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En la frontera

Ya es beato

martes 03 de mayo de 2011, 08:27h
Ya es Beato. Juan Pablo II está ya en los altares. La ceremonia de beatificación ha tenido lugar este domingo en la Plaza de San Pedro, en Roma. Han asistido más de un millón de personas que han gritado, aplaudido y llorado de emoción cuando Benedicto XVI ha declarado Beato a su antecesor. Sí, hemos gritado, aplaudido y llorado los que hemos recordado aquellas otras dos fechas emblemáticas del papado de Karol Wojtyla: el 16 de octubre de 1978, cuando fue elegido, y el 22 del mismo mes, cuando inició oficialmente su pontificado y que ha sido la designada para celebrar, a partir de ahora, la festividad del Beato Juan Pablo II.

El pontificado de Karol Wojtyla duró 26 años y fue el tercero más largo en la historia de la Iglesia, después del de San Pedro, entre 34 y 37 años, y el de Pío IX,31 años. Un pontificado fructífero que comenzó a las seis y cuarto de la tarde del 16 de octubre de 1978, cuando el humo blanco de la chimenea de la Capilla Sixtina anunció la elección de un nuevo Pontífice: “un Papa para el mundo”.

Han pasado ya treinta y dos años y medio de aquella tarde otoñal romana, en la que se inició un nuevo estilo en el papado. Juan Pablo II inauguró su ministerio con aquellas palabras que todavía resuenan en nuestros oídos: “¡No tengáis miedo!. Abrid las puertas a Cristo de par en par. A su poder salvador se abren las fronteras de los Estados, de los sistemas económicos y políticos, los vastos campos de la cultura, la civilización y el desarrollo”. Y hoy esas palabras “no tengáis miedo” han vuelto a golpear con alegría nuestros oídos. Unas palabras que ha querido recoger el Papa Benedicto XVI en su homilía, durante la Eucaristía, de la Beatificación. Una homilía que ha sido una reafirmación de la Fe en la persona de Juan Pablo II, que además se ha producido en el primer día del mes mariano por excelencia. Ha sido la homilía de un pastor, Ratzinger, que no olivemos es un gran teólogo, en la que ha resaltado que “Karol Wojtyla ayudo, nos ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de la libertad”.

Esta es la gran herencia que nos dejó Juan Pablo II el “no tener miedo a la verdad”, y luchar por la libertad y la defensa de los derechos del hombre. El nuevo Beato fue una gran roca y a esa roca nos tenemos que dirigir todos, porque con su fortaleza nos está enseñando constantemente, y más en estos tiempos difíciles donde el relativismo se nos quiere imponer sobre todas las cosas, que “verdad y libertad” no pueden andar separadas.

Por todo ello, gracias Juan Pablo II. Gracias por todo lo que nos has ayudado y por todo lo que harás desde ahora. Hoy ha sido solo un milagro el que se ha presentado para tu subida a los altares, pero sabemos hay ya 215 hechos extraordinarios esperando para tu futura canonización. Gracias, de corazón, de este humilde periodista que tuvo la suerte de acompañarte en tantas ocasiones y al que has servido de ejemplo, Beato Juan Pablo II.