El Teatro Real estrenará en Madrid, entre el 2 y el 10 de noviembre, una nueva coproducción que reúne dos obras esenciales de Béla Bartók: El mandarín maravilloso y El castillo de Barbazul. Se trata del estreno escénico de ambas en la capital, bajo la dirección musical de Gustavo Gimeno, quien asume por primera vez el cargo de director musical oficial del Teatro Real, tras varias colaboraciones anteriores (El ángel de fuego en 2022 o, más recientemente, Eugenio Oneguin), que le han permitido, en sus propias palabras, “ir ganando seguridad paso a paso” al frente del Coro y la Orquesta Titulares del Teatro Real.
El montaje, firmado por Christof Loy, propone un diálogo entre dos mundos aparentemente opuestos: el del deseo carnal y violento del ballet-pantomima El mandarín maravilloso y el de la incomunicación íntima que vertebra la ópera El castillo de Barbazul. Loy acentúa esa tensión mediante un recurso dramático inusual: sitúa el Prólogo de Barbazul antes del ballet, repitiéndolo después, ya en su lugar original dentro de la ópera. De este modo, el texto —idéntico en palabras— adquiere un sentido distinto en cada aparición: en la primera, el tono es juvenil, fervoroso, casi inocente; en la segunda, tras el viaje oscuro de El mandarín maravilloso, el mismo discurso suena envejecido, desencantado, lleno de experiencia y desengaño.
El propio Loy ha destacado, en relación con el ballet-pantomima, que Bartók buscaba para esta obra “más un director teatral que un coreógrafo” y, consciente de ello, ha procurado mantener en todo momento una coherencia teatral en su enfoque escénico de ambas obras.
La soprano Evelyn Herlitzius, que interpreta a Judith en la ópera, ha señalado la dificultad vocal que supone cantar en húngaro, aunque reconoce que la apertura de las vocales facilita la emisión. Junto a ella, el bajo Christof Fischesser encarna al Duque Barbazul, y el actor Nicolas Franciscus presta voz y cuerpo al Poeta que introduce el prólogo.
El espacio escénico, diseñado por Márton Ágh, se mantiene idéntico en ambas obras: los suburbios sórdidos y húmedos de una gran ciudad —con sus construcciones apiladas sobre pilotes, en un puerto en ruinas— se transforman, sin abandonar el mismo marco, en la morada de Barbazul y Judith. Esta continuidad plástica, deliberada, crea una unidad visual dentro de la dualidad dramática: el amor surge entre la miseria urbana y se disuelve en la incomunicación doméstica. El reto para el equipo escénico ha consistido precisamente en lograr que un mismo espacio pueda sugerir mundos tan opuestos.
En el reparto del ballet participan Gorka Culebras (El mandarín), Carla Pérez Mora (La chica), Nicky van Cleef, David Vento, Joni Österlund, Nicolas Franciscus y Mário Branco. En la ópera, los protagonistas serán los citados Christof Fischesser, Evelyn Herlitzius, y nuevamente Nicolas Franciscus en el prólogo hablado.
Cabe insistir en la originalidad de la propuesta que ahora ofrece el coliseo madrileño, con un programa tripartito que incluye el Prólogo de El castillo de Barbazul, el ballet-pantomima El mandarín maravilloso y, tras un breve interludio sinfónico —el primer movimiento de Música para cuerda, percusión y celesta—, la representación completa de la ópera El castillo de Barbazul.
En torno a la figura de Barbazul, uno de los ejes conceptuales de la temporada, el Teatro Real ofrecerá también Ariadna y Barbazul, de Paul Dukas (del 26 de enero al 20 de febrero de 2026), y una versión infantil de la misma historia en el Real Teatro de Retiro (del 16 al 24 de mayo). Además, se han programado actividades paralelas como los encuentros Enfoques y el curso Comprender a Bartók, junto con el taller familiar ¿Te suena El mandarín maravilloso?.
Las funciones de El mandarín maravilloso y El castillo de Barbazul cuentan con el patrocinio de la Fundación Amigos del Teatro Real y del Consejo de Amigos del Teatro Real.