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Una cruenta batalla electoral librada en los medios de comunicación

domingo 31 de octubre de 2010, 18:23h
La campaña electoral que concluye la próxima semana en Estados Unidos se ha librado más que nunca en las pantallas de televisión y de ordenador, para reflejar, entre ataques y meteduras de pata, el dicho de que en política todo vale.
La campaña electoral que concluye la próxima semana en Estados Unidos se ha librado más que nunca en las pantallas de televisión y de ordenador, para reflejar, entre ataques y meteduras de pata, el dicho de que en política todo vale.

La entrada en escena de anuncios pensados para su consumo masivo en "Youtube" radicalizó los planteamientos y restó brillo al clásico sarcasmo que marcaba la propaganda electoral cuando ésta aún se distribuía en dosis únicas y televisadas, cocinadas durante meses en despachos publicitarios.

En la era de internet, lejos de servir para exponer el propio programa a los electores, la propaganda para las legislativas del 2 de noviembre fue una herramienta para el descrédito del oponente, y una excusa para indagar en sus secretos más oscuros.

Comparar al contrario con la bruja de "El mago de Oz", representar sus acciones con excrementos de perro o burlarse de su supuesta devoción por un dios pagano fueron algunos de los ejemplos de una carrera de empujones y zancadillas, en la que muchos de los anuncios resultaron ser armas de doble filo.

Los mayores tropiezos pudieron verse en Nevada, donde la encarnizada lucha entre la estrella del "Tea Party" Sharron Angle y el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, motivó un gasto de campaña combinado de unos 30 millones de dólares, según un estudio del Centro para la Respuesta Política.

El afán de Angle por mostrar la presunta vida de lujo y excesos de Reid llevó a su equipo a recrear al político bailando la conga y rodeado de supermodelos. Pero el anuncio se volvió contra la candidata republicana cuando se descubrió que las imágenes procedían de un inocente acto del senador con Michelle Obama.

También dejó sabor amargo la campaña del grupo de tendencia republicana "Latinos for Reform", que pedía a los hispanos de Nevada que no votasen y que duró apenas dos horas en las ondas después de que Reid tratara de vincularlo con una estrategia de Angle.

Pero el más desprestigiado por su propia propaganda fue el candidato demócrata al Senado por Kentucky, Jack Conway, que aseguró que su oponente Rand Paul había pertenecido a una secta que adoraba a un dios llamado "Aqua Buddha"; una acusación que le valió hasta los abucheos de su propio partido.

El pasado de otro de los rostros de primera fila del "Tea Party", la aspirante al Senado por Delaware Christine O'Donnell, también fue un filón para el equipo de campaña de su oponente, Chris Coons, que rescató de los archivos un programa de los años 1970 en el que la joven republicana confesaba haber hecho sus pinitos en la brujería.

"No soy una bruja", tuvo que aclarar poco después O'Donnell, en un nuevo anuncio que hizo frotarse las manos a los demócratas.

Poco imaginaban que ese mismo estereotipo se acabaría aplicando a una de las estrellas de su partido, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, caracterizada como la "bruja del oeste" en la campaña de su rival por California, John Dennis.

Impulsado por la decadente popularidad de Pelosi, el equipo del republicano logró una respuesta sorprendentemente positiva de una simple trama en la que su candidato salva a Dorothy, el hombre de hojalata y el espantapájaros de las garras de una malvada bruja que quiere ahogar al reino de Oz a base de impuestos y sanidad pública.

Tampoco faltaron los momentos de ridículo, como los del republicano que confundió a su rival con otro congresista del mismo apellido, o los chistes fáciles, como el que hizo el senador por Arizona John McCain con la afición a la ópera de su oponente, Rodney Glassman, cuando aseguró que canta "la música que Obama quiere oír".

Pero la medalla a la campaña más directa se la colgó el candidato demócrata al Senado por Pensilvania, Joe Sestak, cuando presentó a su perra "Belle" y recogía sus excrementos mientras prometía ante la cámara "limpiar el desastre" dejado por el senador Pat Toomey.

El goteo constante de anuncios, una verdadera guerra de dardos en la que nadie dejaba de disparar a la diana, desconcertó tanto a los votantes indecisos como a los más fieles, que no dejaron de preguntarse cómo aquel candidato en el que depositaron su confianza había dedicado tanto tiempo a rebuscar en la basura ajena.
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