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INVESTIGACIÓN

Microbiota: hallan una molécula clave contra el hígado graso

Este equipo ha demostrado que la molécula D-lactato producida por microbios intestinales puede infiltrarse en el torrente sanguíneo y alimentar al hígado para que produzca más glucosa y grasa de la necesaria. Imagen: macrovector/freepik
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Este equipo ha demostrado que la molécula D-lactato producida por microbios intestinales puede infiltrarse en el torrente sanguíneo y alimentar al hígado para que produzca más glucosa y grasa de la necesaria. Imagen: macrovector/freepik
José María Fernández-Rúa
miércoles 03 de septiembre de 2025, 08:42h

El hígado graso y la diabetes tipo 2 se podrán combatir con éxito gracias al hallazgo de un equipo multidisciplinar de científicos de las universidades canadienses de McMaster, Laval y Ottawa: han localizado una molécula en la microbiota intestinal que, al manipularla, reduce el daño hepático.

Cell Metabolism es la publicación científica elegida por este equipo para difundir su estudio experimental. Se trata de la molécula D-lactato. Concluyen que “contribuye al metabolismo de la glucosa y los lípidos del huésped y puede atraparse para mejorar la enfermedad metabólica durante la obesidad”.

En la introducción de este trabajo de investigación básica se dice, entre otras cosas, que la obesidad es el factor de riesgo más importante para la diabetes tipo 2 y la enfermedad del hígado graso asociada a la disfunción metabólica (MAFLD).

Estas enfermedades interrelacionadas causan una alta carga económica y de salud y se asocian con cambios en la microbiota intestinal, incluyendo alteraciones en la taxonomía bacteriana, la función y los metabolitos bacterianos.

En este sentido, los autores destacan que “la microbiota intestinal puede regular la glucosa en sangre únicamente a través de la gluconeogénesis hepática, sin alterar el gasto energético. Se sabe poco sobre la identidad de las moléculas derivadas de la microbiota que contribuyen a la gluconeogénesis y lipogénesis hepáticas”.

Añaden que “la microbiota es una fuente de ligandos inflamatorios, pero se debe tener en cuenta su capacidad para impulsar directamente los procesos metabólicos implicados en la progresión de la diabetes tipo 2 y la MAFLD a la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH)”.

Molécula producida por la microbiota

Este equipo ha demostrado que la molécula D-lactato producida por microbios intestinales puede infiltrarse en el torrente sanguíneo y alimentar al hígado para que produzca más glucosa y grasa de la necesaria.

Sin embargo, cuando desarrollaron una forma de atrapar esta molécula en el intestino antes de que entre al organismo, observaron una serie de mejoras en el control de la glucemia y la enfermedad del hígado graso en murinos con obesidad.

El profesor Jonathan Schertzer, del Departamento de Bioquímica y Ciencias Biomédicas de la Universidad McMaster y miembro de este equipo, recuerda que, desde hace casi un siglo “sabemos que los músculos y el hígado intercambian lactato y glucosa, un proceso denominado ciclo de Cori. Lo que hemos descubierto es una nueva rama de ese ciclo, en la que las bacterias intestinales también participan”.

En 1947, el matrimonio de científicos Carl Ferdinand Cori y Gerty Theresa Cori, junto con Bernardo Alberto Houssay, compartieron el premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre cómo los músculos generan lactato, que alimenta al hígado para producir glucosa en sangre, que luego se recicla para alimentar al músculo. Este trabajo sentó las bases para explicar cómo los músculos utilizan una forma de lactato (L-lactato) y el hígado utiliza la glucosa en sangre para comunicarse e intercambiar energía.

Trampa de sustrato intestinal

Ahora, este equipo descubrió que los ratones obesos, e incluso las personas con obesidad, presentan niveles más altos de la molécula D-lactato en la sangre. A diferencia del L-lactato, más conocido y producido por los músculos, la mayor parte del D-lactato proviene de los microbios intestinales y se ha demostrado que aumenta la glucemia y la grasa hepática de forma más agresiva.

Para detener este proceso, estos investigadores crearon una trampa de sustrato intestinal; esto es, un polímero seguro y biodegradable que se une al D-lactato en el intestino e impide su absorción.

Los murinos alimentados con esta trampa presentaron niveles más bajos de glucosa en sangre, menos resistencia a la insulina y menos inflamación y fibrosis hepática, todo ello sin modificar su dieta ni su peso corporal.

“Esta es una forma completamente nueva de abordar el tratamiento de enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2 y la enfermedad del hígado graso. En lugar de actuar directamente sobre las hormonas o el hígado, interceptamos una fuente de energía microbiana antes de que pueda causar daño”, afirma el profesor Schertzer.

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