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ORIENT EXPRESS

Un informe sobre el terrorismo y Cuba

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 18 de mayo de 2025, 19:55h

CEU-CEFAS acaba de publicar el informe «Las múltiples caras del terrorismo en Cuba», que firman dos cualificados expertos: María Jové, director ejecutivo de la Asociación Española Cuba en Transición, y John Suárez, director ejecutivo del Center for a Free Cuba. Con prólogo de María San Gil, directora del Observatorio de Víctimas del Terrorismo CEU-CEFAS, «Las múltiples caras del terrorismo en Cuba» desgrana la relación histórica entre el régimen comunista en Cuba y la extensión de la actividad terrorista a las Américas y a África durante las décadas de la Guerra Fría y hasta los años más recientes con el desarrollo de relaciones con las redes internacionales de crimen organizado.

Los autores destacan un aspecto muy interesante de la historia del régimen castrista: la integración del terror como parte esencial de la práctica revolucionaria. En efecto, como refieren los autores, «se practicaron actos de sabotaje, robos y secuestros; se colocaron cientos de bombas y artefactos explosivos y hubo centenares de heridos y muertos. "Esta revolución se hizo a base de terrorismo", afirmaba el exterrorista Domingo René García Collado. García Collado formó parte del grupo de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio. Entre otras funciones, tenía asignada la labor de construir artefactos explosivos para ser colocados en distintos lugares. El estallido de artefactos y bombas se convirtió en algo bastante habitual en las noches de La Habana y otras ciudades. Una noche, la del 8 de noviembre de 1957, el Movimiento 26 de julio llegó a hacer estallar cien explosiones sincronizadas al filo de las nueve de la noche en la capital de Cuba».

Generalmente suele soslayarse esta actividad terrorista cuando se estudia la Revolución Cubana (1953-1959). La historia del desembarco del Granma y la lucha en la Sierra Maestra -popularizado gracias a las industrias culturales influidas por la izquierda desde la canción de autor y el cine hasta el cómic y la literatura- encaja mal con atentados con bomba, secuestros y robos. En esa narración de blanco y negro, el terror era más propio del gobierno de Fulgencio Batista -la actividad del Servicio de Información Militar y el uso de la tortura suelen ser temas recurrentes- pero no tanto del Movimiento 26 de Julio. Es necesario llegar al triunfo de la revolución para que entren en el relato las cárceles castristas, los fusilamientos y la tortura.

Así, este informe arroja nueva luz sobre la práctica revolucionaria para alcanzar el poder y no sólo para mantenerse en él frente a los intentos contrarrevolucionarios (Bahía de Cochinos, atentados contra Castro, etc). Cobra así sentido la advertencia que Juan Bautista «Tata» Yofre hacía en su célebre libro «Fue Cuba: La infiltración cubano-soviética que dio origen a la violencia subversiva en Latinoamérica» (Sudamericana, 2014), donde destacaba el papel que la inteligencia cubana desempeñó en la extensión de los movimientos subversivos (organizaciones guerrilleras, terrorismo urbano, etc.) en la Argentina y en otros países de la región. El terrorismo se configura, así, como una forma de alcanzar el poder y en un método para mantenerse en él a través de su ejercicio desde las instituciones del Estado.

También es muy interesante la referencia a la participación soviética a través de agentes que participaban en el entrenamiento de extranjeros: «Durante esos años, se estimó que fueron centenares los agentes formados por el Directorio de Liberación Nacional al que asesoraban, al menos, cinco agentes soviéticos de inteligencia. Entre otros, dominicanos, guatemaltecos, venezolanos y chilenos se desplazaron a Cuba para recibir formación y para posteriormente volver infiltrados a sus países de origen».

La lectura de este informe puede complementarse con un repaso de «Los condenados de la tierra» (1961), el célebre libro de Franz Fanon que brindó un marco teórico -y un intento de justificación- a la actividad terrorista como táctica en la lucha anticolonial. Con prólogo de Jean-Paul Sartre, en español lo publicó la editorial Txalaparta en 1999. Era tal la popularidad -y la pretendida justificación- del terrorismo que en 1966 Gillo Pontecorvo dirigiría «La batalla de Argel», en la que participaba el propio líder del Frente de Liberación Nacional Yacef Saadi (1928-2021).

Algo de este discurso que trataba de justificar el terrorismo llegó a España, donde cierta izquierda trató de convertir a ETA en un movimiento antifranquista que, en cuanto tal, vería justificados sus asesinatos, sus secuestros y los demás crímenes cometidos por los terroristas. Yo recuerdo aquellos años en que se gritaba, en determinados conciertos, «¡ETA más metralleta!».

Así, este informe sobre Cuba dice mucho sobre la isla y sobre el sufrimiento de su pueblo, pero dice muchísimo sobre el daño que el régimen comunista ha causado a toda América y al resto del mundo. Su lectura no dejará a nadie impasible y evocará recuerdos de un tiempo de confusión moral del que Occidente no ha salido todavía.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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