Con Mitridate, re di Ponto, Ivor Bolton (Blackrod, Inglaterra, 1958) dirige su última producción en el foso del Teatro Real como director musical de la institución, cargo que ocupa desde septiembre de 2015 y hasta el final de la presente temporada. Sin embargo, su debut en el Real había sido mucho antes, en 2007, con Leonore, de Beethoven, en versión de concierto y al frente del Coro y Orquesta Nacionales de España.
Ivor Bolton llegó a Madrid con una consolidada y reconocida carrera como clavecinista, director de orquesta y también de ópera, con un vínculo de más de tres décadas con la Ópera Estatal de Baviera -desde 1994 hasta la actualidad-, con el Mozarteum Orchester Salzburg -del que fue director entre 2004 y 2016-, y la presencia regular en festivales como los de Glyndebourne y Salzburgo, además de sus actuaciones en los más importantes auditorios y teatros de todo el mundo y una larga lista de grabaciones discográficas y audiovisuales, muchas de ella premiadas.
Su musicalidad, sensibilidad y dominio de distintos lenguajes, estilos y estéticas musicales queda de manifiesto en los títulos que dirigió en el Real, entre los que predominaron las óperas de Mozart -Mitridate, re di Ponto, Lucio Silla, Idomeneo, re di Creta, Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y La flauta mágica-; Händel -Rodelinda, Parténope, Orlando y Theodora-; y Britten -Peter Grimes, Billy Budd y Gloriana. Pero Bolton digirió con un éxito similar otras obras de los siglos XVII y XVIII con su especial estilo historicista, en el que incorpora a la Orquesta Titular del Teatro Real algunos instrumentos “originales” o sus técnicas interpretativas con la colaboración de concertinos especializados. Tal fue el caso de La Calisto, de Cavalli; Aquiles en Esciros, de Corselli; Alceste, de Gluck; o Medea, de Cherubini. Del siglo XIX se atrevió con La prohibición de amar, título poco frecuentado del “primer Wagner” y triunfó con sus lecturas de distintas obras del siglo XX como Rusalka, de Dvorak; Jenufa, de Janacek y El gallo de oro, de Rimski-Kórsakov, así como las obras de Britten ya mencionadas. También hizo una incursión en el repertorio de este siglo con Only the sound remains, de Kaija Saariaho.
Bolton ha contribuido al prestigio de la Orquesta Titular del Teatro Real, renovando lentamente su plantilla con la incorporación de excelentes músicos, invitando a los concertinos más adecuados a cada producción y dotando a la orquesta de una ductilidad y plasticidad que le permiten lograr interpretaciones con el empaste, estilo y lenguaje adecuados a cada partitura.
En 2023 Bolton fue nombrado Comandante de la Excelentísima Orden del Imperio Británico por el rey Carlos III de Inglaterra a propuesta del Consejo de Ministros del Reino Unido, “por sus servicios a la música”. También el Teatro Real reconoció su gran aportación al perfeccionamiento de su orquesta concediéndole uno de sus premios en el mismo año.
La trayectoria de Ivor Bolton en el Teatro Real está asociada a la de Joan Matabosch, que lo propuso como director musical del Teatro Real después de un gran período sin que ese cargo estuviera cubierto por decisión de Gerard Mortier, director artístico de la institución entre 2010 y 2013.
Ahora, después de 10 años de trabajo conjunto, Joan Matabosch explica, a modo de balance: “El legado de Ivor Bolton a la Orquesta Titular del Teatro Real ha sido desarrollar su flexibilidad y su capacidad de adaptación camaleónica a todos los estilos. Desde un trabajo meticuloso sobre el repertorio de los siglos XVIII y XX, que Bolton conoce, domina y defiende con pasión, ha conseguido modelar la orquesta y potenciar la capacidad de sus músicos para escucharse mutuamente, amoldarse a discursos rítmicos, armónicos y vocales antagónicos, dirigiendo siempre desde un respeto y empatía admirables hacia la sintaxis musical y dramática de las producciones operísticas. Por eso es un maravilloso colaborador de los grandes directores de escena, que adoran trabajar con él”.
También Ignacio García-Belenguer, director general del Teatro Real, expresa su agradecimiento a Ivor Bolton, “que más allá de su fantástica labor al frente de la Orquesta y del Coro ha tratado al Real como su casa, de la que siempre habló con orgullo y generosidad en todo el mundo, generando una enorme empatía con los trabajadores, los equipos artísticos, los representantes institucionales y el público, que lo premia cada noche con sonoros aplausos, a los que nos sumamos todos los que trabajamos con él.”