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ORIENT EXPRESS

Recuerdo de Anselmo Polanco, obispo de Teruel

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 07 de junio de 2026, 19:48h

El 8 de mayo de 2025, León XIV se asomó por primera vez al balcón de San Pedro. La Iglesia tenía un nuevo sucesor de Pedro. Al pecho llevaba una cruz con varias reliquias vinculadas a la Orden de San Agustín, a la que pertenece el Santo Padre: en el centro una reliquia del propio San Agustín, obispo de Hipona y padre espiritual de la orden. Junto a ella, había reliquias de Santa Mónica, madre de San Agustín, de Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia entre 1544 y 1555, del venerable Giuseppe Bartolomeo Menochio y del beato Anselmo Polanco, obispo y mártir asesinado por los republicanos en 1939. La orden le había regalado la cruz a Robert Prevost en 2023 cuando Su Santidad el Papa lo había creado cardenal.

En esa cruz estaba el recuerdo de la persecución religiosa sufrida por la Iglesia en España durante la II República (1931-1939) y la Guerra Civil Española (1936-1939).

En efecto, el agustino Anselmo Polanco Fontecha (1881-1939), obispo de Teruel entre 1935 y 1939, cayó prisionero de las tropas republicanas el 8 de enero de 1938 después de la caída de Teruel. Lo mantuvieron prisionero hasta febrero de 1939. Estuvo encerrado en Valencia primero y después en Barcelona. Lo trasladaron a Figueras y desde ahí a Pont de Molins. Con la guerra ya perdida, el 7 de febrero de 1939, un grupo de milicianos armados de fusiles-ametralladoras lo condujo junto a otros presos a un páramo junto a la carretera de Les Escaules y allí los acribillaron no sin antes robarles lo poco que les quedaba. Luego rociaron los cuerpos y les prendieron fuego. Por la posición en que se encontró el cadáver, cabe pensar que el obispo estaba vivo cuando lo quemaron.

Anselmo Polanco es uno de los 12 obispos asesinados por el bando republicano a los que hay que sumar un administrador apostólico y miles de sacerdotes, frailes, monjas, consagrados y laicos muertos a causa de su fe a manos de efectivos de la República. Hasta el momento la Iglesia ha canonizado a 12 y ha beatificado a 2041 de ellos.

En España, el recuerdo de la persecución religiosa parece ensordecido por una "memoria histórica" y una "memoria democrática" cuya finalidad es el olvido selectivo, es decir, el olvido de los crímenes cometidos contra la Iglesia durante la II República y la Guerra Civil. Desde las iglesias quemadas en 1931 pasando por el anticlericalismo de Estado hasta el martirio de los miles de católicos a los que mataron y enterraron en fosas comunes como las de Paracuellos del Jarama.

En esa cruz que el Papa llevaba al pecho esa mañana de 2025, estaba el recuerdo de un obispo que amó a Cristo hasta el final y no lo abandonó por terrible que fuera el sufrimiento. Tampoco abandonó a la Iglesia que Cristo había fundado ni a los fieles que le habían sido confiados en su diócesis de Teruel. Su Santidad el Papa conoce los padecimientos terribles de la Iglesia en España durante el siglo pasado. No es exagerado decir que aquel tiempo fue la hora del «poder de las tinieblas», que proyectó también sobre España la sombra que cubrió todo un siglo.

La Edad Contemporánea comienza con la Revolución Francesa y el genocidio de La Véndee (1793-1976) y se prolonga en todas las persecuciones que la Iglesia ha sufrido a lo largo de más de dos siglos. Los intentos de destruirla han ido desde la violencia extrema y las matanzas hasta los intentos de infiltrarla y convertirla en un instrumento al servicio de la tiranía.

Por eso, en estos días en que Su Santidad el Papa está de visita en España, es oportuno recordar aquella cruz que llevó al pecho. Anselmo Polanco y los santos y beatos mártires de la persecución religiosa en España no han caído en el olvido. En la hora más oscura de su historia, Dios no abandonó a los españoles.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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