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Incertidumbre electoral en Honduras

martes 17 de noviembre de 2009, 03:21h
Manuel Zelaya ha manifestado su intención de boicotear los próximos comicios hondureños, afirmando que impugnará el resultado electoral y criticando la forma en que se están haciendo las cosas. A primera vista, la actitud de Zelaya no es sino una excusa de mal pagador, toda vez que el ex presidente golpista -recuérdese, el golpista es él (que violó la Constitución, ignoró al Congreso y desobedeció al Supremo) y no tanto Micheletti, pese a lo que algunos intentan hacer ver- ha debido de verle las orejas al lobo y percatarse de que su reelección no iba a ser tan sencilla. Tiene apoyos en Honduras, eso es un hecho. También los tiene de quien le quiere emplear como peón de sus oscuros manejos, Hugo Chávez, detrás del cual está su cohorte de populistas autoritarios –Evo Morales, Cristina Fernández de Kirchner y Daniel Ortega, entre otros- que dirán amén a cuanto proponga el caudillo bolivariano. Y tiene igualmente el respaldo de parte de la izquierda europea, con José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza, que ha tomado partido expresis verbis en Naciones Unidas por el peón hondureño de Chávez.

Pero no basta. Por más que en el plano exterior se movilicen a su favor políticos de diverso pelaje, lo que realmente importa es que Zelaya cuente con la aprobación mayoritaria del pueblo hondureño, y es ahí donde no parece tenerlo tan claro. No hay duda alguna de que las próximas elecciones en Honduras estarán bajo la lupa de toda la comunidad internacional, por lo que se antoja difícil que se produzca un fraude masivo. Además, si una de las vías principales para solucionar los problemas del país es el adelanto electoral, lo menos que se le debe exigir a quien aspira a refrendar una presidencia cuestionada por el Legislativo y el Judicial es un mínimo de responsabilidad política. Boicotear las elecciones, cuando podía exigir garantías de honestidad, no es precisamente una prueba de ello. No hay que tener miedo de lo que la ciudadanía decida en las urnas, ahí radica la esencia de la democracia. Y si Zelaya pretende legitimación, lo que debe hacer es convencer a su pueblo y no temer que le rechace.
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