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Autobiografía

Amélie Nothomb: Psicopompo

lunes 15 de junio de 2026, 02:04h
Amélie Nothomb: Psicopompo

Traducción de Sergi Pámies. Anagrama. Barcelona, 2026. 144 páginas. 18, 90 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por Carmen R. Santos

La autora belga en lengua francesa Amélie Nothomb tuvo una infancia y adolescencia errantes a causa de los distintos desplazamientos y destinos de su padre, diplomático de profesión. Nacida en Kobe (Japón) en 1967, luego vivió en China, Estados Unidos y Birmania, entre otros lugares. En su haber cuenta con numerosos títulos, desde que debutara en la literatura con Higiene del asesino (1992), novela a la que siguieron entre otra, Estupor y temblores; Los nombres epicenos; Riquete el del Copete, Barba Azul, Sed y Los erostatos en un ritmo sostenido para beneplácito de sus fieles seguidores.

Y por necesidad de ella misma, pues como ha confesado la literatura es su imprescindible tabla de salvación: “El privilegio absoluto es escribir. No existe gracia más elevada. A veces la publicación no es más que un añadido, a menudo un menoscabo del placer inicial. Obtenerla a costa de un esfuerzo considerable, de una angustia enfermiza, de una dolorosa obsesión no cambia nada”, leemos precisamente en Psicopompo, su último libro, que nos llega, en magnífica traducción de Sergi Pàmies, su traductor habitual, de la mano de Anagrama. Y más aún: “Cuando Rilke dice que la escritura debe ser una cuestión de vida o muerte, yo no lo interpreto como metáfora”.

Psicopompo, de título que llama la atención como muchos de los suyos, alberga un gran libro en el que Amélie Nothomb da nueva muestra de su concepción de la autoficción biográfica, que no rehúye lo más descarnado y doloroso. Algo que se pone especialmente de manifiesto en Psicopompo, donde vuelve a indaga en uno de los episodios más terribles de su vida: la agresión sexual que padeció a los doce años en una playa de Cox's Bazar, en Bangladesh, donde fue atacada por cuatro hombres dentro del mar.

El espantoso episodio tuvo unas devastadoras consecuencias para ella, tanto psicológica como físicamente. Le desencadenó anorexia en un profundo rechazo de su cuerpo, y negativa a crecer. Y no fue precisamente muy positiva la primera reacción de sus padres, que no dieron al hecho la gravedad que sin duda merecía

Nothomb nos va relatando momentos de su vida, las relaciones con sus padres, sobre todo con su padre, sobre el que trató en extenso en Primera sangre, junto a reflexiones y comentarios en torno a los diferentes países en los que vivió. Por ejemplo, apunta sobre la China de Mao: “Había lanzado una de sus principales operaciones, que consistía en responsabilizar a las aves de las hambrunas y otras molestias. […] En aquella época, las autoridades castigaban cualquier forma de refinamiento. La simple educación se percibía como contrarrevolucionaria”.

Esa postura del maoísmo es inadmisible, pues los pájaros son esenciales para la escritora hasta el punto de convertirse en buena medida en el eje de Psicopombo, un término que proviene del griego y significa figuras mitológicas con la misión de conducir a las almas en su camino hacia el más allá. El libro arranca con un bello cuento tradicional japonés, que le contaba su niñera Nishio-san en Japón cuando tenía cuatro años: Aborda la historia de una hermosa y misteriosa mujer que es, en realidad una grulla, con la que se casa un vendedor de telas, a quien “le encantaría descubrir un tejido comparable al esplendor de su plumaje”. Para cumplir su deseo y ayudarlo, teje en secreto una tela maravillosa con la estricta condición de que su esposa nunca la mire mientras trabaja. La tela tiene un éxito extraordinario y la mujer-grulla va perdiendo la salud. Nothomb comenta: “Me encantaba el contraste entre la cobardía del vendedor y la nobleza sacrifical de la esposa”.

Psicopompo no es un libro oscuro ni de ajuste de cuentas, sino que encierra luminosidad y resiliencia, y convierte los pájaros en feliz metáfora, sin elementos terroríficos como en la célebre película de Alfred Hitchcock, Los pájaros. Una metáfora que relaciona el vuelo con la escritura, que Amélie Nothomb practica a diario: “Ni hablar de pasarse un día sin volar. La musculatura que requiere dicha actividad necesita un entrenamiento intensivo en el que no puedes permitirte el lujo de relajarte”.

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