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Los desafíos de occidente en 2025

Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
jueves 01 de julio de 2010, 21:09h
El Consejo Nacional de Inteligencia de EE.UU. presentó a finales de 2008 un análisis relevante sobre la situación del mundo en 2025. No se trataba de jugar a leer la guija, ni de buscar el futuro en una bola de cristal, sino de hacer un análisis profundo, coherente y completo de la situación del mundo actual, analizando los desarrollos lógicos a corto y medio plazo, incluyendo variables de todo tipo, y haciendo previsiones científicas racionales y razonables. Por difícil que parezca, muchos factores son medibles si se tiene la información, la capacidad y el conocimiento profesional necesarios. Otros múltiples parámetros son imposibles de medir, pero la propia historia y las dinámicas políticas del mundo permiten hacer predicciones relativamente fiables y necesarias para preparar las políticas del futuro que se avecina. Eso es lo que hacen los actores internacionales de peso, los Estados considerados “potencias mundiales”, y aquellos que aspiran a serlo. De estos primeros análisis dependen las “políticas de Estado” que se seguirán en las próximas décadas: las que tendrán un impacto directo en el mundo que conocemos. Precisamente, esas “políticas de Estado” son las que (a día de hoy y desde hace mucho) están tan ausentes de la vida política española, en un país donde los recursos se utilizan para ganar guerras del pasado y donde nada se debate sobre los desafíos del futuro.

Huelga decir que el estudio del Consejo Nacional de Inteligencia estadounidense no fue escrito en 2008 para los políticos europeos, sino para los norteamericanos. Y lo fue más aun para ayudar a la Casa Blanca a articular sus políticas en infinidad de campos. No se trataba de un estudio partidista (como todos los que se hacen en España), ni su objetivo era legitimar políticas pasadas, sino aportar luz para permitir a Washington adaptarse ante el mundo que se avecina y sacar el mejor partido a la situación. Haríamos bien en Europa en leernos el estudio. Quizás nos sirviese para entender lo que nuestros políticos llevan ignorando durante años: que los buenos análisis nos dan una oportunidad crucial para adaptarnos y reaccionar a tiempo, quizás pudiendo incluso corregir algunos de los parámetros más amenazantes, esos que destaca el informe del Consejo Nacional de Inteligencia estadounidense. Han pasado ya un año y medio desde la publicación del estudio y aunque es patente que nuestros responsables políticos han conseguido hasta ahora ignorarlo (tan autosuficientes ellos), tampoco vendría mal intentar hacer un esfuerzo para llamar su atención con respecto al mismo.

¿Y qué es lo que dice el último informe del Consejo Nacional de Inteligencia estadounidense? Agárrense, damas y caballeros, que vienen curvas y muchos baches. Estos son los principales puntos que el estudio destaca en la situación mundial para 2025:

• El trasvase de poder económico y de riqueza de Occidente a Oriente se mantendrá de modo importante. Este proceso, que ya se ha consolidado, no tiene precedentes hasta ahora en la historia mundial.

• Los EE.UU. mantendrán el liderazgo del mundo, pero su poder militar, económico, político y tecnológico se verá reducido y contrarestado por el ascenso imparable de potencias como China, Rusia, Brasil e India. En 2025, China será la segunda potencia económica y militar del mundo.

• Las bases ideológicas del terrorismo al estilo Al-Qaeda se verán drásticamente reducidas por el desarrollo económico de regiones enteras en Oriente Medio y Asia, donde el estancamiento económico y el desempleo actuales dan lugar a masas de jóvenes sin perspectivas. Este rasgo positivo en la debilitación de Al-Qaeda y los fanatismos radicales va acompañado de otros peligros como el acceso de los grupos terroristas existentes a armas biológicas y de destrucción masiva.

• Los riesgos de un enfrentamiento nuclear habrán aumentado de aquí a 2025, dadas las rivalidades entre países como la India y Pakistán. Además, el riesgo de desestabilización generalizada en Estados con capacidad nuclear como Corea del Norte supondrá una amenaza más que considerable de aquí a los próximos años. Sin olvidar el caso de Irán y su carrera para dotarse de energía nuclear.

• La demanda de alimentos se habrá multiplicado en un 50% de aquí a 2030, debido al aumento drástico de la población mundial, junto a la expansión de los hábitos alimenticios occidentales actuales. Además, el número de países que carecen de acceso al agua potable aumentará de modo considerable: de los 21 países en 2008 (600 millones de habitantes) se pasará a los 36 países en 2025 (1.400 millones de habitantes). Las perspectivas de conflicto para acceder a recursos como el agua aumentarán exponencialmente.

• El África subsahariana seguirá siendo la región del mundo más vulnerable. Sus recursos naturales serán objeto de codicia y explotación de modo aun más directo que en la actualidad. Su población, lejos de beneficiarse de esta situación, sufrirá las consecuencias de la corrupción y de los conflictos por el control de los recursos. Ojo a esto en España, donde el gobierno Zapatero está debilitando la seguridad de Ceuta y Melilla e ignorando la necesidad crucial de establecer mecanismos de gestión adecuada de futuras crisis migratorias. Lo de “la Tierra no es de nadie” puede ser poético, pero es nefasto e inmaduro en política.

• El proceso actualmente iniciado de concentración masiva de población en el sureste asiático adquirirá pronto el potencial de provocar pandemias de gran impacto a nivel mundial. Ello daría lugar a movimientos migratorios masivos que a su vez podrían provocar conflictos entre Estados al intentar proteger a sus poblaciones nativas. Los riesgos de una pandemia de esta magnitud se contarían en millones de víctimas.

• El proceso tecnológico de transición de los combustibles fósiles a las energías alternativas no contaminantes será muy lento, siendo marginal de aquí a 2025. Las tecnologías actuales son inadecuadas y las posibilidades de que las energías alternativas sean comercialmente viables en los próximos 20 años son mínimas.

Para Occidente, en concreto, las perspectivas son igualmente complejas:

• El calentamiento global beneficiará directamente a Rusia, cuyas zonas de producción agrícola se verán ampliadas masivamente, al tiempo que la facilidad de acceso a recursos energéticos de combustibles fósiles aumentará considerablemente. La corrupción y el desarrollo del crimen organizado supondrán, a su vez, una gran amenaza para esta potencia mundial.

• Las posibilidades de que Europa central y del Este se vean desbordadas por el aumento del crimen organizado son cada vez más altas. El principal país de la órbita europea que aumenta su importancia geoestratégica de aquí a 2025 es Turquía; algo nada sorprendente para aquellos que han seguido los acontecimientos internacionales de los últimos años.

El factor más positivo de todo este análisis (que pone los pelos de punta), es precisamente el hecho de que da miedo mirar en la bola de cristal del futuro mundial. Ello tiene el potencial de aunar a los pueblos europeos en un despertar colectivo que haga que los políticos de la UE y de los Estados nacionales se pongan las pilas y pongan manos a la obra, dejando de lado los postulados ideológicos maximalistas y anacrónicos, y diseñando políticas comunes que salvaguarden el peso específico de Europa en una coyuntura como la que se avecina, nada halagüeña.

Todo esto no hace más que reforzar al mismo tiempo el valor y el potencial de la UE y del Parlamento Europeo como instrumentos de cohesión al servicio de los ciudadanos de Europa, aportando la posibilidad de desarrollar políticas de bloque que nos permitan tener voz propia en multitud de ámbitos esenciales, en un mundo del siglo XXI que no nos va a regalar nada porque sí. Todo ello a pesar de que la realidad nos muestra a día de hoy una situación en la que la UE brilla por su ausencia de los temas más importantes, donde las potencias europeas siguen yendo exclusivamente a lo suyo, y donde los partidos políticos españoles siguen viendo Bruselas como su “cementerio de elefantes” privado.

Es esencial, quizás más que nunca, que sepamos imponernos a los miedos que provoca el leer estos análisis realistas, para exigir de nuestros políticos nacionales y europeos las medidas políticas que necesitamos a la hora de salvaguardar nuestro futuro y el del mundo en general. Necesitamos sopesar perspectivas, oportunidades y desafíos. Necesitamos entender por qué es tan importante que nuestro país asuma el puesto que merece en el concierto internacional; precisamente tras una Presidencia de la UE tan penosa y tan vergonzosamente llevada como la del primer semestre de 2010. Todo un record para el “zapaterismo”, que amenaza con aniquilar cualquier vestigio respetable de la socialdemocracia en España.

Los partidos tradicionales españoles tienen que acometer una renovación profunda si quieren superar años de contradicciones y fracaso a la hora de lidiar con los desafíos internacionales más importantes. La situación mundial requiere que cambiemos la manera de hacer política, para asumir nuestras responsabilidades y para conseguir aportar al mundo lo mejor de nosotros mismos en este momento histórico crucial.

Perdida la esperanza de que los nuevos mini-partidos políticos de reciente creación intenten realizar una política regeneradora y nueva, solo queda la esperanza de que el futuro gobierno del PP en España a partir de 2012 asuma la realidad y sepa superar el penoso bagaje internacional del zapaterismo y sus funestas alianzas tercermundistas para dar respuesta a los desafíos que tanto España como Europa afrontan hoy desde posiciones tan poco ilusionantes. Nos va demasiado en ello, auque muchos hayan conseguido ignorarlo durante tanto tiempo en nuestro maltratado país.

Álvaro Ballesteros

Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior

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