardas totales (20 a 117 en yardas aéreas) se ampliaría en una reanudación que arrancó con dos sacks sobre Mahomes y el enésimo punt. Misma receta y rigor defensivos y parecida solidez atacante. Porque Moore ordenó que siguieran pasando aunque la inercia invitaba a usar el juego de carrera para quemar el reloj. De ahí sacaron dos goles de campo de Elliott (de 29 y 48 yardas) y el highlight de Hurts: tras un turnover on downs de Kansas se sacó un bombazo de 46 yardas que recibió DaVonta Smith en la end zone (34-0, minuto 42:20). En la primera jugada del drive. Y en la cima del rebuscado plan ofensivo que desconcertó a Spagnuolo, quien mientras tanto se mantuvo en el hierático y eficaz freno de la carrera (como hizo hace un año ante Christian McCaffrey).
La defensa de los Eagles maniata a Mahomes
Apareció el cuerpo de receptores de Filadelfia para reivindicarse justo en el momento de la verdad. Smith, A.J. Moore y Dotson respondieron a la exigencia, dieron un respiro a Dallas Goedert (infrautilizado) y retrataron a McDuffie, Jaylen Watson y compañía. Sólo Drue Tranquill y Bolton dieron la talla en la defensiva del favorito. Ni rastro de los pass rushers George Karlaftis, Tershawn Wharton, Charles Omenihu o Chris Jones. Hurts recibió muy poca presión y pudo mandar. Y en el otro costado Mahomes sólo difrutó de respiro en el desenlace. Cuando se lo permitieron los 'perros' de Fangio, que todavía le dedicarían en el último cuarto un sack fortísimo de Williams que devino en un fumble recuperado por el mismo defensor. Con todo decidido y menos exigencia, el triple campeón destapó su genialidad y orgullo con pases maravillosos que derivaron en tres touchdowns postreros. Entraron en la estadística de anotadores Xavier Worthy (dos veces) y DeAndre Hopkins mas en el global no supondría otra cosa que maquillaje. El pasador estiraría su producción hasta las 257 yardas, tres anotaciones de pase y 21 de 32 en los intentos) pero se marcharía resignándose a la evidente inferioridad de sus compañeros en esta fecha. Les faltó chispa en todos los lances.
Así se desarrolló el éxtasis de los Eagles, que compitieron con una energía nutrida por la sed de venganza. Jalen Carter y Brandon Graham -recuperado a última hora de una reciente rotura de tríceps- tejieron la incomodidad del heredero de Brady y confirmaron a su equipo como una suerte de 'matagigantes' moderno, ya que han logrado destronar a los Chiefs de Reid y a los Patriots de Bill Belichick, la dos últimas dinastías de la NFL, en siete años. El segundo anillo de la historia de la franquicia de Pensilvania se hizo materia sostenido desde los despachos -imprescindibles las decisiones de Jeffrey Lurie y Howie Roseman, creadores de ambas alegrías para la ciudad del amor fraternal- y el banquillo. Porque Sirianni, que ha aguantado menosprecios y minusvaloraciones, condujo el barco del modo correcto con personalidad. Pulió la plantilla de 2023, aguantó las críticas por el resultado del pasado año y presentó un bloque más completo esta temporada: la mejor defensa del año y uno de los mejores juegos de carrera de siempre (nadie ha corrido tantas yardas en la historia). Aquella reunión sincera en el descanso de la quinta semana, en octubre, donde se dijeron las quejas a la cara en el vestuario uno a otros, ha desembocado en champán y confeti. Con ese tipo de catarsis, cohesión y compromiso se construyen los colectivos que conquistan la gloria.