En Occidente, cerca del 30 % de las madres sufren depresión posparto. En este escenario, un equipo de científicos japoneses de la Universidad de Kioto apuesta por una dieta seleccionada para evitarla. La investigación se centró en la microbiota intestinal de más de 300 mujeres.
En el trabajo que aparece en PNAS Nexus, los resultados indicaron que la diversidad del microbioma y la abundancia relativa de bacterias productoras de butirato se asociaron con altos niveles de depresión. Por otro lado, una dieta rica en alimentos fermentados, productos de soja, hongos y algas -típica de la cocina japonesa- puede ayudar a regular el ambiente intestinal y contribuir a la prevención de la depresión.
Hay que matizar dos cosas antes de seguir. Primero, que se trata de un estudio observacional y, segundo, que los autores dejan muy claro que es importante señalar que la microbiota intestinal de la población japonesa difiere de la de las poblaciones occidentales e incluso de las de otras poblaciones asiáticas (por ejemplo, en China). Es particularmente importante para estos científicos considerar la cultura alimentaria y los hábitos dietéticos japoneses, ya que estos pueden influir en el estado de la microbiota intestinal.
Este equipo esperaba que una dieta saludable típica basada en una ingesta equilibrada de verduras, pescado y carne demostrara los mejores resultados, pero los alimentos japoneses tradicionales se asociaron aún más fuertemente con una microbiota intestinal mejorada y una reducción de los síntomas depresivos.
Eje intestino-cerebro
“Estos hallazgos profundizaron nuestra apreciación de la riqueza de la cultura alimentaria tradicional japonesa y sus posibles beneficios para la salud mental”, afirma Masako Myowa, investigadora líder del equipo. Los resultados también contribuyen a un creciente corpus de investigación que apoya el eje intestino-cerebro, añadiendo evidencia del contexto japonés, que ha estado subrepresentado en los estudios sobre la microbiota.
A lo largo de este trabajo se destaca el valor potencial del apoyo no farmacológico mediante la dieta y el estilo de vida, especialmente para las mujeres posparto, quienes podrían beneficiarse más de intervenciones de baja barrera antes de recurrir a la medicación.
También subraya la necesidad de evaluar los síntomas depresivos en las madres posparto, incluso en poblaciones no clínicas, ya que aproximadamente el 14 % de las madres sanas presentaron signos de depresión grave.
Sin embargo, se requiere más investigación para consolidar estas asociaciones. Los datos dietéticos se basaron en cuestionarios autoadministrados, sujetos a sesgo de memoria y percepción individual. Este estudio representa solo el primer paso en la exploración de la relación entre la microbiota intestinal, los síntomas depresivos y los hábitos alimenticios en mujeres posparto.
En última instancia, este equipo espera implementar estudios de intervención basados en estos datos, para examinar si los cambios dietéticos específicos pueden mejorar tanto la microbiota intestinal como la salud mental en las poblaciones posparto.
En los últimos años, la depresión posparto ya no se limita al período perinatal, sino que puede persistir durante largos períodos. Un estudio reciente descubrió que las mujeres tienen más probabilidades de experimentar depresión en los primeros cuatro años posparto que durante el primer año.
Depresión posparto
Para los investigadores, estos datos indican la necesidad de evaluar y apoyar la salud mental de la madre, no solo durante el breve período perinatal, sino también a largo plazo, al menos parcialmente porque la depresión prolongada de las madres puede afectar la salud mental y el desarrollo cognitivo de los niños. Es fundamental investigar los factores que contribuyen a reducir o prevenir la depresión materna y reflejar esos factores en la atención primaria de salud.
La depresión no solo se manifiesta en síntomas psicológicos como disminución de la motivación y estado de ánimo deprimido, sino también en alteraciones del sueño (p. ej., insomnio e hipersomnia), anorexia y empeoramiento del estado físico (p. ej., malestar, dolor de cabeza, palpitaciones cardíacas, mareos y tinnitus).
Como se indica en este trabajo, en la fase de atención primaria, el 69 % de los pacientes con depresión revelaron solo síntomas físicos, probablemente porque las madres dudaron en revelar los síntomas psicológicos. En otras palabras, no es fácil detectar los síntomas depresivos de las madres.
Por esta razón, los científicos necesitan examinar exhaustivamente las condiciones físicas y fisiológicas que se asocian con signos de síntomas depresivos en madres sanas (es decir, aquellas no diagnosticadas o bajo tratamiento por enfermedades mentales y/o físicas), para identificar los factores relevantes que pueden ayudar a prevenir o reducir el estado de ánimo depresivo y apoyar la intervención antes de que los trastornos depresivos empeoren.
La dieta japonesa afecta positivamente la función cognitiva y la salud física. Estudios recientes en epidemiología nutricional han demostrado que los hábitos alimenticios basados en el consumo de vegetales, frutas y pescado se asocian con una reducción de la depresión. Por el contrario, comer una dieta rica en grasas y alimentos procesados se asocia con la depresión.
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