El periodista Antonio Burgos ha recibido este martes el V Premio de Periodismo Taurino Baltasar Ibán. La Fundación Wellington ha reconocido la labor del sevillano por abarcar de una forma didáctica “el sentido más profundo de la Fiesta”.
Periodistas, toreros, actores y aristocracia se han reunido este martes para celebrar la entrega del
V Premio Periodismo Taurino Baltasar Ibán al periodista
Antonio Burgos. Entre maestros, y en presencia del
embajador de Francia, Bruno Delaye, la
Fundación Wellington ha hecho entrega al periodista de una escultura del artista Pablo Lozano.

El catedrático de Literatura Española y presidente del jurado,
Andrés Amorós, ha descrito a Burgos como un “maestro de escritores, escriba lo que escriba”. Un calificativo que ha sorprendido al periodista ya que, según ha comentado, "maestros son otros, como Espartaco o El Cid, mientras el resto somos meros aprendices”.
Tanto
Espartaco como
El Cid se encontraban entre los asistentes al acto, como también
Jaime Ostos y su mujer
María Ángeles Grajal, Laura Valenzuela,
Álvaro Domecq o
Concepción Sáenz de Tejada, madre de Jaime de Marichalar, entre otros muchos.
Afición agradecidaAdemás de la labor profesional de Burgos, la Fundación Wellington ha reconocido el momento
“extraordinario” por el que pasa la Fiesta en
Francia. Así, por primera vez, el jurado ha realizado una mención a afición, periodistas y escritores franceses vinculados a este espectáculo. “Mientras en España la Fiesta es atacada por muchos, en Francia es un
baluarte fabuloso”, ha dicho Amorós, quien ha recordado la ineludible vinculación entre los intelectuales franceses y los toros. Una idea que el embajador de Francia, Bruno Delaye, ha llevado más allá: “No ha habido nada que haya unido tanto nuestra amistad como la fiesta brava”. El representante francés en España ha insistido en la autenticidad de este espectáculo, que, según dice, “demuestra que
los toros no mienten”.

Para Burgos, que ha reconocido el valor de reconocer a la
afición francesa, su galardón sirve también para recompensar a la sevillana, que debería pasar a llamarse “hermandad de la penitencia”, según ha comentado con ironía.
Sevillano de nacimiento y en esencia, Burgos dice que su trabajo ha servido para “divulgar y dar esplendor a los ritos sevillanos del toreo”. Algo que comparte Amorós, para quien la
tauromaquia de Burgos está llena de “sensaciones unidas a los olores, sonidos, silencios, sabores y contrastes sevillanos”.