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EN marzo

El Pentágono derribará el satélite tras el aterrizaje del Atlantis

jueves 14 de febrero de 2008, 20:38h
El Pentágono ha decidido que lo mejor es derribar el satélite "L-21" mediante un misil lanzado desde un barco de la Marina estadounidense antes de que entre en la atmósfera terrestre. Fuentes militares cifran el coste de la operación entre los 40 y 60 millones de dolares.

El satélite fue lanzado en diciembre de 2006, pero perdió fuerza poco después de su salida por lo que se descontroló. A mediados del mes pasado, las autoridades estadounidenses avisaron que el satélite podría caer a tierra entre finales de febrero y comienzos de marzo.

Gordon Johndroe, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, ha indicado a los periodistas que el satélite se desintegrará y que si los trozos logran sobrevivir al intenso calor del reingreso en la atmósfera, la mayor parte se precipitará en los océanos.

Por otro lado, Bryan Whitman ha recordado también que desde hace 50 años han reingresado en la atmósfera terrestre alrededor de 17.000 objetos creados por el hombre y que ninguno de ellos ha causado algún problema grave. Ocasionalmente, han logrado pasar la atmósfera los restos de naves mucho más grandes, como el tanque de combustible de un cohete Delta II de 255 kilogramos que cayó en 1997 en una granja de Texas en 1997.

Sin embargo, el "L-21" es mucho más pequeño y probablemente se desintegre totalmente en su colisión molecular con la atmósfera, según los científicos. Fuentes militares han indicado que el satélite conocido como "L-21" fue puesto en órbita desde la base Vandenberg de la Fuerza Aérea en 2006.

La preocupación mayor por la suerte que corran los restos del satélite reside en el hecho de que nunca funcionó y que todavía lleva a bordo combustible de cohetes que se habría utilizado para cambiar su trayectoria espacial. Podría haber algún peligro en el caso de que ese combustible no haga explosión al chocar con la atmósfera, señalaron los científicos.

Los satélites espía se maniobran en el espacio a órbitas bajas para cumplir con las necesidades de la vigilancia militar, y precisan de un combustible altamente tóxico como el hydrazine, según los expertos. Estados Unidos posee una gruesa red de satélites que monitorean la Tierra, entre ellos radares y telescopios de gran potencia.
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