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El malestar con la democracia

jueves 18 de junio de 2009, 20:47h
Sorprende la rapidez con la que la clase media alta se hartó del voto y de la democracia. Algunos grupos, entre ellos simpatizantes y militantes de partido en el poder, el PAN, han hecho un llamado, vía Internet, para anular el voto. Su rechazo, dicen, es contra los partidos políticos, pero en el fondo expresan el malestar social por el vacío de poder y la falta de rumbo. Razones les sobran. Les falta, en cambio, conocimiento del país y cultura política.

Durante seis décadas, el PAN simplificó los problemas nacionales y los redujo a uno solo: la falta de democracia que permitía gobernar a los corruptos e ineficaces. Ellos serían diferentes. Sus orígenes católicos y su rechazo a la modernidad acentuaron el maniqueísmo original y los privó del oficio político. Cuando llegaron al poder mostraron que la corrupción no era privativa de los gobiernos anteriores y que no tenían la menor idea de lo que implica gobernar. Para unos era cuestión de principios (Calderón) y para otros un problema de gestión empresarial (Fox).

No sorprende, por consiguiente, la parálisis gubernamental ante problemas inesperados: la crisis económica, el tema sanitario o el narcotráfico. La reacción ante las dificultades ha sido casi siempre la misma: tratar de soslayar el problema, después fanfarronear y, finalmente, agachar la cabeza. La crisis económica fue calificada de “catarrito”, después se presumió el “blindaje” de la economía mexicana para, al fin, reconocer los datos del desempleo, del déficit fiscal, la inflación, etcétera.

Al “catarrito” económico le siguió la influenza y el Presidente, que hizo mutis durante la fase álgida de la crisis, presumió después de haber “salvado a la humanidad”. Lástima que la Organización Mundial de la Salud haya elevado el mal a nivel de pandemia. La lucha contra el narcotráfico fue improvisada y en el primer gobierno panista, uno de los capos más importantes escapó tranquilamente de un penal de máxima seguridad. Hace poco tuvo lugar una fuga masiva de narcotraficantes sin que se disparase ningún tiro. El Presidente se muestra intransigente y el PAN presume de su valentía, pero los candidatos hablan de negociaciones con el crimen organizado.

La tragedia de los 46 niños muertos en Hermosillo, Sonora, en una guardería, recibió respuestas insólitas: el Secretario de Desarrollo Social, un tecnócrata egresado de una universidad privada, mostró su desprecio por los menos favorecidos: “las estancias infantiles son más seguras que sus casas”. El Fiscal del Estado, a su vez, declaró: “los delitos no son graves”. Naturalmente, este personaje trató de encubrir a las autoridades federales y a los concesionarios de la guardería: las esposas de altos funcionarios estatales.

El malestar social de las clases medias se ha volcado contra los partidos políticos, sin distingos. En más de un sentido exculpan al Presidente y a sus ministros y buscan evitar el voto de castigo al PAN en las próximas elecciones. Que los partidos son oligárquicos, se sabe desde que Robert Michels escribió su libro hace casi 100 años: quien dice organización dice oligarquía. Los sindicatos y las organizaciones empresariales, la Iglesia y las universidades no escapan a la ley de hierro de las oligarquías.

Los promotores del voto nulo desconocen que los partidos son indispensables para la democracia, que su debilitamiento allana el camino al autoritarismo. También ignoran la fragilidad de las instituciones democráticas y que el vigor de éstas depende de la cultura política de los ciudadanos. Quieren partidos modélicos, cuando los votantes no lo son, cuando el gobierno y las instituciones sociales dejan mucho que desear. Bien decía el fundador del PAN: “que no haya ilusos para que no haya desilusionados”.

Las clases medias que ven amenazado su estatus social por la crisis económica, al igual que sus ingresos y el futuro de sus hijos, son caldo de cultivo para el desarrollo de actitudes y comportamientos fascistoides. No estaría de más que leyeran la historia de Europa en la década de 1930. A diferencia de entonces, les faltarán los comunistas para justificar sus miedos y legitimar sus acciones.

Ciertamente la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de los demás, como ironizaba Churchill.
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