Nápoles, más allá de la emergencia basura
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 24 de abril de 2011, 17:40h
Un napolitano se caracteriza por muchas particularidades, que el grande actor de teatro y poeta Antonio de Curtis, Totó, era capaz de resumir en pocas frases: en primer lugar, destaca su innata capacidad de apañarse (el arte de arrangiarsi), su congénito ingenio para sobrevivir frente a numerosas dificultades como a la falta de trabajo y desarrollo de la ciudad, su proverbial miseria: “al napolitano se le reconoce enseguida por cómo se comporta, por cómo consigue vivir sin una lira”; luego, cuenta con una natural picardía y un sorprendente desparpajo que le permite enfrentarse a la vida resignado pero capacitado: “todos los días trabajo, honradamente, para fraudar la ley”; al mismo tiempo le surge una espontanea difidencia respecto a los Gobernantes y a las instituciones, que tienen dificultad en arraigarse en el territorio: “en tema de política, ¿no habría algo de comer?”; y finalmente, posee un sentido del humor surrealista, sarcástico y cínico, que, en muchos casos, sirve para esconder su melancólica filosofía de vida, su cansada resistencia frente a un destino que le parece adverso e inmutable.
Por eso, no cabe extrañarse de que en la actualidad, frente al abandono estatal y a las tomaduras de pelo del Gobierno respecto a un problema tan grave como la inmundicia, los napolitanos demuestren que la ironía triunfa sobre cualquier cosa, incluida la emergencia basura. Fieles a su filosofía, los habitantes prefieren reírse y mostrar su indignación organizando eventos como el “Munnezza day” (“El día de la basura”), en el que los comités contra los vertederos, las “madres volcánicas” y libres ciudadanos manifestaron su irritación por la falta de alternativa, aclamando transparencia y una solución inmediata. Así se pudo ver la estatua de Dante Alighieri con una bolsa de basura en la mano, escritos irónicos, pero sobre todo se manifestó el deseo de que los responsables de esta crisis (pública administración local, gobierno central…) paguen su calamitosa gestión. Aunque parecen exasperados y desesperados (cada noche aumenta el número de incendios), tres mil personas participaron en el acto, exigiendo una “Nápoles limpia”.
Otra iniciativa digna de ser destacada es la emisión en una televisión local, cada viernes de “Che tempo 'e munnezza” (algo como “Qué tiempo de basura”), previsión de la basura en la ciudad. Una monnezzina (una presentadora vestida con bolsas negras de la basura) comunica a los napolitanos qué calles están congestionadas por los desechos, en cuáles resultará difícil aparcar por la presencia de cúmulos de la basura y avisa de “cumpleaños, fiestas o eventos” que supondrán un aumento de inmundicia en la zona. Se trata de hablar de problemas serios, riéndose, sin minimizarlos, de forma provocativa. En la misma óptica, en San Gregorio Armeno, la calle de los belenistas, junto con los modelos más refinados y singulares del niño Jesús, María, José, pastores, santos y muchas otras piezas de la Nazaret de la época, puede comprarse una pequeña bolsa negra de basura como recuerdo de la ciudad. Un souvenir algo tétrico, pero de extremo realismo tanto que ya no sorprende ver que los turistas sacan más fotos a los cúmulos de basura a la esquina de Plaza Plebiscito que al Teatro San Carlo, el más antiguo teatro de ópera activo del mundo.
Últimamente, el mismo Arzobispo de Nápoles se ha quejado ya que “desde Nueva York a China, soy el cardenal de la basura”, recordando que “muchas palabras han sido dichas” y que nada ha cambiado. Recuerdo tristemente aquellas palabras del 27 de marzo de 2008: “Si en dos meses no he conseguido llevar a Nápoles y la Campania a su esplendor, aquella basura de ahí será sólo por mi culpa” (¡Berlusconi dixit!). Han pasado tres años, en los que se ha asistido a la “intifada de la inmundicia” (enfrentamientos entre los vecinos que se oponen a la reapertura de vertederos y las fuerzas del orden), a la propuesta de mandar los desechos a Andalucía, a China, a Alemania, a las limpiezas puntuales cada vez que Berlusconi llega a Nápoles, a los nuevos colapsos del sistema.
La saturación de los vertederos existentes, la falta de incineradoras y sistemas de tratamiento de los desechos obligan cíclicamente a la ciudad, y a la región entera, a prepararse para vivir una nueva situación calamitosa. La mala gestión de la administración local, la interferencia de la Camorra, la incapacidad de crear nuevas instalaciones para albergar la basura y la inoperatividad del Gobierno desesperan y alarman a la población. Una situación cada vez más dramática, provocada por la incompetencia política, la corrupción y la connivencia. El Gobierno no puede seguir ofreciendo soluciones paliativas y temporales, interviniendo con gestiones extraordinarias que se conviertan en la norma.
El plan “Pascua limpia” ha tristemente fracasado, estando la ciudad al borde de un nuevo crítico colapso. Genera infinita tristeza la noticia de que se haya encontrado un mausoleo romano -un monumento funerario construido en el II siglo después de Cristo- sepultado bajo los escombros de un vertedero ilegal, mientras, probablemente, Berlusconi celebrará la festividad organizando una de sus “elegantes veladas”.
La emergencia basura es un problema crónico, que mancha la imagen de una ciudad preciosa que alberga monumentos increíbles, que cuenta con un sorprendente patrimonio artístico y cultural, de gran riqueza gastronómica. El bellísimo panorama de su golfo, el encanto de sus calles, la preciosidad de sus castillos, el tesoro de sus iglesias, la sabiduría de un pueblo con una historia milenaria, no pueden ser ensombrecidos por un situación insostenible. La emergencia basura no debe disminuir su atractivo, los napolitanos sonríen amargamente, esperando: “io speriamo che me la cavo”.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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