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TRIBUNA

Demasiada fe en los petrodólares y en los petrodogmas

lunes 03 de agosto de 2026, 18:06h

A un profesor le preguntaba el otro día un periodista: “creo que tiene preparada su lápida, ¿es eso cierto?”. Y él le respondía: “morir forma parte de vivir y a mí, que soy un disfrutón, me parece que es una especie de meditatio mortis.Se me murieron varias personas muy queridas, veía en los entierros unas lápidas horribles y me preguntaba: “¿toda la eternidad con esto encima?”. Entonces encargué a un amigo una donde ya solo me falta poner la fecha. La de salida ya está: 1965. La de llegada tiene los dos primeros dígitos: un 2 y un 0 porque no espero llegar al 2100 (ríe). También una cruz, porque soy creyente, y un epit afio que en latín dice ‘rema mar adentro’. Porque lo chulo del mar es cuando dejas de ver la costa y te enfrentas a la inmensidad, eres nada y te reconoces nada”. Pero si no somos nada, mi querido profesor, ¿cómo podríamos remar mar adentro, con qué remos, con qué fuerza, con qué refuerzos en pleno desfallecimiento? Casi todo rezuma esa contradicción, querido profesor, a la cual está usted siendo arrasado por la Academia.

En este valemadrismo, como dicen en algunos países de Latinoamérica para pasar de todo, el vudú está luchando por hacer un poco más aún su nido en Europa. Las Egungun, máscaras sagradas presentes en el vudú beninés, son la materialización del espíritu de un difunto y, para activar su presencia, una persona utiliza una máscara o un enorme traje hecho de coloridas telas superpuestas y ricos bordados. Y a dar vueltas a la rueca para lograr una vida enmascarada. Qué espectáculo tan apasionante y conmovedor para los influencieros, que sin embargo ignoran que nos buscamos a nosotros mismos en la felicidad, pero nos encontramos en el sufrimiento.

Hoy comienza agosto; en agosto frío en rostro, proclamaba el refranero pasado de moda. Hoy queremos vacaciones, pero nos encontramos incendios virulentos a la puerta de nuestro zaguán, e incremento de los asesinatos de mujeres en el interior de nuestros domicilios, por no hablar de los cacos descerrajando nuestros sistemas de alarmas. Y, en medio de estos rumores de un pueblo de demonios, los más célebres curanderos parisinos recomiendan a las mujeres despechadas por un amor del pasado remedios como el siguiente: “durante seis días seguidos y una hora diaria, debe llevar en su vagina la llave de su casa. Después de realizar seis veces este acto, ha de enviar esa llave por correo a su antiguo amante, y luego cambiar la puerta de su casa”. O también, “para acabar con los celos amorosos debe conseguir un bello frasco transparente en el que, cada vez que sienta celos, deposite un euro (si no tiene una buena posición económica), un billete de veinte euros (si su economía es holgada), o uno de cien euros (si tiene cierta riqueza). Cuando vea que las monedas o los billetes se han acumulado, con ellos debe comprar un regalo al ser amado”. En estos andurriales la “autocrítica” se expresa de la siguiente forma: “te voy a pegar una patada en los cojones que te voy a arrancar la cabeza de cuajo”. Aquí nunca faltará el llanto del recipiendario de la coz equina. Si ustedes creen que esto es una posición procedente del vudú ajeno, es que todavía no conocen demasiado bien el propio,

Las vacaciones de Baco y de Vaca están en plena bacanal. Sin embargo, me parece que no basta con impermeabilizar las cerraduras ni la ingesta de alcohol durante la ceremonia del vudú. Para mí tanto fuego abrasador dentro y fuera de uno mismo, y tanto bochorno psicológico y moral “en modo tortura” no se liberan ni extinguen a sí mismos. El trastorno límite de personalidad (TLP) puede producir inestabilidad emocional, impulsividad, alteraciones en la autoimagen y relaciones interpersonales caóticas que derivan en cambios constantes de comportamiento y humor, violencia, adicciones y, en el peor de los casos, suicidios. Pero su efecto se expande como esa munición letal a todo el entorno. Es como una persona con menos capas de piel y todo lo sienten más intensamente; si la tocas, le cuesta horrores identificar qué está sintiendo y cómo gestionarlo emocionalmente. Es como vivir a flor de piel cada vivencia de forma traumática haciendo que la persona afectada sufra una angustia y un estrés que distorsionan los sentimientos, las emociones y la percepción entera de la realidad existencial. Menudo zipizape.

Las bicicletas son para el verano, pero también para el Dios que se ha hecho solidario de cuantos viven y mueren, serlo sólo de las vacaciones no sería completo. Si Dios no sufre por el hombre no es Dios y hombre verdadero: o sería Dios verdadero, pero hombre falso, al propio tiempo que un hombre falso, pero no Dios verdadero, ya que Dios sufre por la creación cuando ésta se deshace. Dios es Dios de vivos y muertos, no puede serlo de vivos si no es de muertos. Sólo Dios sabrá cómo resucitará a los malos y cómo los perdonará para siempre, pero las personas incoherentes, aunque también deseamos ser justas y amables, no podemos comprender tanta bondad de Dios, lo cual constituye el misterio de la cruz. A los malos/justos nos gustaría que los grandes /buenos criminales de la historia de la humanidad fueran castigados, pero quizá a los santos de Dios les agrade -por encima ya de su capacidad humana de pecar- la infinita misericordia divina para entregarnos incondicionalmente su corazón. De lo contrario, cada vez será mayor la tierra calcinada irredimible por el agua que nos abandona.

Desde luego, “ casi puede decirse en sinopsis rápida que la diferencia religiosa, teológica, ascética entre Oriente y Occidente es que el Occidente quiere llenar la mente, mientras que el Oriente quiere vaciarla”[1]. Es una afirmación muy exacta, pues el Occidente es la filosofía del y el oriente la del no, pero ¿no sería mejor en ambos casos dejar que Dios nos trasvase y plenifique? En Dios sólo se puede creer, razón por la cual sólo se puede creer en Dios. El resto no pasarán de meras credenciales diplomáticas, ecumenismo callejero, Dios de las quinielas, cualquier cosa para evitar al Dios del miedo, imágenes falsas de toda falsedad. No hagamos más imágenes de Dios. Jeroboam enseñó a Israel a pecar al hacer una imagen de Yahvéh para que el pueblo la adorara, ¿acasos somos seguidores irredentos de Jeroboam?

A veces, aunque sólo sea mentalmente, nos comportamos como las suegras que, al preparar el veneno para matar a su nuera, lo hizo repitiendo el nombre de Dios, convirtiendo la adoración en sacrilegio. Desafortunadamente, esto es universal; en la India santísima, por ejemplo, los supuestos milagros efectuados por los sadhus o santones religiosos venerados incluso como bodisatvas son creídos cuando la pereza de los creyentes hiperdúlicos se estanca y sus falsas conciencias no son más que una melaza de ruinas, supersticiones, miedos y espantos generalizados. Demasiada fe del carbonero en una fe de veraneo o estivaleo, donde hay que hay que poner mucho hielo y demasiada fe en los petrodólares y en los petrodogmas para corazones de piedra. Del todo quemado parece que sólo se salvan las piedras, aunque sean utilizadas como sillares de templos: “las fotos del jeque de turno negociando precios de petróleo y pasando entre sus dedos las cuentas del rosario islámico de los nombres de Dios han sido para la imagen moderna del islam actualidad, prestigio, respeto, influencia. Como si Dios hubiese puesto en el subsuelo la historia de la salvación en los yacimientos mayoritarios de petróleo”[2]. Y mientras tanto el fuego del África islámica anonada a sus hijos invitándoles a ahogarse en su enceguecido intento de alcanzar a nado la tierra de promisión y a los vecinos achicharrándose con el castigo del fuego desolador que mata todo lo vivo de forma casi anónima.

[1] G. Vallés, C: Dejar a Dios ser Dios. Ed. Sal Terrae, Santander, 2006, p. 92.

[2] Ibi, p. 123.

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