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Han situado a los favoritos al borde de la eliminación

Los irreverentes equipos “pequeños” revolucionan la Champions League

viernes 11 de diciembre de 2009, 10:04h
La Copa de Europa de esta temporada está rompiendo los tradicionales esquemas del fútbol continental. La fase de grupos ha estado protagonizada por conjuntos de segunda fila, que han eliminado a varios históricos y situado al borde del abismo a otros tantos favoritos. La impecable actuación del Girondins de Burdeos ha dejado fuera de octavos a la Juventus, mientras que el Rubín Kazan y el Dínamo de Kiev han hecho sudar de lo lindo al Barcelona y al Inter de Milán. La firmeza del Oporto y del CSKA de Moscú les sitúa como dos rivales muy duros en las eliminatorias. Y el Liverpool y el campeón alemán, el Wolfsburgo, no han aguantado el ritmo y están fuera de la competición a las primeras de cambio.

El fútbol es en esencia un deporte y, como tal, cuenta con cierta dosis de azar. Existe la posibilidad de que el favorito no venza, de que el club con mayor riqueza no consiga los títulos. Pero la historia del balompié refleja que la probabilidad de que estas situaciones se reproduzcan es bien escasa. La Liga española es un buen ejemplo de la relatividad, "todo puede pasar en el fútbol". Real Madrid y Fútbol Club Barcelona se reparten los títulos de los últimos años y esta temporada todo apunta a una reedición del mano a mano de los dos gigantes españoles.

Por su parte, la Copa de Europa ha representado desde su fundación el dominio de los clubes prestigiosos sobre los humildes. La aristocracia futbolística continental, reflejada en Real Madrid, Barcelona, Milán, Liverpool o Manchester United, se ha repartido los títulos. Por extensión, los clubes de Italia, España, Inglaterra y el Bayer alemán han copado las primeras posiciones. Los equipos pequeños de países con menos presencia del balompié recibían goleadas cuando visitaban los grandes estadios de los favoritos al título. La mezcla de respeto a la historia del afamado rival y el miedo a jugar en campos con un aforo tres o cuatro veces mayor al del recinto propio provocaban que los clubes pequeños desempeñaran papeles ínfimos cuando enfrentaban grandes empresas.

Pero este año se han roto las categorías históricas en la Champions League. Los conjuntos alejados del foco mediático tradicional están añadiendo picante a la competición más previsible y aburrida en su fase de grupos. Basta con repasar los datos de las clasificaciones. El club que mejor ha jugado y más puntos ha logrado en los primeros seis partidos no pertenece a Italia, Inglaterra o España. El mejor de la primera fase es el Girondins de Burdeos. Los franceses han logrado sacudirse el respeto que actuaba como mordaza psicológica a lo grande. Su impecable actuación ha eliminado a la Juventus de Turín y ha puesto contra las cuerdas al todopoderoso Bayern Munich. El equipo entrenado por el campeón mundial Laurent Blanc, que está dominando en la modesta competición doméstica francesa, surge liderado por el fino Johann Gourcuff y cimentado en brasileños de corte serio y galos peleones. Con estas armas, el Girondins se planta en octavos como un rival temible, no como la víctima de antaño.


La situación que más ha sorprendido en lo que va de competición es la acontecida en el grupo del Barcelona, el grupo F. A priori, el Barcelona era el absoluto favorito a clasificarse junto con el prestigioso Inter italiano. En el papel de comparsa, el campeón ruso Rubín Kazán y el eterno Dínamo de Kiev. Pero con el paso de los partidos se demostró que los presagios no eran precisos. La rebeldía de los equipos “pequeños” de esta temporada europea se ha concretado a la perfección en este grupo: los cuatro equipos tenían opciones de clasificarse para octavos en la última jornada. Esta curiosa situación, que provocó el shock del público continental incapaz de imaginar a dos de los grandes fuera de la Champions, se fue cocinando partido tras partido y tuvo su culminación en España. La sorpresa mayúscula -genial reflejo de la recién estrenada irreverencia de los humildes- ocurrió en Barcelona. El rocoso Rubín Kazan venció 1-2 al actual campeón de Europa. Con una plantilla de rusos peleones que saben tocar la pelota, algunos brasileños poco distraídos y el “Chori” Domínguez (descubrimiento del año), la propuesta defensiva rusa se llevó los tres puntos y el reconocimiento internacional.

Sin embargo, el club que más ha sorprendido en este inicio de año futbolístico continental ha sido el Unirea rumano. El conjunto entrenado por el gran lateral Dan Petrescu, que jugó en el Chelsea entre otros clubes, se quedó a un punto de la clasificación para los octavos de final en su primera participación en la Champions League. La historia de este equipo es peculiar, ya que vive un fugaz sueño de éxitos en estos años. En 2007 consiguió el ascenso a la primera división rumana por primera vez. En 2008 ganó la Liga 1 de su país y este año ha plantado cara al Sevilla, estando a un paso de dejar fuera al Stuttgart alemán. Los rumanos alcanzaron la cima de su dulce aventura europea al golear al Glasgow Rangers por 1-4 en Escocia. Todo un ejercicio de ruptura con las bases de la arcaica aristocracia futbolística continental.


De la primera fase de Copa de Europa surgen dos equipos muy reforzados. No son clubes de primera línea internacional pero se han transformado en huesos muy duros para los históricos favoritos. Ambos se han clasificado como segundos de grupo por lo que pueden ser rivales de algún equipo español. Son el Oporto y el CSKA de Moscú. En el primer caso, los portugueses han confirmado la progresión que les colocó a un gol de eliminar al Manchester United en los cruces del pasado año. Cimentados en la seguridad del central Bruno Alves y en el gran rendimiento del medio Raúl Meireles, el bicampeón europeo ha asentado su fútbol y esta temporada se plantea el título como un objetivo realizable. En su bagaje, dos victorias arrolladoras sobre el Atlético de Madrid, 2-0 y 0-3.

Por su parte, el CSKA de Moscú será uno de los rivales más complicados de doblegar en octavos de final. Los rusos se han creído su potencial –actitud con la que empataron a tres en Old Trafford- y están disfrutando de la explosión del nuevo Nedved, el serbio Milos Krasic, que es el tercer máximo goleador de la Champions actual. La velocidad de mediocampo para adelante y la ayuda en el trato de balón de los brasileños (Daniel Carvalho sobre todo). El club moscovita ha eliminado al campeón alemán y se planta en las eliminatorias sin prejuicios, como el mejor representante del incipiente fútbol del este europeo.

Los clubes citados son el fiel reflejo del cambio de actitud de los equipos “pequeños” que han desterrado el temor y exagerado respeto de antaño y hoy usan su rebeldía e irreverencia como bandera. El club más laureado de Italia, la Juventus, y todo un penta-campeón continental, el Liverpool, han quedado fuera a las primeras de cambio. La Champions League ha subido el nivel de interés esta temporada en la que los grandes no son los gigantes que atemorizaban antaño. La competición que, en contadas ocasiones, permitía los sanos triunfos no hegemónicos como el del Olympique de Marsella (de Desailly, Boli, Barthez…), en 1993, o el del Estrella Roja de Belgrado (de Prosinecki, Savicevic o Pancev). La lista de sorpresas y derrotas sonrojantes que azotan a los favoritos históricos no está cerrada todavía en esta edición de la Copa de Europa. Este año, el aficionado disfrutará del espectáculo tradicional y el renovado interés aliñado por los imponentes pequeños europeos.


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