El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha presentado ante los medios y el Congreso la hoja de ruta diseñada por Washington para Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro. El plan, impulsado por la Administración de Donald Trump, se articula en tres fases: estabilización, recuperación y transición, con el control del petróleo venezolano como principal herramienta de presión política y de financiación.
Rubio explicó que se trata de un proceso gradual cuyo objetivo es evitar el colapso del país caribeño y sentar las bases de un nuevo orden político y económico bajo tutela estadounidense. Aunque el plan aún carece de detalles concretos, el secretario de Estado subrayó que Estados Unidos “tiene mucha influencia” para llevarlo a cabo.
Primera fase: estabilización
La estabilización es el primer paso del proceso. Según Rubio, la prioridad inmediata es impedir que Venezuela caiga en el caos tras los recientes acontecimientos políticos y militares. En esta etapa, Washington busca garantizar el orden interno y la seguridad, evitando disturbios sociales o un vacío de poder.
La principal herramienta para lograrlo es lo que Rubio ha denominado una “cuarentena” sobre el petróleo venezolano, materializada en un bloqueo naval y la interceptación de petroleros sancionados. Estados Unidos pretende hacerse con el crudo que permanece estancado en Venezuela y controlar su venta para impedir que los ingresos terminen en manos de antiguos sectores del chavismo.
Segunda fase: recuperación económica y reconciliación
Una vez asegurada la estabilidad, el plan entraría en la fase de recuperación. Rubio indicó que esta etapa estará centrada en la reactivación económica del país, permitiendo el acceso “justo” de empresas estadounidenses, occidentales y de otros países al mercado venezolano, especialmente al sector energético.
El petróleo volvería a ser clave, ya que los ingresos obtenidos servirían para poner en marcha la maquinaria del Estado. En paralelo, Washington impulsaría un proceso de reconciliación nacional, que incluiría la amnistía y liberación de presos políticos, el retorno de exiliados y la reconstrucción de la sociedad civil venezolana.
Tercera fase: transición política
La fase final es la transición política, orientada a transformar el sistema institucional venezolano y crear las condiciones para un nuevo ejercicio democrático. Según Rubio, esta etapa consolidará los cambios estructurales necesarios para un nuevo orden político, evitando que el país recaiga en la inestabilidad o la violencia.
El secretario de Estado insistió en que las tres fases están diseñadas para gestionarse de forma secuencial y controlada. “No queremos que Venezuela caiga en un vacío de poder”, afirmó, subrayando que la estrategia busca sentar “bases sólidas para el futuro del país”.
El plan presentado por Rubio confirma que Washington apuesta por una transición dirigida, con el petróleo como principal palanca de control y con un papel central de Estados Unidos en la reorganización política y económica de Venezuela en el periodo posterior al chavismo.