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Novela

Andrés Barba: Auge y caída del conejo Bam

domingo 04 de enero de 2026, 21:22h
Andrés Barba: Auge y caída del conejo Bam

Anagrama. Barcelona, 2025. 174 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por David Lorenzo Cardiel

Un misterio se esconde en cada madriguera. Hablan de él los hurones, han escuchado el susurro de su relato los sibilinos y escasos gatos monteses, pero quienes lo ignoran por completo, obcecados con la precisión, son los humanos. Temprano, cuando el sol acaricia tímidamente la tierra con sus frágiles rayos, parten cargados con sus pertrechos en busca del destino. Unos toman el metro o el autobús, el trabajo les espera. Otros intentan recordar la lista de la compra: tomates, masa brisa, albahaca, turrón de chocolate; después, un poco de gimnasia, un paseo, hablar con los nietos por teléfono, recordar en qué consistía aquel destino feliz que se suponía que era la jubilación. Pero en otras latitudes algunos humanos encaran un objetivo sangriento: enemigo o presa, la guerra y la caza esbozan propósitos similares.

Los conejos conocen bien el secreto, y Andrés Barba, el prolífico autor, el deslumbrante narrador que ha cautivado a numerosos lectores con narraciones difíciles de olvidar como República luminosa (2017), parece haber estado espiándoles con uno de esos artilugios discretos que usan los espías en las películas. Sí sabemos que su última propuesta literaria, Auge y caída del conejo Bam, publicada por Anagrama, ha surgido de un proceso de refinamiento en la imaginación. En esta ocasión, Barba ha elegido humanizar a un animal, el conejo, y convertirlo en el espejo prístino de la naturaleza social del homo sapiens. La Gran Madriguera delimita los tiempos y las reglas que han de regir a la comunidad de pequeños mamíferos que se han adueñado de las páginas de esta novela.

Bam, el protagonista, no se encuentra solo: junto a él, otros personajes, como Copito y Marrón, encarnan un sutil equilibrio jerárquico. Los conejos han crecido dentro del orden de la Gran Madriguera, la milenaria cultura de los conejos y su cuerpo mítico. La mayoría no cuestiona el mundo en el que ha crecido, simplemente lo asume. Y Bam, en este sentido, es diferente. Bam cuestiona cosas para las que sus semejantes carecen de respuesta. Bam parece encontrar en la verdad el desafío último que resolverá los retos a los que llevan generaciones enfrentándose los conejos. Con una pata en el mundo intelectivo y otra en el orden social de la Gran Madriguera, Bam se convierte en un líder seguido y controvertido capaz de guiar el destino de sus congéneres

Más allá del cuidado con el que el autor ha diseñado a la trama, Auge y caída del conejo Bam destaca, bajo mi perspectiva, en la capacidad con la que Barba logra atrapar desde el placer de la lectura. Esta novela sigue el tono y enfoque característicos de la obra de Andrés Barba. Es, por así decirlo, un Barba de manual que sigue una feliz evolución. Palpita una desbordante audacia y frescura narrativa en las páginas de esta novela, que se lee de un tirón, que se introduce en la mente hasta el punto de sincretizarse con la propia imaginación. Podría soñarse con elementos de su trama, y no es una exageración. Esta peculiaridad en la manera de escribir de Barba, en la que la trama se percibe tan natural y profunda en ideas, planteamiento y coherencia realistas desde un contexto puramente imaginativo, convierte al escritor madrileño en uno de los grandes magos de nuestras letras españolas, al menos, bajo mi criterio.

Tiene la gracia de Stefano Mancuso en La tribu de los árboles (2023) con un dinamismo infinitamente mayor, amén de una trama más compacta. Convierte el realismo simbólico de Orwell en pura narrativa sin medias tintas, pero no en una narrativa vacua de sentido y propósito, sino en una muy humana, introspectiva, que nos describe como especie. En este último sentido, Auge y caída del conejo Bam es una fábula con una moraleja sibilina: es difícil desligarse de los lazos culturales y sociales que nos atan a las reglas que hacen funcionar la Gran Madriguera social, que es inercial y no reflexiva, que es colectiva y apenas individualista, que prima el sentimiento como elemento gregario aglutinador al raciocinio, el que nos devuelve, pensamiento a pensamiento, al origen de una sana diferenciación ontológica.

Todos somos conejos en una madriguera. Ese es el secreto que conocen estos pequeños mamíferos que pueblan, libres, los montes, las viñas, el oceánico oleaje de las ramas de los árboles frutales ondear al viento. Ese es también el misterio antediluviano que Andrés Barba viene a contarnos. Y qué maravilla que lo haya hecho: ahora podré contarles a los conejos, cuando los vea recorrer los prados de la serranía ibérica, que esta novela merece la pena ser leída, ser disfrutada y ser comentada. Como en esta crítica, aunque ellos, desde su simpático deambular, no puedan leer este rutilante ejercicio de imaginación, a diferencia de ustedes.

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