La primera corrida de la Feria de otoño tuvo como protagonistas a los toros de Alcurrucén. Bien elegidos, de edad parecida, dieron un juego desigual, pero con una tendencia a la
mansedumbre en mayor o menor medida. La tarde pasada por agua dio licencia a los picadores a picar en los terrenos del tendido 5. Los picadores a las ordenes de Urdiales son los que peor actuaron, Francisco de Borja Ruiz no les fue en zaga en poner las varas traseras, cerrar la salida ymeter el palo dónde más le duele al animal. No fue la tarde de las estocadas: destemplados tanto los diestros como agotados los toros, la espada se atascaba sin remedio.
Diego Urdiales, muy esperado por el público, logró mantener y elevar este cariño a los aplausos y sonoros olés. ¿Cómo lo ha hecho? Fácil, desangrado Afectivo (1º3/21) con la primera puya, llego a la muleta como un guante: iba a pasito lento, la boca abierta y ningún mal pensamiento. Urdiales dibujó unos muletazos al natural, muy bellos para los artistas y fotógrafos. Y el cielo se abrió y cayó una trompa de agua. Lo mismo quiso hacer con Mimoso (4º3/21), los aplausos estaban garantizados, pero visto con cierta imparcialidad: los pases a un toro mareado, con ningún ligazón, perdiendo pasos, de una lentitud pasmosa (que no temple) y una muleta que le podía servir de tienda campaña.
Fortes hizo el gran esfuerzo de dominar a sus dos contrarios. Lo logró con Atractivo (2º4/21), primero por flexionados lo llevó a los medios y luego enhebró un par de tandas jaleadas por llevar al animal embebido. Sufrió dos desarmes y el bicho se percató del engañó y comenzó a acosar al torero. Lo hizo hasta el último momento. Hubo un momento cuando la cuadrilla quedó impávida, quizá atónita, observando cómo el el morlaco perseguía al matador atravesando todo el redondel. No se atrevieron a echarle un capote. Predilecto (5º2/21) no se andaba con chiquitas: desde el primer muletazo iba embistiendo con saña, tirando cornadas y cabeceando como poseso. Fortes lo trataba de corregir, logró pararlo, pero el defecto no tuvo remedio por ningún pitón. Una difícil tarea que no suele encontrar la recompensa del respetable. Nos quedamos con una bella tanda de derechazos.
Christián Parejo despertó grandes expectativas que se desvanecieron enseguida. La faena con Antequerano (3º12/21) fue un espectáculo de gesto exagerado, de compás abierto y constante desafío a un contrario que no estaba preparado para tanto. El toro se caía o se paraba. Una vez se ha enfadado y arrasó con Parejo encunándolo. Agotados los efectos especiales, la faena con Clarinete (6º4/22) fue un amalgama de pases, forzando la figura y forzando al toro medio moribundo y agotado. Con el tercer o cuatro pinchado la espada quedó agarrada y el diestro se puso a descabellar sin mucho tino.