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Una vuelta de manivela al Oriente musulmán

Víctor Morales Lezcano
viernes 30 de octubre de 2009, 19:33h
Oriente Próximo y Medio está desde hace algunos años -decenios, incluso- en estado de tensión conflictiva. Veamos cómo unos cuantos puntos críticos substancian el diagnóstico de región cargada de la tensión conflictiva a que se acaba de aludir.

Empecemos con Turquía, base de un olvidado imperio otomano que naufragó definitivamente al final de la primera guerra mundial. En aquellos cruentos años de guerra (y revolución) parece que cientos de miles de súbditos otomanos de estirpe armenia, y por ende, cristianos, fueron “liquidados” por tropas turcas. Se adujo, entonces, que la población armenia era un “enemigo interior” de bordo, amigable para con las potencias occidentales de la Entente, y sospechoso de traicionar al Sultán de la Sublime Puerta y al islam del Imperio otomano. Por ende, se actuó contra ella.

Desde hace prácticamente un siglo, los lobbies pro-armenios en Estados Unidos y Francia no han dado tregua a los gobiernos de Ankara, señalando el “genocidio” de abril de 1915 con rencor vindicativo, mientras que la conciencia turca ha vivido desde entonces bajo la amenaza de un fantasma llamado conciencia de culpa.

Coincidiendo, sin embargo, con los vientos reconciliadores que vienen predominando en la arena internacional, Taieb Erdogan, primer ministro del gobierno “piadoso” (moderadamente musulmán) de Turquía, ha decidido firmar un acuerdo de reconciliación con el presidente de la república de Armenia, Serz Sarksyan. ¿Con qué finalidad?: suavizar el estado de las relaciones poco amistosas entre ambos países.

Aunque, si no hay ratificación en los parlamentos respectivos, de poco valdrá el reconciliador gesto presidencial. Los grupos irredentos, en ambos lados, se obstinan en avivar el fuego, no de la discordia, sino de la enemiga patológica entre turcos y armenios.

He aquí, en breve, el esbozo de uno de esos conflictos históricos que tanto tensan el estado de las relaciones entre los pueblos de los dos orientes: Oriente Próximo y Medio.

Si en vez de fijar nuestra lupa en Anatolia y el Cáucaso, descendemos hasta Mesopotamia, comprobaremos cómo todavía el ejército de Estados Unidos sigue movilizado en Iraq; cómo los grupos favorables al proceso de ¿restablecimiento de la normalidad? en Bagdad, Mosul, Kerbala se ven alterados por erupciones de violencia que traducen viejos rechazos religiosos y étnicos. Lo que aquí realmente planteamos es si se logrará construir en Iraq un “edificio nacional” que cobije bajo su techo a zuñes y chiíes, árabes y kurdos. Un coeficiente precautorio de escepticismo nos lleva a preguntar: ¿hasta cuándo sangrará la milenaria Mesopotamia en la posguerra que se avecina? Según los cálculos del ejército americano, ésta sería establecible con visibilidad total a partir de finales del 2010, tres años después del viraje que Petraeus imprimió a la intervención americana en Iraq.

Si tornamos la vista en dirección de Irán -república de los ayatolláhs-, el Oriente musulmán se nos revela en su espinosa coyuntura actual.

El régimen de los clérigos y su primer ministro Ahmadineyad han adiestrado más -si cabe- a las milicias basiyíes, tan compactamente gubernamentales, para ahogar en el nido cualquier manifestación que sectores descontentos y rebeldes de la población iraní, intenten montar, sea en las avenidas de Teherán, sea en las universidades de la República. En otro terreno, el Régimen ha iniciado ya, como operación de castigo disuasorio, una serie de procesos -de dudosa factura judicial- contra algunas figuras relevantes de la disidencia como Kharroumi, de sólida aureola islámica, y como Mussavi, un ex-ministro de la etapa Jomeini -.

Tampoco en el mesetario país de los arios, puede permanecer Estados Unidos ajeno al ahogamiento de derechos tales como la libertad de expresión y de manifestación; por no incluir en este cuadro de conjunto, el presunto “Plan B” de la administración Obama -designado, a propósito- para aniquilar los búnkeres y operativos subterráneos de tipo nuclear que pudieran almacenarse en suelo iraní.

Finalmente, incluyamos en este travelling la guerra, guerra civil donde la haya -no nos cansaremos de proclamarlo- que lleva librándose desde hace ocho años en territorio afgano, con incidencia perniciosa en la frontera Afgo-Paq (Paquistán) y que divide a la opinión y a los gobiernos de América y Europa, por lo pronto.

Como hemos venido abordando, desde un principio, en este escenario del Oriente Próximo y Medio, no sólo se detectan tensiones, sino también enfrentamientos bélicos. No ahondaremos más por el momento, en todo ello. Es éste un asunto, que cada día que pasa adquiere peor cariz tanto para Washington como para el principio internacional de la seguridad frente a los no siempre previsibles impactos del terrorismo.

No hemos querido atemorizar al lector al volver a trazar para El Imparcial un escueto panorama global de la región de marras, pero, en rigor, si a veces hay síntomas de mejoría (como ocurre en Iraq), no debemos asumir con desenfado carnavalesco el papel de los nuevos optimistas, que ven siempre un happy end para los conflictos que la humanidad se plantea y que ella misma tarda en resolver, con todos los costes y servidumbres que aquéllos aparejan.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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