Novela extraordinaria de la joven escritora inglesa Annabel Pitcher. Exposición Una luz dura, sin compasión. El Movimiento de la Fotografía Obrera 1926-1939, del 6 de abril al 22 de agosto en el Museo Reina Sofía.
Con una sonrisa contagiosa, una mirada femenina y una elegancia muy inglesa, la joven
Annabel Pitcher (Yorkshire, 1982) está estos días en Madrid para promocionar
Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea, (Siruela), una novela que está teniendo un éxito impresionante en Inglaterra. La historia es tan original como el título del libro. Jammie, un niño de diez años, lucha por disfrutar un poco de felicidad en una familia que ha sufrido la muerte de Rose, su hermana pequeña, víctima de un atentado terrorista. Él no se acuerda de Rose, aunque lo intente, era muy pequeño cuando ocurrió y le cuesta aceptar que sus padres ya no se ocupen más de los demás hermanos, obsesionados por haber perdido a Rose.
¿Una historia de niños pero con las cenizas de un fallecido en casa y una bomba terrorista? Pues sí. Annabel Pitcher se ha metido en la piel de este personaje que dice no haber elegido: “Se me apareció mientras hacía un viaje de un año alrededor del mundo con mi marido a través de las voces que oía en trenes, en aviones, en autobuses, por la calle. De repente, conseguí ver, muy nítidamente, la historia de Jammie”. La idea de escribir sobre un atentado terrorista le vino al ver la película
United 93, de Paul Greengrass, un film que relata el viaje del cuarto avión secuestrado en el atentado del 11 de septiembre.

Después del éxito de la novela, la autora ha dejado su trabajo como profesora de inglés en un colegio para dedicarse todo el día a la escritura. Es
“como un sueño que se ha hecho realidad”, nos confiesa Pitcher que, para escribir, se levanta todos los días a las 5.30 de la mañana y escribe hasta la hora de comer.
Este miércoles se inaugura en el
Museo Reina Sofía Una luz dura, sin compasión. El Movimiento de la Fotografía Obrera 1926-1939, una
exposición sobre la belleza proletaria con más de 100 documentos entre los que se encuentran fotografías, revistas, libros y películas. Fotografías de Sergei Tretyakov, David Seymour, Robert Capa, Paul Strand, Tina Modotti, Walter Ballhause o Max Alpert son las que se pueden ver expuestas en el museo.
La muestra quiere demostrar que la fotografía obrera nació de una
conciencia social cuyo objetivo era mostrar la clase proletaria nacida de la tercera Internacional Comunista (la primera tras la Revolución Soviética). El movimiento tuvo su momento inicial en el concurso convocado en 1926 por la revista AIZ (
Arbeiter Illustrierte Zeitung, revista ilustrada de los trabajadores), en el contexto de la República de Weimar. Simultáneamente, en la Unión Soviética nace la revista
Sovetskoe Foto con la misión de liderar y coordinar la cultura fotográfica soviética en pos de la construcción del nuevo estado socialista. En paralelo, el ciclo de cine
Documental proletario analiza la emergencia del documento audiovisual que, junto al documento fotográfico, forma el principio de la cultura visual moderna.
La fotografía se convirtió entonces en paradigma para los
movimientos de izquierda en el centro y norte de Europa y Estados Unidos, llegando a impregnar las experiencias del Frente Popular en España y Francia. Hacia 1939, con el fin de la Guerra Civil Española y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, arranca un nuevo orden mundial que llevó al declive al movimiento. Es un momento clave de la historia de la fotografía que no se había tomado con la suficiente consideración hasta el momento.