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Crónica económica

El turismo de sol y playa al rescate de la economía

domingo 24 de abril de 2011, 19:37h
La llamada primavera árabe, que ha tenido lugar sobre todo en el Magreb, está obligando a muchos turistas y operadores a buscar otros destinos. Y en el terreno de la combinación de sol y playa con gastronomía y cultura, ¿qué destino mejor que España? Egipto y Túnez ya no son rivales. Las perspectivas de los hosteleros han mejorado por vez primera en tres años, según el Observatorio de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT). Exceltur calculó hace semana y media que el sector crecerá este año el doble de lo inicialmente previsto, un 2,2 por ciento. Según ese informe, el primer trimestre del año ha crecido ya al 2,4 por ciento.

No obstante, ese tirón tendrá que venir del turismo extranjero. Exceltur ha observado que el consumo nacional de turismo se ha frenado, por la caída en la renta disponible. El Observatorio de la CEHAT, por su parte, prevé un empeoramiento de la situación macroeconómica, lo que refuerza la idea de que la demanda nacional no va a salvar al sector.

En este juego de ganarse el favor de los mercados, Portugal cayó en el engaño. Un engaño de cinco décimas del PIB, lo que va de un déficit público en 2010 del 8,6 por ciento al 9,1 que ahora se ha visto obligada a reconocer. Esta corrección se produce cuando está en el país una misión del BCE, la Comisión Europea y el FMI para debatir el plan de ajuste para conceder el rescate. Al corregir el déficit, Portugal se ha visto obligado a corregir también la deuda, del 92,4 al 93 por ciento.

¿Qué es un rescate? ¿Por qué se acompaña de un programa de ajustes? Ante la perspectiva de llegar a los impagos, la UE, con el apoyo del FMI, concede unos créditos que les permite hacer frente a las obligaciones, y en unas condiciones que son mejores que las del mercado. Ese crédito lo tendrán que pagar, igualmente, pero el rescate se concede por un tiempo suficiente para que ocurran dos cosas. La primera es que se implante un plan de ajuste de las cuentas públicas que tiene que pasar por un gran recorte del gasto público y normalmente también por un aumento de impuestos. Ello corregirá el déficit y frenará el aumento de la deuda. Pero ello no es suficiente. Al menos igual de importante es la introducción de reformas estructurales. Liberalizar el mercado de trabajo para atajar el paro, liberalizar el mercado de bienes y servicios para hacer más flexible la economía, reducir las trabas administrativas... Y especialmente reformar los servicios públicos como la sanidad, la educación y las pensiones. Todo ello aligera el peso del Estado y hacer más competitiva la economía, con lo que crece más y aumenta los ingresos del Estado. Eventualmente, esta política tiene que acompañarse de un programa de privatizaciones que contribuye a los dos objetivos de este conjunto de medidas: reducir el déficit primero, la deuda después y favorecer el crecimiento.

Un ejemplo de lo que hay que cambiar en Portugal lo da El País: “Los Gobiernos pasan y ellos siguen, cambiando sólo de puesto. Las administraciones de las empresas públicas de transportes tienen cinco administradores: tres del partido del Gobierno, dos del mayor partido de oposición. El Partido Socialista y el Partido Social Demócrata se van repartiendo los cargos. La gestión no cambia”, dice un concejal. Otro problema: Han heredado de la dictadura una ley de alquiler de renta antigua que tiene a miles de inquilinos pagando cantidades muy pequeñas. Como en el mercado se tiende a recibir lo que se paga, acaban viviendo en edificios, y luego en barrios, degradados.

Esta crisis de deuda puede hacer saltar el euro por los aires. Menos mal que Alemania está siempre dispuesta a ayudar. Claro, que lo hace conociendo bien sus razones. Alemania es el país que más se ha beneficiado de la introducción del euro. Nos lo cuenta un artículo del New York Times, en el que se dice: “El Banco Central Europeo calcula que, desde la introducción del euro a comienzos de 1999, Alemania ha ganado competitividad no sólo frente a otras naciones industriales, sino frente al resto de países de la zona euro”. Al comentar este artículo, dice otro de Business Insider: “Básicamente, dado que los países de la periferia como Portugal y Grecia y España no pueden devaluar sus monedas hasta el punto en que puedan hacer competitivas sus fuerzas laborales, Alemania es la gran vencedora”. Interesante, aunque eso no está claro. No poder devaluar obliga a tomar medidas para ganar competitividad real, mientras que las devaluaciones fomentan la inflación y desincentivan al capital, lo que a largo plazo es malo para la competitividad.
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