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ENDESA: la luz de los españoles en manos de los políticos italianos

domingo 22 de febrero de 2009, 01:19h
El episodio Endesa, la gran empresa energética española, se ha cerrado y el resultado está a la altura de la política de este Gobierno. Sin necesidad de ir incluso más atrás, todo comenzó cuando Gas Natural lanzó una oferta sobre el capital de la que entonces era primera eléctrica de España. El Consejo de Endesa entendió que la oferta no valoraba suficientemente la compañía y la rechazó. Luego, otra gran compañía, la alemana E.On, con la misma legitimidad, lanzó su propia oferta por Endesa, demostrando con su movimiento que, efectivamente, la eléctrica española valía más que lo ofrecido por Gas Natural. Todo ello pertenecía a lo que María Teresa Fernández de la Vega, con un cinismo que desafía la comprensión humana, se refiere ahora como actuaciones de empresas privadas sobre las que el Gobierno debe mostrarse neutral. Es brutalmente cínico porque el discurso y la práctica del Gobierno entonces era exactamente contraria. El señor Zapatero apeló a un supuesto patriotismo, que, por otra parte, desprecia en otros ámbitos, para defender a Gas Natural en nombre de los “campeones nacionales”, un discurso que parece rescatado del rancio intervencionismo del anterior régimen franquista. El Gobierno añadió entonces que no tenía sentido que una empresa privatizada como Endesa acabase en manos de otra en la que un Land alemán tenía una participación, aunque fuera ciertamente mínima.


En su política para frenar a E.On, el Gobierno recurrió a prácticas que son impropias de una democracia. Cambió la legislación en mitad del proceso para otorgar más poderes a la Comisión Nacional de la Energía, los suficientes para que el organismo regulador, a las órdenes del Gobierno, detuviese la oferta de E.On. Pese a las advertencias de la Comisión Europea, el gobierno español no se echó atrás, lo que le ha valido la condena ante los tribunales europeos. ¿Dónde quedó, en ese punto, el europeísmo de Zapatero? No contento con ello, manipuló la Comisión Nacional del Mercado de Valores con el mismo objetivo, lo que arruinó el poco prestigio que le restaba a aquella institución.
Luego, entraron Acciona, del grupo español Entrecanales, y la italiana Enel. Una decisión, la de esta última empresa, que siguió, inoportunamente, a una reunión entre Zapatero y Prodi –por entonces en el Gobierno italiano- en la bella isla de Ibiza. A partir de entonces, los “campeones nacionales” quedaron para las hemerotecas y la preocupación por la participación pública en los aspirantes a comprar Endesa se diluyó sin que le impidiese hacerlo ningún sentimiento de rubor.


Ahora nos encontramos con que Endesa está en manos de una empresa estatal italiana, cuyas grandes líneas de actuación se deciden en el Senado italiano, bajo el prisma y los intereses de la política italiana que no los del contribuyente español. No hemos llegado a esta situación por un “dejar hacer” mal entendido por parte del Ejecutivo, como sugería este viernes la vicepresidenta De la Vega, sino precisamente por todo lo contrario. Sea como fuere, la realidad es que una parte de nuestro mercado energético depende de decisiones políticas –que no de mercado- tomadas en otro país. Nada que pueda alimentar el orgullo español y mucho menos proteger los intereses de los ciudadanos españoles que han visto como una de sus grandes empresas ha sido privatizada para terminar en manos del Estado…italiano. Independientemente de lo desastroso de la política energética del actual gobierno –por la cual los ciudadanos españoles pagarán un alto precio durante años- el intervencionismo arbitrario del gabinete Zapatero ha deteriorado la fiabilidad e independencia de los organismos de regulación españoles, un hecho que, sin duda, tendrá una respuesta negativa y prolongada en los mercados internacionales.
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