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SAN FERMINES

Roca Rey y David de Miranda a hombros en Pamplona, con orejas "de plaza portátil"

Roca Rey y David de Miranda a hombros en Pamplona, con orejas 'de plaza portátil'
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(Foto: Efe)
Efe
jueves 09 de julio de 2026, 21:37h

El diestro peruano Andrés Roca Rey y el onubense David de Miranda salieron hoy a hombros de la momumental de Pamplona, tras serles concedidas a cada uno, del segundo y del sexto toro de Victoriano del Río, respectivamente, dos orejas de muy barato criterio y rigor plaza portátil, en el ya quinto festejo de los Sanfermines.

La a todas luces injustificada concesión de los segundos trofeos a cada una de las faenas, que si acaso tuvieron méritos para una, vino de la mano de la presidenta de hoy, la exalcaldesa Cristina Ibarrola, que se sumó al ambiente populachero con que desde hace ya tiempo se ven los toros -muy serios toros- en una plaza donde la calidad del toreo es la circunstancia menos importante de lo que sucede en el ruedo y en el tendido.

El dispendio comenzó ya con el segundo de la tarde, una vez que Alejandro Talavante ya se había dejado ir sin apurar ni apostar al que iba a ser el mejor toro de la corrida, un primero voluminoso pero de dulce nobleza pero al que, visto lo visto, de matar mejor también hubiera cortado algún apéndice.

Pero fue, decimos, em el siguiente turno cuando Roca Rey se llevó esa segunda oreja que le aseguraba ya la salida a hombros por una faena que tuvo momentos de mérito, como un largo y ajustado quite por saltilleras con el capote a la espalda y un inicio de faena más allá de lo vistoso, con tres pases cambiados de rodillas en los que tuvo que esperar a un animal que ni en ese momento tuvo inercia en las arrancadas.

El fino ejemplar de Victoriano del Río, el mejor hecho del sexteto, comenzó entonces a desentenderse progresivamente sin que el peruano, tapándole siempre con el engaño, le permitiera rajarse como parecía buscar el animal. Y aunque cayó la faena, una gran estocada generó esa desaforada petición de dos orejas a las que accedió, demagógicamente, la presidencia.

Y más inexplicable aún resultó la concesión del segundo trofeo a David de Miranda en el sexto, otro toro grandón que, sin gran clase, repitió y se movió con mucha viveza en un trasteo en el que el onubense se extendió a base de pasarlo con medios muletazos ligeros, hasta que, ya fatigado por el esfuerzo, el astado le permitió meterse en la distancia corta para los alardes populistas antes de una estocada baja que de por sí hubiera puesto en cuestión la primera oreja.

El resto de la corrida, entre un calor asfixiante y torturador en el tendido, transcurrió sin brillo, pues Roca se dilató sin sentido con un quinto de feísima y descompensada lámina, que justificaba su vacío de raza, y De Miranda tampoco se apretó con un tercero altote y de escasa duración que terminó aconchándose en las tablas.

Claro que menos historia aún tuvo lo de Talavante con el cuarto, un toro paliabierto y con un largo cuello que no terminó de descolgar pero que pasó una y otra vez sin mayores problemas en un muleteo lineal en el que el extremeño, más que en el mando y en el toreo, puso más empeño en los gestos para la galería con que quiso llamar la atención de un tendido centrado en la merienda, que era entonces lo importante.

Ficha del festejo

Seis toros de Victoriano del Río, con seriedad pero de muy desiguales hechuras, en algunos casos destartaladas y descompensadas. En general, fue corrida de escasa raza, con varios ejemplares rajados y sin fondo aunque también los hubo manejables, como el sexto y especialmente el primero, curiosamente el de más volumen de la corrida.

Alejandro Talavante, de blanco y plata con remates negros: estocada desprendida atravesada y siete descabellos (silencio tras aviso); pinchazo y estocada desprendida (ovación tras aviso).

Roca Rey, de azul pastel y oro: estocada (dos orejas); estocada delantera y descabello (ovación tras aviso).

David de Miranda, de blanco y plata: cuatro pinchazos y estocada trasera (silencio); estocada caída (dos orejas).

Roca Rey y De Miranda salieron a hombros.

Quinto festejo de abono de la feria de San Fermín, con lleno total (19.500 espectadores) en tarde de calor asfixiante

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