reseña
Barbara Ehrenreich: Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo
domingo 22 de mayo de 2011, 17:06h
Barbara Ehrenreich: Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo. Traducción de María Sierra. Turner. Madrid, 2011. 272 páginas. 20 €
En una época en la que si buscamos en Google “positive thinking” aparecen casi dos millones de entradas, la periodista estadounidense Barbara Ehrenreich se atreve a alzar una voz de protesta en contra de “la nueva tiranía del pensamiento positivo”. Doctora en Biología por la Universidad de Rockefeller (Nueva York), la autora se involucró muy pronto en política, convirtiéndose en activista por el cambio social y formando parte de la cúpula del Partido Socialdemócrata de América. Es además columnista habitual de varias revistas y periódicos como Time, The Guardian o New York Times.
El libro arranca recogiendo su experiencia tras ser diagnosticada de un cáncer de mama y verse arrastrada hacia la “cultura del lacito rosa”: cuanto más navegaba por las webs y más testimonios leía, más tenía la impresión de ser la única persona que se sentía rabiosa por tener la enfermedad y por los tratamientos. El pensamiento positivo parecía obligatorio en ese mundo del cáncer de pecho; hasta el punto de que, si alguien se sentía infeliz, tenía casi que disculparse. En sus investigaciones posteriores sobre esta “moda positiva”, asistió a diferentes reuniones y convenciones para indagar entre los asistentes y ponentes. Leyó éxitos editoriales como ¿Quién se ha llevado mi queso?, Los secretos de la mente millonaria, ¿Está lleno su cubo?, El secreto… y adquirió todo el material audiovisual relacionado. Además participó en foros, debates y programas de televisión.
Con toda la información recopilada, Ehrenreich escribirá este ensayo en el que nos muestra cómo alrededor del pensamiento positivo ha surgido toda una industria cuyo producto se llama “motivación”, que se vende a través de libros, CDs, DVDs, calendarios... y cuyo mercado no se limita –claro está– a los enfermos de cáncer, sino también al mundo de los trabajadores en paro, de los obreros y subempleados, de las amas de casa… y a un mercado mucho mayor y que gasta mucho más dinero: el de los negocios y las grandes empresas.
Los pensadores positivos han llegado a concebir un universo maravilloso en el que “los deseos se dan la mano con su encarnación”, vinculando el optimismo y la felicidad con todo tipo de consecuencias deseables para la salud y el trabajo. Y para conseguir una cierta credibilidad colectiva han ideado una “firme base científica” adaptando explicaciones de física cuántica, al considerar los pensamientos como vibraciones y ondas magnéticas. Y han logrado, además, que su mensaje sea divulgado desde el púlpito: la nueva teología positiva que se ofrece en las “megaiglesias” es la promesa de dinero, éxito y salud en esta vida, “ahora o dentro de muy poco”. También se han infiltrado en el campo de la Psicología con la “Ciencia de la Felicidad”, influyendo, sobre todo, en el sector de la motivación, dejando a un lado las terapias clásicas para dedicarse al coaching.
El problema es que el pensamiento positivo se cobra un tributo terrible: requiere que se nieguen una serie de sentimientos tan comprensibles como la ira y el miedo y hay que esforzarse mucho para mantener ese tono vital que todos esperan. Se ha convertido en una fuerza que nos anima a negar la realidad, a someternos con alegría a los infortunios, y a culparnos solo a nosotros mismos por lo que nos trae el destino. En fin, ¿cree usted que hay cierto efecto placebo en su vida proveniente del pensamiento positivo? ¿Por qué ha sido tan fácil el triunfo de esta nueva corriente del pensamiento?
Por Fernando Leblic